Este número reúne textos y discusiones del 53° congreso de Lutte Ouvrière, que se ha reunido a puerta cerrada en París, los 2 y 3 de diciembre de 2023.
Publicamos seis textos de orientación, que se han discutido y votado por los delegados :
Acabar con el caos capitalista, ¡derrocamiento revolucionario de la burguesía en quiebra!
Rusia, Ucrania y Europa del Este
África en la competencia imperialista
Estados Unidos en 2023
Situación interior
Una moción sobre las elecciones europeas
Estos textos, así como el texto “Oriente medio: la guerra permanente como condición para mantener la dominación imperialista” publicado ya en la Lutte de classe n° 235 (noviembre de 2023), han sido aprobado con unanimidad por los delegados, unos votos que reflejan la cohesión política de nuestra organización.
El congreso ha hecho un balance de nuestra actividad en el año transcurrido, de las cuentas de nuestro partido y de la difusión de nuestra prensa. También reproducimos fragmentos de las discusiones del congreso.
Por otra parte, el congreso ha escuchado las intervenciones de organizaciones hermanas de Lutte Ouvrière, en la Unión comunista internacionalista (trotskista), que militan en Martinica y en Guadalupe, en la isla de La Reunión, en Haïti, en Costa de Marfil, en Estados Unidos, en Turquía, en Alemania, Gran Bretaña y en Bélgica. Reproducimos fragmentos de sus intervenciones.
Finalmente, el congreso ha elegido los órganos de dirección de Lutte Ouvrière, su comité central y su comité ejecutivo.
3 de diciembre de 2023
Acabar con el caos capitalista, ¡derrocamiento revolucionario de la burguesía en quiebra!
Lo que está ocurriendo ahora ya no es, o no sólo, una de las crisis económicas que forman parte de las pulsaciones más o menos regulares de la economía capitalista, que incluso constituyen su única regulación interna.
Es una crisis profunda del capitalismo, testimonio de su putrefacción y, por lo mismo, de la incapacidad de la clase dominante para controlar la sociedad que domina.
Tras 18 meses de guerra en Ucrania, y otras desde el Cáucaso hasta África, ahora le toca el turno a Oriente Próximo, donde el incendio lleva humeando unas ocho décadas, para volver a encenderse. Campo de batalla de las potencias imperialistas por sus recursos petrolíferos y su importancia estratégica en una de las rutas comerciales internacionales más importantes, la región es también un auténtico polvorín social. La riqueza individual más extravagante se codea con la pobreza de la inmensa mayoría de la población. Es también donde se concentran todas las contradicciones del imperialismo y la quintaesencia de su política: enfrentar a unos pueblos contra otros, con la complicidad de las clases privilegiadas locales y sus dirigentes nacionalistas.
El período actual tiene muchos rasgos en común con el que inspiró el Programa de Transición de Trotsky. Decía: "La propia burguesía no ve salida" y "todos los partidos tradicionales del capital se encuentran en una situación de desconcierto que raya, a momentos, en la parálisis de la voluntad."
Hoy, algunos de los portavoces más cínicos o lúcidos de la burguesía expresan básicamente el mismo "desconcierto". Yeo Han-koo, ex ministro de Comercio de Corea del Sur, tras señalar que "se está formulando un nuevo orden económico", afirma que "esto conducirá a la incertidumbre y la imprevisibilidad".
Elon Musk, en su llamada a los inversores de Tesla, ofreció su solución a las incertidumbres: "Lo mejor que podemos hacer es tener fábricas en muchas partes del mundo". A esta constatación de las incertidumbres de la situación mundial se añade el extravagante cinismo de un hombre ultra rico que ni siquiera se preguntó si su solución era factible para sus compañeros capitalistas un poco menos ricos que él...
La burguesía cobra los beneficios extraídos de la explotación, pero no controla nada, "no ve salida". Conduce a ciegas. En tiempos normales, la sociedad capitalista en su edad senil ya está minada por profundas contradicciones, pero cuanto más se prolonga y profundiza la crisis, más aumentan estas contradicciones, incluso entre los aspectos económicos del imperialismo y sus aspectos militares. Es sorprendente ver hasta qué punto las potencias imperialistas, y Estados Unidos en particular, están hasta el cuello de contradicciones cuando se trata de sus relaciones con China. En el mismo momento en que los buques de guerra estadounidenses navegan a lo largo de la costa china y una guerra entre las dos mayores potencias militares del mundo está en boca de todos, el secretario de Comercio de Estados Unidos visita Pekín para declarar que es "extremadamente importante" que Estados Unidos y China mantengan "relaciones pacíficas".
El carácter contradictorio del desarrollo capitalista no es en realidad nada nuevo. Fue subrayado hace siglo y medio en el Programa Socialista de Kautsky: "Pero el modo de producción capitalista da lugar a las más extrañas contradicciones. [...] El comercio necesita la paz, pero la competencia crea la guerra. Si en cada país los capitalistas individuales y las clases se encuentran en un estado permanente de hostilidad, lo mismo ocurre entre los capitalistas y las clases capitalistas de las distintas naciones. Cada nación se esfuerza por ampliar el mercado de sus productos y expulsar a sus rivales. A medida que se desarrolla el comercio internacional y se hace más necesaria la paz universal, la competencia se hace más salvaje y mayores los peligros de conflicto entre las naciones.
Cuanto más íntimas se vuelven las relaciones internacionales, mayor es la demanda de aislamiento. Cuanto mayor es la necesidad de paz, mayor es la amenaza de guerra. Estas contradicciones, absurdas en apariencia, corresponden perfectamente al carácter del modo de producción capitalista. Ya están presentes en la simple producción de mercancías. Pero es la producción capitalista la que les confiere sus proporciones gigantescas y su carácter insoportable. Condona las tendencias belicistas al tiempo que hace indispensable la paz: ésta es sólo una de las muchas contradicciones que serán su perdición.”
La fase imperialista del desarrollo capitalista ha multiplicado y amplificado estas contradicciones, a las que la creciente financiarización de la economía mundial ha dado una inestabilidad permanente desde hace varias décadas.
En este contexto de crisis agravada y de guerra, es importante para nuestra organización volver a poner en el centro de nuestras intervenciones el objetivo fundamental de la corriente comunista revolucionaria del movimiento obrero: el derrocamiento de la organización capitalista de la sociedad mediante la revolución proletaria. Sólo en esta perspectiva tienen sentido revolucionario el Programa de Transición y sus diversas reivindicaciones en relación con el paro, el aumento del coste de la vida, pero también en relación con la amenaza de guerra. De lo contrario, es sindicalismo reformista o pacifismo vulgar.
Se trata de una actividad de propaganda, no de agitación. Su objetivo no es llamar a una lucha inminente, necesaria para cambiar la relación de fuerzas con la patronal y su gobierno. Más aún, no se trata de recetas tácticas para luchas que puedan estar en el horizonte. Hay que hacer propaganda constantemente. Es particularmente importante cuando la crisis del capitalismo atraviesa una fase tan aguda y perceptible como en este momento.
Las luchas masivas y explosivas no dependerán de nosotros, sino de la energía y el espíritu de lucha de la propia clase obrera. Debemos estar atentos al estado de ánimo de los trabajadores; nuestros camaradas deben estar lo suficientemente bien informados y vinculados a nuestra clase como para saber que una revolución puede partir de cosas tan nimias como gusanos en la carne servida a los marineros en el acorazado Potemkin, ¡pero no son nuestros discursos los que generan gusanos!
Hablar de luchas no debe sustituir a la propaganda revolucionaria, que depende de nosotros. Con todo lo que ello conlleva: reclutamiento, convencer a los que nos rodean, ganar simpatizantes, etc. En una palabra: construir el partido comunista revolucionario, sin el cual el resto es mera palabrería.
¿Por dónde va la guerra en Ucrania?
Después de 18 meses de enfrentamiento en Ucrania, ni Rusia ni Ucrania, incluso con el apoyo de la OTAN en términos de armamento, recursos financieros, diplomacia, etc., no parece probable que triunfen en un plazo previsible.
Al tomar la iniciativa de iniciar una guerra en respuesta a la presión imperialista, Putin fue el primero en engañarse a sí mismo pensando que Kiev caería muy rápidamente. Y ya vemos lo que pasó.
Después, la prensa, la televisión, etc. de todos los países de la OTAN tomaron el relevo triunfalista para hablar de la contraofensiva ucraniana. Una vez más, ¡se trataba de pura propaganda! En realidad, la línea del frente está bloqueada prácticamente en el mismo punto desde el final del invierno, y cada vez que el ejército ucraniano conquista una pequeña ciudad, el ejército ruso se apodera de la misma ciudad, o de otra...
Después de varios meses, la línea del frente se ha estabilizado claramente en Ucrania, sin que la coalición imperialista muestre una voluntad inmediata de utilizar medios susceptibles de transformar la guerra en curso en el primer acto de una inminente Tercera Guerra Mundial. Una "solución a la coreana" discutida en los círculos dirigentes estadounidenses podría significar detener la guerra mediante la firma de un armisticio, pero sin firmar un tratado de paz. Tendría la ventaja para la OTAN de preservar un foco de tensión y continuar la "contención" de la OTAN. "Rusia", dejando a Putin cantar victoria.
Por supuesto, no conocemos el peso de los que proponen este tipo de solución, pero en el caso de Corea, está en vigor desde el 27 de julio de 1953, es decir, ¡desde hace 70 años!
Hay que recordar que esta "solución" fue la forma jurídica bajo la cual Alemania permaneció dividida en dos bloques desde octubre de 1949 hasta noviembre de 1989, es decir, durante 40 años (Muro de Berlín, campos de minas que cortaban Alemania en dos, y otros encantos, que se nos presentaron entonces como consecuencia de la Guerra Fría).
Pero estamos viendo que el imperialismo no necesita la Guerra Fría para reinventar las mismas soluciones...
Agravamiento de la crisis de la economía capitalista
La propia guerra y las sanciones económicas no han mejorado la situación económica general.
Pero hay que ver desde qué punto de vista se habla. Mientras que el caos económico y militar añade un sinfín de perturbaciones a los circuitos económicos, desde el punto de vista de las clases sociales, las cosas son extremadamente simples: empobrecimiento de las clases explotadas, con todas las variaciones de la situación de los diferentes países (guerra o no guerra, hambruna o no hambruna, anarquía institucional o no anarquía institucional...); para la burguesía imperialista, ¡todo va bien! Se hacen fortunas, y no sólo los traficantes de armas.
Incluso las estadísticas del CEPII ( Centro de Estudios Prospectivos y de Información Internacional), extraídas de documentos oficiales del FMI, afirman:"Hemos asistido a una caída brutal y sin precedentes de los salarios reales del 3,2% en la zona euro entre 2020 y 2022, y del 1,4% en Estados Unidos". Del mismo modo que señalan que el repentino aumento de la inflación no se debe a los salarios, sino a los dividendos (una constatación también destacada por Les Echos).
Mientras que las víctimas de la guerra en Ucrania se cuentan por centenares de miles, mientras que ciudades enteras son bombardeadas, mientras que el flujo de refugiados procedentes de países pobres y/o en guerra sigue aumentando, las operaciones capitalistas siguen funcionando "as usual".
Nuevas fortunas se acumulan ante nuestros ojos, como la del recién llegado checo Kretinsky, que se enriqueció con las centrales eléctricas de carbón y compró cadenas de distribución como Casino, no sólo en Francia sino también en varios países europeos. Una fortuna de 9.000 millones de euros según la revista Forbes, "una isla en las Maldivas, dos yates, un castillo y una sede social francesa frente al Elíseo", añade Le Canard enchaîné.
Concentración del capital
En varios sectores económicos, se está produciendo un nuevo reparto de cartas entre las grandes empresas.
Con la llamada crisis de "sobreproducción" golpeando sobre todo a la industria manufacturera, no es de extrañar que las concentraciones más espectaculares se estén produciendo en el sector de los servicios logísticos. Un oligopolio de tres compañías de transporte marítimo de contenedores - CMA CGM, MSC y MAERSK - está en vías de apoderarse no sólo del transporte marítimo (puertos, muelles, buques y contenedores), sino también del transporte terrestre en África.
El trust italo-suizo MSC, líder mundial del transporte marítimo, acaba de gastar 5.700 millones de euros en la compra de las actividades logísticas africanas del grupo Bolloré, deshaciéndose así de un competidor muy presente en África.
Los dirigentes y accionistas de este trust deben de haberse basado en la observación descrita por Le Monde (29 de agosto de 2023): "En los relucientes centros comerciales de Abiyán o Nairobi, hipermercados de estanterías impecables ofrecen decenas de productos con sello de origen occidental o emiratí", para fijarse como objetivo, según un representante de uno de los tres trusts, poder transportar un producto de Ámsterdam a Uagadugú.
Por muy pobre que sea la inmensa mayoría de la población africana, la corrupción y el nepotismo hacen que haya una pequeña minoría que puede pagar, ¡y no sólo la familia Bongo!
El proceso de utilizar la logística para hacerse con el control de todo un sector económico no es nuevo en la historia de las grandes empresas capitalistas. Fue utilizado a principios de la era imperialista por un Rockefeller que, para hacerse con la producción de petróleo, no se andaba con chiquitas adquiriendo los numerosos pozos petrolíferos que, a principios del siglo XX, salpicaban Texas y Pensilvania. En cambio, fue a traves del transporte de petroleo por ferrocarril cisterna y luego por oleoducto como construyo el primer y mas poderoso trust petrolero, del que surgio notablemente la empresa Exxon...
Pero la novedad de lo que Le Monde llama "los armadores a la conquista de África" es que lo que Rockefeller hizo al principio de la era imperialista en suelo americano, el oligopolio MSC - MAERSK - CMA CGM lo reproduce en el continente más pobre. Con todo lo que ello implica de mezcla de las técnicas más modernas con el atraso de las infraestructuras africanas.
Por una parte, CMA CGM ha tomado una participación en el operador Eutelsat, para que los satélites de este último puedan optimizar el encaminamiento de los 580 portacontenedores del trust desde un único centro en Marsella. En cambio, para la parte del trayecto entre los puertos de Abiyán o San Pedro (ambos en Costa de Marfil y controlados por MSC) y Uagadugú, el trust pretende recurrir a la intermediación de miríadas de pequeños transportistas por carretera, que son los únicos capaces de circular por carreteras bacheadas y cambiar de ruta en función de los obstáculos y las condiciones meteorológicas: roderas, lluvia, polvo, etc.
Es una contradicción más del funcionamiento de la economía en esta época de imperialismo decadente.
Trastocamiento del equilibrio de poder entre grupos y naciones imperialistas
La guerra en Ucrania, las sanciones estadounidenses contra Rusia y la consiguiente interrupción de los circuitos productivos han exacerbado la competencia y la rivalidad entre las empresas capitalistas y, en la misma medida, entre las naciones capitalistas.
Rusia, enemigo declarado de la OTAN, ha sufrido las repercusiones de las sanciones de esta última. Estos efectos son difíciles de medir, dado que los canales de venta de petróleo y, sobre todo, de gas, que representan la mayor parte de los ingresos rusos por exportación, han encontrado otras formas de llegar a antiguos o nuevos clientes.
La prensa económica ha señalado cómo India se ha convertido en un gran exportador de gas, comprando gas a Rusia desafiando las sanciones occidentales. Según Les Echos, así es como el magnate indio Gautam Adani se ha convertido en el "tercer hombre más rico del mundo".
No está claro hasta qué punto Rusia ha recuperado sus ingresos por exportaciones de gas y petróleo. Lo que sí sabemos es que la guerra y la política de sanciones han debilitado gravemente la economía alemana, esta vez en su rivalidad con las demás potencias imperialistas, principalmente Estados Unidos.
Durante mucho tiempo, la base del éxito económico de Alemania fue el tríptico: beneficiarse del gas ruso en condiciones privilegiadas; estar bien implantado en el vasto mercado chino, donde los capitalistas alemanes han tomado la delantera a sus competidores; y utilizar la mano de obra de su hinterland tradicional en Europa del Este. Una combinación ganadora que fue derribada en pleno vuelo por la guerra de Ucrania y, sobre todo, ¡por las sanciones estadounidenses!
El cambio que esto ha provocado en el equilibrio de poder económico entre Estados Unidos y Alemania ha perjudicado a Alemania tanto como a Rusia, si no más.
El 24 de agosto, Le Monde dedicaba una página entera a lo que llamaba "la gran duda económica de Alemania", título que completaba con "El país en probable recesión en 2023 descubre, desmoralizado, las fragilidades del made in Germany".
En el cuerpo del artículo, cita a su colega, el semanario alemán Die Zeit (3 de agosto): El "made in Germany, se acabó".
Una tercera publicación, Die Welt, hizo lo propio unos días después: "El éxito de Estados Unidos es el declive de Alemania".
Y el artículo pasa a dar los detalles: "La producción industrial ha bajado y la construcción está en caída libre debido al aumento de los tipos de interés y al alto coste de las materias primas. En cuanto a la industria automovilística, se enfrenta a una competencia de los vehículos eléctricos mucho más agresiva de lo esperado".
La revista británica The Economist se pregunta si "Alemania se ha convertido en el enfermo de Europa".
En cuanto a las tasas de crecimiento, el FMI sitúa a Alemania en el último lugar entre las principales economías, por detrás de Estados Unidos, Italia y Francia.
Sin embargo, Alemania es la primera potencia imperialista de Europa. Un país cuya economía impulsó la Unión Europea y le sirvió de modelo. En otras palabras, el cambio en la relación de fuerzas entre el imperialismo estadounidense y el imperialismo alemán está conduciendo a un cambio más grave en la relación de fuerzas entre Estados Unidos y la Unión Europea. Tanto más cuanto que la Unión Europea no está verdaderamente unificada, sino que es un conglomerado de 27 Estados, algunos de cuyos intereses coinciden con los de sus vecinos, pero otros son diferentes, o incluso completamente opuestos. Frente a Estados Unidos, e incluso frente a China, la Unión Europea tira del carro.
El debilitamiento de la industria alemana significará inevitablemente mayores dificultades para sus subcontratistas en Europa del Este, gran parte de las antiguas Democracias Populares.
En el pasado reciente, la Alemania imperialista debió gran parte de su prosperidad a la mano de obra barata pero cualificada que encontró en Polonia, la República Checa, Hungría, Eslovaquia, etc. y, incluso, por extensión, Ucrania.
Desde luego, no fue la única potencia imperialista que se benefició de esta ventaja, como demuestra el hecho de que junto a Audi, Volkswagen, BMW, etc., haya fábricas en Europa del Este que pertenecen a PSA y Renault, o que trabajan para ellas. Sin embargo, al mismo tiempo, las inversiones interesadas de las multinacionales occidentales y japonesas han creado más puestos de trabajo en estos países. Incluso Ucrania, aunque no es miembro de la Unión Europea, se ha beneficiado de las consecuencias.
Las fábricas polacas, por ejemplo, financiadas por capital alemán, empleaban a trabajadores ucranianos que cobraban incluso menos que los polacos.
Hay que recordar que la integración de los países de Europa del Este en la Unión Europea no puso fin a la relación de subordinación entre los países imperialistas y los países menos poderosos o semidesarrollados de Europa del Este.
Confiar en la "soberanía nacional" para protegerse del imperialismo es, citando a Trotsky, "en el pleno sentido de la palabra, una tarea reaccionaria", y añadió "un socialismo que predica la defensa nacional es el de la pequeña burguesía reaccionaria al servicio del capitalismo en decadencia".
En La IV Internacional y la guerra, escrito en 1934, Trotsky afirmaba: "No atarse en tiempo de guerra al Estado nacional, seguir el mapa no de la guerra sino de la lucha de clases, sólo es posible para un partido que ya ha declarado la guerra inexpiable al Estado nacional en tiempo de paz. Sólo comprendiendo plenamente el papel objetivamente reaccionario del Estado imperialista puede la vanguardia proletaria inmunizarse contra todo tipo de socialpatriotismo. Esto significa que una ruptura real con la ideología y la política de la defensa nacional sólo es posible desde el punto de vista de la revolución proletaria internacional."
« Sobre la lenta fragmentación de la economía mundial »
"¿Estamos ante el comienzo de la desglobalización?", se pregunta la OMC, para constatar que no es así, aunque la parte del comercio en el PIB mundial se haya estancado en los últimos quince años. Sin embargo, hay una tendencia: la parte de la industria en el PIB mundial disminuye, mientras que la de los servicios aumenta.
Sobre todo, los conflictos y, más en general, la geopolítica interfieren con la economía.
Por decirlo claramente, lo que los economistas llaman "cadenas de valor" tienden a moverse preferentemente entre países vinculados política y militarmente, antes que arriesgarse a interrupciones incluso momentáneas como consecuencia de un conflicto.
Le Monde del 14 de septiembre resume las formas más recientes de proteccionismo que se suman a las antiguas: derechos de aduana, cuotas de importación y exportación. Además de la introducción de nuevas normas técnicas, se han adoptado diversas medidas de represalia en respuesta a las medidas proteccionistas adoptadas por la parte contraria. Pero la forma preferida de proteccionismo para las principales potencias imperialistas, las que pueden permitírselo, son simplemente las subvenciones estatales.
Los Estados Unidos constituyen un ejemplo reciente la Inflation Reduction Act (IRA). La IRA, es decir, los miles de millones prometidos a todos los grupos capitalistas, estadounidenses o no, que aceptaran abrir fábricas en Estados Unidos, tuvo el efecto casi inmediato de relanzar la competencia mundial entre las potencias imperialistas, canalizando cantidades sin precedentes de dinero público hacia la empresa privada.
Los gobiernos alemán, francés y británico se lanzaron a la lucha.
¿Cómo no darse cuenta de que la mayoría de estas subvenciones se conceden a grupos capitalistas en nombre de la ecología o de las necesidades de la transición climática? Y, sin embargo, la propia vida cotidiana, con su sucesión de incendios e inundaciones, es testigo del agravamiento del desastre ecológico. El título de las subvenciones es convertir el mundo en verde. Incluso cuando esta afirmación parece descaradamente cínica. Tanto es así que (Les Echos, 16-17 de junio): "El Banco Mundial propone examinar las subvenciones perjudiciales para el medio ambiente que conceden los gobiernos de todo el mundo a los combustibles fósiles, la agricultura y la pesca.” "Insta a los gobiernos a reorientar las subvenciones a los combustibles fósiles, la agricultura y la pesca, que a menudo son perjudiciales para el medio ambiente. Se calcula que las subvenciones explícitas e implícitas superan los 7 billones de dólares anuales.” El director gerente del Banco Mundial lo expresa de forma eufemística: "Si pudiéramos reutilizar los billones de dólares gastados en subvenciones inútiles para fines mejores y más ecológicos, podríamos hacer frente a muchos de los retos más acuciantes del mundo".
Creciente fusión entre el Estado y el gran capital en beneficio de este último
Sin embargo, estas numerosas iniciativas proteccionistas en los distintos países imperialistas reflejan una tendencia más general que parece ser una de las características del imperialismo de nuestro tiempo. Los Estados desempeñan un papel cada vez más importante en la financiación de las empresas de la economía imperialista, hasta el punto de que ciertas industrias ni siquiera habrían podido existir sin la participación del Estado en sus inicios.
En sentido estricto, no se trata de un fenómeno nuevo. En los inicios de muchas de las grandes empresas industriales del pasado, el Estado desempeñó un papel importante, incluso dominante. Pero este estatismo capitalista está adquiriendo proporciones cada vez mayores. En cierta medida, el capital privado se está fusionando con el capital estatal en la realización de las inversiones. Lo único que sigue siendo privado son los beneficios resultantes y las fortunas de los propietarios de grandes cantidades de capital.
Esto no impide que los portavoces de la gran burguesía occidental o sus economistas critiquen a China por lanzarse a una carrera de subvenciones y distorsionar la competencia internacional mediante una amplia intervención estatal.
Pero hay en estas críticas una convergencia involuntaria con la observación de Marx de que son las propias leyes de la economía capitalista las que empujan hacia la centralización, la interdependencia, la globalización y la necesidad de planificación. En definitiva, son las mismas leyes económicas fundamentales del capitalismo las que lo empujan hacia formas cada vez más parasitarias, pero también hacia la necesidad de la reorganización socialista de la economía.
Hace más de un siglo, Lenin observó en El imperialismo, fase suprema del capitalismo, que el prototipo de la gran burguesía en la era del imperialismo estaba representado por rentistas, "cortadores de cupones", y en absoluto por los capitanes de la industria de la fase ascendente del capitalismo.
La literatura marxista ha hecho a menudo la comparación con la decadencia del feudalismo, cuando los señores ya habían perdido su poder político y militar y estaban encerrados en el gueto dorado de Versalles...
La financiarización de la economía capitalista mundial hace más fácil y al mismo tiempo más imprevisible la circulación de capitales. Del mismo modo que hace más fácil y más brutal la especulación que ello conlleva. Los capitales que se desplazan pueden hacerlo tanto en busca de inversiones más rentables, como para aprovechar oportunidades especulativas, como la especulación inmobiliaria o la especulación sobre los tipos de cambio.
Más allá del cambiante equilibrio de poder entre las distintas potencias imperialistas, la especulación es una amenaza constante para el sistema financiero mundial.
Como en los anteriores cracks y otras crisis financieras, que se han producido casi todos los años desde 1971 y el fin de la convertibilidad del dólar -la crisis de la deuda de los países pobres (1982), la burbuja especulativa japonesa (1989), la crisis mexicana (1994), la crisis asiática (1997), la crisis argentina (2001), etc., y sobre todo la principal de 2008-2009-, el remedio de hoy está en la raíz de la enfermedad de mañana. Mientras se hace frente a la crisis actual inyectando dinero, valores, etc. en la masa monetaria, ésta crece y abre aún más la puerta a la especulación.
¿Destronar al dólar?
El número de octubre de El Mundo diplomático se abre con el siguiente titular: "De la cumbre de los BRICS a la del G20. Cuando el Sur se afirma". La publicación ve en la ampliación de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) a media docena de países más "la voluntad de los países emergentes de trabajar para reorganizar el sistema internacional. Se trata de un gran paso hacia el reequilibrio del planeta, que requerirá muchos más". Lo que nos lleva a otra pregunta recurrente: "¿Serán capaces los BRICS de crear otro sistema monetario internacional capaz de competir con el basado en el dólar?”
Incluso hoy en día, aunque ya se utilizan varias monedas nacionales en el comercio internacional (libra esterlina, franco suizo, yen, yuan, etc.) y aunque la propia guerra de Ucrania y las sanciones impuestas por Estados Unidos han propiciado el uso de monedas distintas del dólar en el comercio internacional, la divisa estadounidense sigue dominando.
Le Figaro del 6 de septiembre recuerda que los BRICS, que han pasado de cuatro (Brasil, Rusia, India y China) a once este año, "representan el 45% de la población mundial y el 30% del PIB mundial". Sin embargo, el titular del artículo afirma: "El rey del dólar no será destronado a corto plazo". Y aunque el diario constata: "Una cifra parece confirmar la tendencia a la desdolarización: el billete verde sólo representa actualmente el 58% de las reservas de los bancos centrales del mundo, frente al 70% a principios de siglo", también señala: "Aunque el billete verde ha perdido terreno como moneda de reserva, ninguna otra divisa puede pretender haberlo conquistado" porque su dominio "se basa en la profundidad de los mercados monetarios y de obligaciones estadounidenses, un refugio sin igual para los ahorros del mundo". "Sigue representando el 40% de la emisión de deuda y del comercio mundial".
El dólar no será sustituido por otra moneda internacional a corto plazo. Por la buena razón de que ya se plantea una pregunta: ¿quién podría arbitrar entre la docena de Estados más o menos desarrollados, con sus intereses diferentes y a menudo contradictorios? Y, sobre todo, porque en el reino de los ciegos, los tuertos son los reyes. Desde que el 15 de agosto de 1971 el Presidente de Estados Unidos anunció que el dólar dejaría de ser convertible en oro, poniendo fin al sistema monetario internacional de Bretton Wood, el dólar está en el mismo barco que todas las demás monedas de papel. La única diferencia es que se basa en el peso económico y el poder militar y político del imperialismo más poderoso, que inspira la confianza necesaria para atraer capitales en los periodos más inestables del capitalismo.
La única promesa de las monedas susceptibles de competir con el dólar es la multiplicación y amplificación de la especulación monetaria.
¿Las relaciones contradictorias entre el imperialismo estadounidense y China?
Es en las relaciones entre el imperialismo estadounidense y China donde los aspectos económicos y militares son claramente más contradictorios.
El imperialismo estadounidense tiene a China en el punto de mira desde que Mao Zedong llegó al poder en 1948-1949. A pesar de los numerosos vínculos que se han ido forjando a lo largo de los años entre las economías de ambos países, las tensiones militares y diplomáticas, especialmente en torno a Taiwán, van en aumento. Tanto es así que resulta difícil predecir si la amenaza de una guerra a gran escala enfrentará a Estados Unidos principalmente con Rusia o con China.
Pero al mismo tiempo, en términos económicos, las economías estadounidense y china están entrelazadas, y una disociación sería catastrófica.
En mayo, un artículo de la publicación estadounidense Foreign Affairs titulaba: " Las relaciones económicas entre Estados Unidos y China evolucionan, pero no desaparecen". El propósito de este artículo era expresar la preocupación de la alta burguesía estadounidense y describir los esfuerzos de la administración Biden para disipar esta preocupación. Cita a un asesor de seguridad nacional estadounidense asesor para afirmar que Estados Unidos está "a favor de la reducción de riesgos, pero no de la desvinculación", y para insistir en que "los controles estadounidenses de las exportaciones seguirían muy centrados en las tecnologías susceptibles de inclinar la balanza militar".
La misma revista citaba a la Secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, quien una semana antes había declarado que Estados Unidos no pretendía desvincularse de China, algo que, en su opinión, sería "desastroso" y "desestabilizador para el mundo".
La revista afirma, con pruebas de apoyo: "Hasta ahora no se ha producido ninguna disociación. Por ejemplo, aunque la inversión directa en ambas direcciones ha caído, el comercio de mercancías entre Estados Unidos y China alcanzó el año pasado la cifra récord de 690.000 millones de dólares"..... [...] "China sigue siendo el tercer socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá y México". "La realidad es que, para muchas empresas, el mercado chino es demasiado grande y valioso como para abandonarlo, a pesar de los riesgos geopolíticos. China representa una quinta parte del PIB mundial y tiene 900 millones de consumidores. Su combinación única de inversión en infraestructuras, capital humano y ecosistema de proveedores la ha convertido en una potencia manufacturera."
Así pues, se trata sobre todo de medidas puntuales para una serie de productos estratégicos (ciertos tipos de microchip, por ejemplo). Pero la revista estadounidense añade: "Muchos analistas dudan de que un enfoque selectivo de la reducción de riesgos pueda tener éxito", para dar una razón previsible: "Dónde se produzcan los chips en el futuro dependerá más de las demandas de los grandes compradores privados que de la política gubernamental".
Es por esta misma razón -que son los capitalistas privados quienes toman las decisiones- por la que nos encontramos en la absurda situación actual, en la que es una empresa taiwanesa la que fabrica casi dos tercios de los chips de gama alta del mundo.
Dirigir la lucha de clases del proletariado hacia la victoria
En el momento actual, cuando la amenaza de una generalización de la guerra se hace tangible más allá de las filas de los comunistas revolucionarios, todos los partidos de la burguesía tienen en común defender, implícita o explícitamente, la idea de que la guerra suspende o detiene la lucha de clases.
Debemos llevar a cabo nuestra propaganda en oposición a esta idea. El mismo principio nos animará en el caso de que la guerra se generalice de tal manera que afecte directamente a los países en los que actúa nuestro movimiento.
Dejaremos a los anarquistas que teoricen sobre las reacciones individuales o que aboguen por la deserción.
Si nuestra clase, habiendo sido incapaz de impedir la guerra, es movilizada, nuestros militantes participarán en ella, como toda nuestra clase. Incluso en uniforme, no sólo seguiremos defendiendo nuestras ideas, las ideas de la lucha de clases, sino que tendremos que ganarnos a otros soldados, nuestros compañeros; de forma individual y clandestina mientras no sea posible de otro modo; en contingentes enteros cuando sea posible gracias al ascenso revolucionario. Tendremos que negarnos a huir de la guerra y desertar. No nos contentaremos con exigir la paz, sino que tendremos que llevar la lucha de clases al ejército. Fue este programa de Lenin y del Partido Bolchevique el que condujo a la clase obrera a la conquista del poder.
13 de octubre de 2023
Rusia, Ucrania y Europa del Este
La guerra y las contradicciones de un mundo dominado por el imperialismo
El conflicto que asola Ucrania desde hace más de un año y medio no tiene precedentes, por la amplitud de las fuerzas implicadas, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. A través de Ucrania, enfrenta a Rusia con la OTAN, un formidable bloque militar dirigido por las principales potencias imperialistas. Este hecho por sí solo confiere a esta guerra una gran importancia internacional.
Aunque esta guerra comenzó formalmente con la invasión rusa el 24 de febrero de 2022, ya tiene una larga historia detrás. Se remonta al menos a febrero de 2014, a los " eventos del Maïdan " en Kiev. El rechazo de la población a un gobierno corrupto presentado como prorruso fue utilizado por las fuerzas prooccidentales en el aparato del Estado, en la cúpula de la burocracia y entre los oligarcas de Ucrania, y tuvo con resultado de que el régimen, rompiendo sus lazos políticos con Moscú, se echó en brazos de las potencias occidentales.
Este giro de Ucrania, que había sido la segunda mayor república soviética en términos de población, industria y bases navales, fue un paso decisivo en la determinación del imperialismo, constante desde el final de la URSS, de empujar a Rusia cada vez más lejos de su esfera de influencia. La coronación de este objetivo fue separar de Rusia de una Ucrania con la que, además de la lengua y numerosos vínculos humanos, le unía una historia compartida durante siglos y una economía que sigue estando en gran medida entrelazada.
El Kremlin respondió a este giro con la anexión de Crimea y fomentó la secesión de las regiones industriales rusoparlantes del este de Ucrania. Esto no podía conducir a otra cosa que la guerra en el Donbass en 2014-2015 y, en última instancia, su extensión a todo el país.
Patrocinados por París y Berlín, los acuerdos de Minsk entre Rusia y Ucrania no pretendían llegar a una solución del conflicto, imposible en cualquier caso tal y como estaban las cosas. Su objetivo -como reconoció hace unos meses la ex canciller Angela Merkel- era mantener en vilo al Kremlin mientras la OTAN armaba masivamente a su ahora aliado ucraniano.
Debido a su carácter internacional desde el principio, y por el peso de los beligerantes en la escena mundial, esta guerra, producto de las contradicciones que asolan un mundo dominado por el imperialismo, actúa también como potenciador de esas mismas contradicciones y revela otras hasta entonces invisibles.
Esto puede verse tanto a nivel internacional como nacional, en Rusia y Ucrania, pero también dentro del propio campo de la OTAN, entre aliados que siguen siendo rivales porque cada uno defiende intereses a menudo opuestos, los de su propia burguesía.
Esto también puede observarse en la rivalidad entre los aliados de la OTAN para positionarse en Ucrania y sus vecinos, con el fin de venderles armas y firmar contratos con estos países para establecer fábricas de armamento.
Por eso Lecornu, el ministro de Defensa francés, afirma que este conflicto ofrece "oportunidades para la industria de armamento francesa". Probablemente ofrece aún más oportunidades para el "aliado" de Estados Unidos: como proveedor de la mitad de la ayuda militar de Occidente a Ucrania, está en buena posición para consueguir tierras y empresas en la propia Ucrania, y no sólo allí. Con sus derechos exclusivos sobre los enormes pedidos militares de Polonia, Estados Unidos dispone de una ventaja formidable con el que desafiar a Alemania por la influencia política y económica en su hinterland centroeuropeo.
Con la guerra de Ucrania como telón de fondo, este otoño también se ha puesto de manifiesto el choque de intereses entre algunos de los países "más pequeños" de la Unión Europea y los "más grandes".
A principios de 2023, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Polonia y Eslovaquia obtuvieron permiso de Bruselas para suspender la exportación de productos agrícolas ucranianos que atravesaran sus países por ferrocarril o carretera. Alegaban que estos productos, producidos por jornaleros ucranianos a los que se pagaba una miseria, eran tan baratos que expulsaban a sus "pequeños agricultores", incapaces de competir de la misma manera.
No es éste el lugar para discutir la magnitud real de la amenaza invocada, ni la demagogia nacionalista y electoralista de los gobiernos implicados. Pero el hecho es que, en septiembre, tres de ellos se negaron a cumplir la decisión de Bruselas de levantar el embargo a las exportaciones agrícolas ucranianas.
Además, Polonia y Eslovaquia han anunciado que, como medida de represalia, dejarán de suministrar armas a Ucrania (Hungría ya no lo hacía).De ahí los vituperios del presidente ucraniano acusando a su homólogo polaco de hacer el juego a Moscú, a pesar de que hace unos meses ambos celebraban en Varsovia la "amistad eterna" entre Polonia y Ucrania.
En cuanto a la disminución de las entregas de armas a Kiev anunciada por Polonia y Eslovaquia, no es necesario fingir, como hace Zelensky, que es obra de Moscú: Washington, al menos por razones vinculadas a las próximas elecciones presidenciales, utiliza sin duda a Varsovia como un pequeño telegrafista para decirle a Zelensky lo que Biden no puede o no quiere decirle en público.
Burócratas y oligarcas rusos
Esta guerra también pesa sobre Rusia en términos económicos, políticos, militares y humanos.
Por primera vez desde que Putin ascendió a la cima de la pirámide de mando burocrática a finales de 1999 y restableció cierto grado de eficacia -su famosa "vertical de poder"-, se encontró ante una situación en la que su aura de liderazgo, que la propaganda quería indiscutible, ya no le protegía tanto de las críticas.
Entre la población, esto se manifestó al principio de la invasión en protestas públicas contra la guerra y, de forma menos visible, en un rechazo bastante generalizado a aprobar un conflicto fratricida. El régimen hizo frente a las protestas con una represión sistemática, que sigue dirigiéndose contra cualquiera que cuestione la guerra, sus objetivos y sus consecuencias.
Pero, lo que es más preocupante para el régimen, es que se han oído voces discrepantes entre lo que en Rusia se conoce como "las élites", y sobre todo entre los oligarcas superricos.
Hace más de veinte años, Putin impuso un trato a los ricos magnates que habían puesto al país de rodillas saqueándolo y convirtiendo al Estado en su juguete: paguen sus impuestos, dejen de inmiscuirse en política y el gobierno les dejará hacer negocios. Desde entonces, salvo contadas excepciones, los oligarcas han cumplido su palabra.
Con el tiempo, habían prosperado y se habían multiplicado, forjando numerosos vínculos comerciales y de estilo de vida con el mundo occidental de la jet-set capitalista. Solo podían aspirar a que nada perturbara su dorada existencia de parásitos.
Pero con la anexión de Crimea en 2014, seguida de la invasión de Ucrania en 2022, se encontraron, al igual que una gran cantidad de dignatarios del régimen y altos burócratas, con sus activos congelados en bancos occidentales, ya no podían vender materias primas tan libremente a los cuatro rincones del mundo y, por último pero no menos importante, ya no podían navegar a su yate en Mónaco, organizar fastuosas fiestas en sus castillos en Francia o sus villas en la Toscana....
Educados por la experiencia (sobre todo la de Jodorkovski, antaño oligarca número 1 de Rusia, condenado a diez años de cárcel y a la confiscación de "su" petrolera por creer que podía ignorar las exigencias del Kremlin), los oligarcas actuales han evitado emprender acciones colectivas y sobre todo públicas contra la guerra. Varias decenas de ellos, que no habían tenido el suficiente cuidado, lo pagaron con su vida en pocos meses, víctimas de una oleada de suicidios más que sospechosa.
Por el momento, Navalny (en la cárcel) y Jodorkovski (exiliado en Londres) son los portavoces de las aspiraciones de una parte de la sociedad rusa a incorporarse más plenamente al redil del mundo imperialista. Todavía no es un movimiento político con relevos en la cúpula del Estado, un proyecto y un programa de restauración capitalista, pero lo prefigura.
Es en esta perspectiva en la que debemos considerar el miniputsch de Prigozhin del verano pasado. No es que realmente amenazara, y mucho menos sacudiera, al régimen. Pero, más allá de un intento que parecía condenado al fracaso porque sólo implicaba a una parte ínfima y marginal de las fuerzas armadas rusas, la marcha sobre Moscú de los blindados de Wagner sirvió para revelar las tensiones y fracturas dentro del régimen.
Porque el matón convertido en multimillonario Prigozhin había sido durante mucho tiempo cercano a Putin, y el Kremlin le había dado carta blanca para misiones militares en Siria, África y Ucrania. En cierto modo, era un pilar del régimen que había desertado. Y durante semanas había criticado a Putin y a su equipo por la forma en que estaban librando la guerra, en términos que tratando de encontrar el oído de la población cuando Prigozhin acusó al estado mayor de no alimentar a los soldados, de enviarlos desarmados a la muerte.
El hecho de que Jodorkovski llamara desde Londres al "pueblo ruso" para que apoyara a Prigogin no pudo surtir efecto. Pero sí mostró la posibilidad de una convergencia de protestas en la cúpula, basada en la fractura del aparato estatal en clanes rivales, con la aspiración de sectores de la oligarquía, e incluso de la burocracia, de sacudir el régimen actual, si no de deshacerse de él.
Una Rusia debilitada en su "exterior próximo"
La incapacidad del Kremlin para librar una guerra fulgurante, a pesar de la desproporción inicial de las fuerzas implicadas, y luego su empantanamiento en este conflicto, contribuyeron a debilitar la posición de Rusia en su "extranjero próximo": los países de la antigua URSS que mantienen vínculos económicos o de defensa con ella.
Ya en febrero de 2022, algunos de estos países se negaron a aprobar o incluso a desaprobar la intervención de Rusia en Ucrania. Este fue el caso de Kazajistán, donde las fuerzas especiales de Putin acababan de salvar al presidente Tokayev y a otros dirigentes de la burocracia kazaja, amenazados por un levantamiento obrero y popular que ponía en peligro los beneficios de las multinacionales, especialmente petroleras, establecidas en el país.
Este otoño se produjo otra consecuencia del enredo de Rusia en el atolladero ucraniano del antiguo Cáucaso soviético. Rusia llevaba décadas imponiéndose como "juez de paz" en regiones disputadas por varios Estados caucásicos, donde tiene tropas para mantener un cierto statu quo, pero no reaccionó ante el ataque relámpago de Azerbaiyán contra Nagorno Karabaj, situado en pleno territorio azerí pero poblado por armenios.
A mediados de septiembre, Azerbaiyán se sintió con fuerzas suficientes, armado por Turquía e Israel, para abalanzarse sobre Nagorno-Karabaj y vaciarlo de los 120.000 armenios que vivían allí. Con ello, Bakú "liquidaba" lo que consideraba un absceso creado durante la URSS de los años 90 que iba a tombar : la transformación en un Estado independiente de una región hasta entonces autónoma, pero que en principio pertenecía a Azerbaiyán.
Esta "limpieza étnica" tendrá consecuencias igualmente trágicas. Azerbaiyán también anunció que quiere unir su territorio a Najicheván, una provincia azerí encajada entre Armenia, Turquía e Irán. Esto supondría arrancar una porción de territorio a Armenia para crear un corredor, lo que provocaría nuevos enfrentamientos armados.
Con el debilitamiento y la retirada de Rusia como telón de fondo, se están forjando nuevas alianzas en el Cáucaso, y éstas están destinadas a ser bélicas. Entre Turquía, que quiere extender su influencia, y Azerbaiyán. Entre Estados Unidos y Armenia, donde se han implantado, como ya lo han hecho en la vecina Georgia ex soviética. Sin olvidar a Francia, que acaba de firmar un acuerdo de defensa y suministro de armas con Ereván.
Semejante política, llevada a cabo bajo la égida del imperialismo y en un contexto de rivalidades interimperialistas, no puede sino agravar la cuestión nacional, que sólo la Revolución de Octubre de 1917 trató de resolver de la manera más democrática para los numerosos pueblos que, desde hace siglos, viven en estrecha proximidad en esta región. Pero esto hará sin duda el negocio de los traficantes de armas franceses, estadounidenses, turcos, israelíes y otros, para quienes las guerras son las "oportunidades" que ensalza Lecornu.
Las sanciones occidentales y sus efectos
El 5 de octubre, en el Foro Internacional Valdai -el Davos de los pobres que se celebra en Rusia desde hace veinte años-, Putin declaró que las sanciones internacionales habían perjudicado menos que beneficiado a Rusia. Le obligaron a diversificar su economía para compensar los embargos y las perturbaciones comerciales.
Putin lleva diciendo esto desde 2014, cuando Estados Unidos y la Unión Europea decidieron las primeras sanciones contra Rusia, que había retomado Crimea. Esto forma parte de las acostumbradas rodomontadas del jefe de la burocracia rusa frente al imperialismo. Pero sus comentarios también reflejan el deseo de Putin, que busca la reelección como presidente el próximo marzo, de presentar un balance positivo de su "operación especial". "Operación especial". Al fin y al cabo, no le reportó la victoria relámpago de la que podía presumir y, veinte meses después, la población rusa es cada vez más consciente, como su hermana ucraniana, de que esta guerra no está a punto de terminar. Los dirigentes occidentales, y los generales estadounidenses en particular, lo confirman regularmente.
Dicho esto, los observadores señalan que Rusia resistió mejor de lo esperado a la presión ejercida sobre ella por la escalada bélica de la OTAN. El BERD (Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo) -creado en 1991 para facilitar la conversión al mercado de las ex-Democracias Populares y de la ex-URSS - anunció a principios de octubre que esperaba que el PIB de Rusia creciera un 1,5% este año, aunque inicialmente había previsto un descenso. Por el contrario, el BERD confirmó que esperaba que el PIB de Ucrania cayera un 30%.
Esta relativa resistencia de la economía rusa, a pesar de la guerra y de que sus exportaciones de gas y petróleo, y por tanto sus ingresos en divisas, sufrieron una fuerte contracción, se basa en una serie de factores. Rusia supo eludir algunos de los embargos que se le impusieron.También se debe a que, a pesar de la actitud belicista de sus gobiernos, las empresas europeas y estadounidenses, incluidas las multinacionales, no quisieron abandonar el mercado ruso ni los beneficios que obtienen de él. Además, la economía rusa, con sus gigantescas empresas controladas por el Estado en el complejo militar-industrial y el sector energético, estaba mejor equipada para hacer frente a las limitaciones materiales y humanas de la guerra.
Esto le dio una clara ventaja sobre la economía ucraniana. Por supuesto, la economía ucraniana ha quedado devastada por la guerra, con el 20% de su base industrial destruida o dañada; el 25% de su mano de obra emigró, huyó de las zonas de combate o fue movilizada; el 17,5% del país está ocupado, incluidas las regiones industriales y mineras. Pero incluso antes de esta guerra, ya llevaba años sufriendo el efecto destructivo de la eliminación de obstáculos a la penetración del capital occidental por parte del Estado ucraniano.
Guerra contra sus vecinos y su propia población
Sin embargo, los buenos resultados de la economía rusa son sólo relativos. Además del ejército regular, cientos de miles de soldados movilizados y contratados fueron enviados a Ucrania, a lo que hay que añadir la huida al extranjero de un millón de hombres que querían escapar de los reclutadores y que a menudo tenían un nivel de estudios superior. Tanto es así que, en julio, el 42% de las empresas declararon que les faltaba mano de obra.
Desde entonces, el fenómeno se agravó con la marcha de un gran número de migrantes que provenían de la Asia Central ex soviética y venían a trabajar en la construcción, los servicios y la industria. En primer lugar, porque están en el punto de mira de las autoridades militares, que les presionan para que se alisten a cambio de la promesa de un pasaporte ruso. En segundo lugar, porque ya no pueden enviar suficiente dinero a casa, ya que el rublo está cayendo en picado.
Esta caída del valor del rublo va acompañada de un aumento de la inflación, que el Banco Central intenta frenar subiendo constantemente su tipo de interés básico. Esto no sólo tiene un impacto negativo en la actividad económica, sino que también erosiona el poder adquisitivo de decenas de millones de asalariados y pensionistas, que ya se vieron afectados por el fuerte encarecimiento de todo lo que viene del extranjero, pero que ahora toma un costoso desvío a través de China, Turquía o la India.
A ciertas categorías de trabajadores, como los cuidadores, se les han hecho deducciones de sus salarios para "ayudar" al ejército. Y la Duma acaba de decidir el principio de una "contribución voluntaria" del 2% al esfuerzo de guerra para todos los funcionarios.
En un momento en que millones de rusos se hunden en la pobreza y en que un Registro Federal muy oficial indica que un millón de ellos son insolventes, el régimen quiere parecer que ataca a los especuladores de la guerra, en el mismo momento en que se muestra mimoso con los que tienen: altos burócratas y oligarcas. Nótese que el término ruso para funcionario, sinónimo de burócrata, está asociado a la corrupción, que está en pleno apogeo con la guerra.
En Ucrania, Zelensky no actua de otro modo cuando orquesta la destitución por corrupción de su Ministro de Defensa y de seis de sus viceministros, y lleva ante la justicia a ciertos oligarcas. Esto causó revuelo, pero no es la primera vez. Y es posible que, como en ocasiones anteriores, los tribunales absuelvan a los acusados o sólo les impongan multas irrisorias.
Las autoridades se dan cuenta de que existe un descontento generalizado dentro de la población, contra la corrupción a todos los niveles del régimen y contra las redadas de trabajadores y jóvenes en el trabajo, en la calle y en los transportes, para utilizarlos como carne de cañón. Así que, en un intento de comprar la paz social en un contexto de guerra, Kiev acaba de anunciar una subida salarial. En cualquier caso, siguen siendo miserables. No se parecen en nada a lo que ganan altos burócratas como el nuevo director de Ukrzaliznytsia (Ferrocarriles Ucranianos): un sueldo de 9 millones de jrivnias (234.500 euros) y "sólo" 5,6 millones de jrivnias para sus adjuntos y los siete miembros del consejo de administración.
El Kremlin, por su parte, "ofrece" contratos de enrolamiento por valor de tres veces el salario medio y paga indemnizaciones de unos 9.000 euros en caso de muerte en combate. Las regiones y los entornos más desfavorecidos deberian estar contentos con este "salario de miedo y muerte" para los soldados condenados a prueba. De esto habla Putin cuando, mientras repite que rechaza la idea de la movilización general, obliga a cientos de miles de hombres a acudir a los centros de reclutamiento para actualizar sus datos militares y civiles.
Regímenes antiobreros, cada uno a su manera
No debe sorprender, pues, que un centenar de esas oficinas de reclutamiento fueran incendiadas como atentados terroristas, cuyos autores, a menudo muy jóvenes, fueron condenados a años de cárcel cuando fueron capturados. Lo mismo puede decirse de los numerosos "atentados ferroviarios" (a veces tan simples como dejar un panfleto o una pancarta contra la guerra en las vías o cerca de ellas) que han sido registrados por los tribunales.
Puede que el régimen de Putin haya puesto fin a las manifestaciones contra la guerra que duraron semanas en febrero-marzo de 2022, y haya conseguido que algunos de los activistas de la oposición democrática se exilien para no ser detenidos, pero no ha conseguido frenar todas las formas de oposición, aunque sean individuales y estén sujetas a una rápida represión.
En cuanto al régimen de Zelensky, había prohibido las organizaciones de izquierda antes del comienzo de la guerra. Sigue reprimiendo todo lo que se reivindica comunista, socialista o clasista, e incluso se beneficia del reagrupamiento, sobre una base socialchovinista, de ciertas corrientes que se autodenominaban de extrema izquierda.
De hecho, a pesar de las diferencias cada vez más notables entre los regímenes ruso y ucraniano, ambos surgidos del molde de la burocracia post-estalinista, a pesar de que se encuentran en bandos opuestos, en el caso de Ucrania en el bando del imperialismo que lleva décadas oponiéndose a Rusia para expulsarla de su zona de influencia; a pesar de todo esto, Moscú y Kiev tienen una actitud fundamentalmente similar hacia sus poblaciones.
Mientras dicen defenderlos contra el bando contrario, los regímenes ruso y ucraniano están librando una guerra social contra su pueblo, intensificando una guerra de clases que no empezo en febrero de 2022. Opone a la clase obrera de estos países los herederos de la burocracia estalinista en la persona de altos burócratas y sus amigos oligarcas, los magnates industriales y financieros que construyeron sus fortunas saqueando la economía estatal cuando se derrumbó la URSS.
En Ucrania, a estos predadores se unen los capitalistas estadounidenses y de Europa Occidental, cuyo dominio sobre el país es cada vez mayor. Los gobiernos ruso y ucraniano defienden, cada uno a su manera, a las clases y capas sociales parasitarias que dominan su país y a un aparato estatal pronfondamente corrupto que encuentra en la guerra un nuevo y rápido medio de enriquecerse a costa de la población.
No se trata de tomar partido por uno u otro bando, como hacen a veces más o menos vergonzosamente ciertas corrientes de extrema izquierda, sino de defender en esta guerra los intereses de los trabajadores ucranianos y rusos, de la clase obrera internacional contra sus explotadores, sus opresores que vemos trabajar con sus generales en los campos de batalla, en la trastienda de las cancillerías diplomáticas y en las pantallas de televisión.
Es vital defender este programa en un momento en que las amenazas de guerras existen de un extremo a otro del planeta. Pero para defenderlo, la clase obrera necesita un partido comunista revolucionario, una Internacional digna de ese nombre, como lo fue la Internacional Comunista en tiempos de Lenin y Trotsky. Ni este partido ni esta Internacional existen. Ni en Rusia, ni en Ucrania, ni en ninguna otra parte. Para los militantes que quieren derribar el sistema imperialista y las dictaduras que pueden impugnarlo pero que son fundamentalmente cómplices de él, la tarea más urgente es ponerse a construir este partido y esta Internacional.
Trabajadores de todos los países, ¡uníos!
Los trabajadores no tenemos patria,
¡el principal enemigo está en nuestro propio país!
13 de octubre de 2023
África en la competencia imperialista
Los periodos de crisis y guerras que sacuden la sociedad, aun cuando no cambian la historia, suelen revelar movimientos tectónicos que actúan en lo más profundo de ella. Así sucede con el antiguo imperio colonial de la Francia imperialista. Golpes militares exitosos en Malí, Níger y Burkina Faso. Revolución de palacio en el Gabón, con Bongo derrocado por su guardia pretoriana. Y todo eso viene después de la brutal descomposición de los aparatos de Estado implementados por la antigua potencia colonial. La subida del fundamentalismo religioso islámico ya lo venía expresando, acompañada por la formación de bandas armadas en base a criterios étnicos.
No hace falta comentar el abyecto – e irrisorio – intento de los políticos franceses para presentarse como “defensores de la democracia” cuando toman posiciones en favor de los regímenes echados abajo. Ni tampoco recordar lo ridículo de Macron que entabló y perdió un pulso con la junta militar en el poder en Niamey, clamando su voluntad de salvar la “legitimidad constitucional” del presidente derrocado Mohamed Bazoum.
El recuerdo de décadas de opresión y saqueo colonial se ha sumado a los privilegios ostentosos y la corrupción de una pequeña capa dominante local, a la que la ex metrópoli confió la gestión de su interés político. El sentimiento de desconfianza u hostilidad, común entre la población, trae cierta simpatía para con los militares golpistas.
El imperialismo francés, a pesar de su presencia militar, es incapaz de detener esos golpes que están acabando con la “Franciáfrica”, una palabra hipócrita para referirse a la continuación de la dominación colonial bajo nuevas formas.
Es probable que siga el contagio, contribuyendo a desmembrar los Estados, y que éstos estallen siguiendo las líneas de las fracturas religiosas o étnicas, o ambas. Seguramente es el temor a que eso pase el que explica las dudas de la coalición militar montada por la Comunidad económica de Estados de África Occidental (Cedeao) a la hora de convertir su retórica bélica en intervención militar de verdad, a pesar de los ánimos por parte de los círculos dirigentes del imperialismo francés. Es Nigeria, el país más potente de la coalición, el que pagaría el precio más elevado en una intervención contra Níger y sus aliados actuales, Malí y Burkina Faso. Nigeria viene socavado por una verdadera guerra civil encubierta, con factores tanto religiosos como étnicos, y como tela de fondo, una inmensa pobreza de la población en uno de los países africanos más ricos en petróleo. No sin motivo se notan las reticencias de sus dirigentes, a pesar de las presiones imperialistas.
Hasta en Costa de Marfil, donde el presidente Ouattara hace de Matamoros alineado con París, la intervención contra Níger podría volver a encender los fuegos recién apagados de la guerra civil que en 2010-2011 sumió a la población en unos sangrientos enfrentamientos étnicos y cortó en dos el país, entre Norte y Sur. Una de las chispas fue entonces la rivalidad por la herencia del presidente Houphouët-Boigny. Los enfrentamientos causaron miles de muertes, y el regreso de la violencia etnicista volvió a amargar la vida de un pueblo entremezclado, en particular en Abiyán, donde se concentra la mayor parte de la clase trabajadora del país.
En los casos de Malí, Níger y Burkina Faso, los militares golpistas usan un lenguaje de hostilidad para con el imperialismo francés, o al menos con algunas de sus manifestaciones, para canalizar los sentimientos del pueblo en beneficio de su poder. No se puede descartar que el general Brice Oligui Nguema, a pesar de ser miembro del clan de Bongo y un producto típico de la Franciáfrica, termine recuperando elementos del discurso de sus colegas de Malí, de Burkina o de Níger, por los mismos motivos.
Este es el peligro que preocupa a los dirigentes políticos del imperialismo francés. ¿Un peligro real para la dominación del gran capital francés en sus ex colonias (o incluso para las redes de la llamada Franciáfrica)? No es seguro, ya que algunos de los poderes militares recientes, procedentes de una casta militar formada por los regímenes anteriores, siguen siendo frágiles. Ninguno está dispuesto, además, a armar una batalla contra el gran capital que domina su país y romper los contratos con él.
Es más: ¡no hay ningún peligro para el imperialismo en general! Porque lo que pone en jaque al imperialismo francés ofrece al mismo tiempo oportunidades para otras potencias imperialistas, en particular los Estados Unidos, quienes se interesan por los recursos mineros de los países citados.
Si bien África es el continente más pobre hablando de su población, en cuanto al subsuelo es todo lo contrario. El continente lleva las huellas de toda la historia del capitalismo, desde la deportación en esclavitud de buena parte de su población hasta el saqueo de las riquezas de su suelo y subsuelo por parte de multinacionales imperialistas.
El reparto de África en la Conferencia de Berlín en 1884 y el colonialismo no sólo aseguraban un control político de los imperialistas sobre los pueblos colonizados, sino también el control de cada potencia colonial sobre su zona, frente a la competencia.
Durante ocho décadas, el equilibrio encontrado en la Conferencia de Berlín sólo fue cuestionado en las guerras mundiales. El único resultado relevante fue la pérdida por parte de Alemania e Italia de todas sus colonias africanas.
La forma colonial de dominación acabó caducando. África sigue llevando en sus carnes las cicatrices de aquella época, que son ante todo las fronteras heredadas del colonialismo, las lenguas oficiales y la presencia en sus países de ejércitos imperialistas. El fin del colonialismo no supuso el fin del control imperialista en general, ni siquiera el fin de la rivalidad entre diversas potencias para preservar – y en su caso ampliar – su cuota.
La descolonización, que puso fin al sistema colonial, reflejó fundamentalmente la rebelión de los pueblos contra la opresión, o al menos la anticipación de esta rebelión por parte de las potencias coloniales.
Los imperialismos menos potentes, España y Portugal, fueron los últimos en abandonar porque la forma colonial era la única que les permitía resistir un poco en la competencia internacional. Fue el principal motivo, o quizás el único, por el que Portugal se quedó con Angola, Mozambique y Guinea-Bisáu. Lo mismo se puede decir de los territorios que le quedaban a España, y también de Bélgica en el Congo, donde le dejó paso a los Estados Unidos.
El imperialismo francés fue uno de cuantos se señalaron por el número y la ferocidad de sus guerras coloniales. La Francia imperialista, más débil que el imperialismo estadounidense pero más potente que España, Portugal y Bélgica, tenía los medios como para prolongar el África francesa con la Franciáfrica, es decir la subordinación de los políticos y militares en los aparatos de Estado supuestamente independientes, y en realidad seleccionados según su fidelidad a la ex metrópoli. El control francés era garantizado por la presencia de su ejército y el papel desempeñado por éste en la formación de los ejércitos nacionales (ejemplo de Camerún). Además, en cuanto al dinero, bastó simplemente con cambiar las palabras conservando las siglas del franco CFA, sustituyendo Colonia Francesa de África por Comunidad Financiera Africana.
No sin motivo el imperialismo estadounidense le tenía poco apego al colonialismo. En los años 1960, hasta se presentaba como anticolonialista, porque su potencia se basaba en la fuerza del capital, y le interesaba colocarse en los países nuevamente independientes.
Cuando la Conferencia de Berlín, aún no se conocía el medio de convertir el uranio en energía. Ni siquiera el petróleo tenía tanto valor como le dieron los coches térmicos y la “democratización” de su uso. Hoy día, el declive anunciado de los coches de gasolina conlleva el aumento de las necesidades de níquel, manganeso, tierras raras, etc.
Un documental difundido en 2013 Arte y titulado La guerra de la sombra en Sáhara ya señalaba la necesidad, o mejor dicho la inevitabilidad de una nueva conferencia de Berlín, es decir, un nuevo reparto de África…
La agravación de la crisis económica ha vuelto a agudizar la competencia por el control de los recursos ahora indispensables. Hace un siglo, el saqueo de África se hacía mediante el robo de los productos agrícolas ya existentes, tal y como la madera, o los impuestos con fuerza, como por ejemplo el cacahuete o el algodón. Más tarde se sumaron petróleo, hierro, bauxita, y ahora, manganeso, níquel…
Ya no lo llaman “guerras coloniales”. La rivalidad entre potencias imperialistas por preservar o ampliar sus respectivas zonas de influencia quizás no modifiquen el color de los mapas. Sin embargo, imponen a África un estado de guerra permanente. A veces son “sólo” enfrentamientos militares entre señores de la guerra locales, como en la República democrática del Congo (RDC, ex Zaire), a veces conflictos entre Estados (entre Zaire y Ruanda).
El debilitamiento de los aparatos de Estado creó una demanda nueva en África, a la que, entre otras bandas armadas privadas, el ejército de mercenarios de Prigozhin aporta una respuesta. Se basa en algo muy sencillo. En el momento de la descolonización, se implementaron aparatos estatales, fabricados de manera totalmente artificial. Al cabo de veinte o treinta años, la población perdió el entusiasmo inicialmente transmitido por la independencia, y sus esperanzas, incluso cuando ésta fue concedida por la metrópoli. Como resultado, los aparatos estatales se están desintegrando por todos lados. Algunos, como el de Somalia, por ejemplo, ya están totalmente fragmentados, como le pasó antes a Sudán. Libia y Sudán se están desmantelando. Sudán ya estuvo cortado en dos.
En otra parte del plantea, Haití muestra el ejemplo de un Estado desmembrándose, en medio de la miseria de la gran mayoría de la población. Una miseria de la que son responsables principalmente las dos potencias imperialistas involucradas en la región, Francia y EE.UU., siendo cómplice la minoría poseedora del propio país.
Esta minoría propietaria y sus representantes políticos (diputados, senadores, ministros, presidentes) llevan largo tiempo recurriendo a secuaces. Algunos los usan para apoyar a las bandas armadas oficiales del Estado y protegerlo contra las masas pobres; otros, contra sus rivales por el poder. A lo largo del tiempo, los esbirros han actuado por cuenta propia, hasta tal punto que hoy día, ni la clase dominante haitiana ni tampoco sus patrocinadores y protectores estadounidenses pueden controlarlos, y se han convertido en bandas criminales que aterrorizan a la población, roban, violan, secuestran y asesinan.
El país está ahora bajo el control de más de un centenar de bandas armadas que, al imponer su ley, han desarticulado el propio aparato del Estado. Para apoyar a la policía, socavada e impotente, la ONU prevé mandar tropas bajo el mando de una fuerza armada procedente de Kenia. De momento, no queda claro si lo van a hacer o no; ¿quién sabe si una intervención militar extranjera, en vez de neutralizar a las bandas, no les dará argumentos para presentarse como defensores del país contra una ocupación?
Las masas pobres de Haití han experimentado varias veces que no tienen nada que esperar por parte de los “protectores” imperialistas.
La fragmentación de Libia después de la muerte de Gadafi trajo consecuencias importantes en la región, y en particular en Malí, en Níger y en Burkina Faso, a los que se puede añadir Chad. En tiempos del poder de Gadafi, aspirando éste a liderar toda la región e incluso más allá de ella, respaldó, financió y armó buen número de grupos. Tras de su muerte, muchos de esos grupos, ya fuera de control, formaron bandas armadas con su juego propio, abanderando algunos el islamismo; otros, ambiciones más bien nacionales.
En el caso del Congo (RDC), puede que en el mapa parezca un solo país; en realidad, detrás de la fachada, se enfrentan varias bandas armadas rivales.
En tiempos de la URSS, la burocracia contribuyó a la estabilidad del mundo imperialista; ahora su heredera le hace el último favor de socorrer a los Estados africanos fallidos. Lo hace a cambio de finanzas para sus ejércitos privados y sus jefes, bajo forma de dinero, de oro u otros metales preciosos, y siempre a expensas de la población local.
Las acciones de las bandas armadas de Wagner no son la expresión de una nueva forma de imperialismo ruso, sino la expresión de un retorno al mercenarismo de la Edad Media en la era del capitalismo senil y del imperialismo.
Desde hace veinte años, las relaciones entre China y África se han desarrollado mucho, con intercambios de mercancías, inversiones y financiación.
La presencia de China se nota en particular en el ex imperio colonial francés. No sólo en las industrias petroleras y mineras, sino también en la construcción de infraestructura (puentes, carreteras, edificios públicos…).
Tanto es así que la expresión “Chináfrica” ha entrado en el vocabulario de muchos periodistas y economistas. Algunos de ellos sólo se limitan a copiar la expresión “Franciáfrica”. La diferencia es que mientras Franciáfrica sigue siendo el legado de la larga historia de dominación y saqueo colonial de Francia, no es en absoluto el caso de China.
Sobre la presencia militar de China en África – una sola base en Yibuti, la primera en el continente, desde 2017 – no se puede comparar con el número de bases permanentes de Francia.
China, el taller del mundo dominado por el imperialismo, está inundando África con sus productos de bajo coste. Los intercambios comerciales se han desarrollado de manera impresionante en las últimas dos décadas. En cuanto a la IED (inversión productiva), China sigue muy por detrás no sólo de Francia y el Reino Unido, sino incluso de los Países Bajos.
Esas diferencias señalan que, si bien las relaciones entre Francia y África siguen siendo de tipo imperialista incluso después de las independencias, no es el caso de China.
¿Quién se impondrá en las actuales rivalidades interimperialistas en África? ¿cómo y con qué materias primas? El imperialismo estadounidense lleva las de ganar, gracias a su poder financiero y económico, respaldado por una fuerte presencia militar. Cuando el mundo estaba dividido entre los dos bloques de la Guerra Fría, los Estados Unidos dejaban que el imperialismo francés hiciera las veces de gendarme en su ex imperio colonial, o incluso, en alguna que otra ocasión, en el de Bélgica, por ejemplo, cuando intervino en Kolwezi), y llevarse algunas ventajas. La guerra económica entre potencias imperialistas, incluso aliadas, exacerbada por la crisis, ha vuelto a barajar las cartas. Además, en estos momentos, Estados Unidos puede aprovecharse del descrédito de Francia. No son los únicos. Empresas extranjeras se disputan licencias para extraer uranio, cobre y zinc en Níger; manganeso y petróleo en Gabón; y oro en Burkina Faso.
La Francia imperialista no se dejará echar sin defenderse. Este es el propósito de tener sus tropas estacionadas permanentemente en Dakar, Yamena y Abiyán, y de pactar acuerdos militares con la mayor parte de las ex colonias francesas. Las operaciones militares tipo Barkhane cambiarán de nombre o de estrategia, pero seguirán produciéndose, quizás en colaboración con los estadounidenses o con otros.
Lo cierto es que las masas populares, explotadas, despojadas, oprimidas en el coto privado de la antigua potencia colonial, lo seguirán siendo si cambia el dueño del coto.
Algunas capitales africanas, como Brazzaville o Addis Abeba, se cubrieron en ocasiones con retratos de Marx, Engels o Lenin como muestra del apoyo diplomático o la ayuda financiera de Moscú al régimen en el poder. En el fondo, esto no cambió nada en aquel momento, salvo en lo que se refiere a la composición del personal político temporalmente en el poder.
La única disyuntiva que el futuro ofrece a las masas populares es entre seguir viviendo en la miseria en suelo africano bajo el yugo de potentados, militares o civiles, que han llegado al poder mediante elecciones o golpes militares (dependiendo siempre de la aristocracia imperialista de los burgueses), y jugarse la vida tratando de llegar a Europa. En su amplia mayoría, los que lo han conseguido no escaparán de su condición de proletarios, ni en África ni en Europa. No hay escapatoria al capitalismo. No hay otro camino hacia la emancipación que la revolución proletaria para derrocar este sistema.
Para ganar a los proletarios de África a esta perspectiva, no hay otro camino en África, en Europa ni en otras partes que el de construir un partido comunista revolucionario, y al mismo tiempo una nueva Internacional comunista revolucionaria, es decir, el partido mundial de la revolución proletaria.
Este partido, aquí y allá, sólo podrá nacer y crecer organizando una parte significativa del proletariado. El proletariado es una fracción más o menos minoritaria de la población en todos los países africanos; pero es de recordar que este era el caso en 1917 en Rusia, el único país en el que la clase trabajadora supo conquistar el poder y conservarlo durante cierto tiempo.
El partido sólo podrá surgir y desarrollarse en base a la independencia política no sólo respecto a quienes defienden el imperialismo, sino también respecto a la pequeña burguesía nacionalista, sea cual sea la forma que toma para actuar en el escenario político (variantes del panafricanismo de Nkumah, del anti-imperialismo de Amílcar Cabral o de Sankara…).
A pesar de su relativa debilidad en muchos países africanos en comparación con el campesinado y, cada vez más, en comparación con el subproletariado de los barrios de chabolas, el proletariado africano puede desempeñar un papel especialmente importante en el camino hacia la revolución social. Por muy sangriento que haya sido el pasado, y que sea el presente, el proletariado de origen africano forma parte del proletariado en Francia y en toda la Europa desarrollada e imperialista.
Las fuerzas y posibilidades de las clases obreras de África y de los países imperialistas de Europa occidental pueden y serán complementarias. Su destino es confluir en una misma revolución proletaria.
La revolución obrera en África, con el programa político del proletariado, tendrá ecos naturales entre el proletariado de los países imperialistas de Europa Occidental.
13 de octubre de 2023
Estados Unidos en 2023
La situación económica
Según los principales dirigentes estadounidenses, la economía estadounidense se encuentra en buena forma. La tasa oficial de desempleo se sitúa en el 3,8%, cifra que oculta que, para disgusto de los capitalistas, toda una parte de los trabajadores ya no está en el mercado laboral. Un indicador más fiable es la tasa de participación laboral, es decir, la relación entre el número de personas que trabajan y el número de personas en edad de trabajar. Del 67% a principios de los años 2000, esta tasa se sitúa ahora en el 62,8%, un nivel históricamente bajo, diez puntos por debajo del que prevalece en varios países europeos. Decenas de millones de personas se han retirado del mercado laboral, dejando incluso de registrarse como desempleados porque no tendrían derecho a prestaciones, y por tanto ya no se contabilizan en las estadísticas. Así, el nivel real de desempleo sería más bien del 25%, aunque sea una cifra hipotética.
Además, la economía está con respiración asistida. La Ley de Reducción de la Inflación [Inflation Reduction Act], adoptada en 2022 con el pretexto de combatir el calentamiento global y promover las “energías limpias”, estimada en 350.000 millones de euros en diez años, es en realidad un conjunto de medidas proteccionistas. Obliga a las empresas que quieran beneficiarse de ella a localizar la mayor parte de su producción en Estados Unidos, animando a las automovilísticas extranjeras, por ejemplo, a instalar sus fábricas en Estados Unidos más que en otros lugares.
La contrapartida de estas colosales subvenciones a las empresas es una deuda federal que ronda los 29.000 billones de euros, es decir, el 124% del PIB. Esta tasa ya había pasado del 67% en 2008 al 103% en 2017, por lo que no es nada nuevo que la economía estadounidense viva a crédito. Las agencias de calificación han rebajado la nota de Estados Unidos, y el riesgo de impago se plantea con regularidad. Aunque improbable, dadas sus consecuencias potencialmente catastróficas, el hecho de que la economía estadounidense viva a crédito es cada vez más evidente. La deuda privada (inmobiliaria, corporativa, de consumo, etc.) representa el 165% del PIB. Por ejemplo, 44 millones de personas tienen deudas estudiantiles por un total de 1.750 billones de dólares, el equivalente al PIB de Brasil.
Billonarios enriquecidos y una clase trabajadora pauperizada
Los beneficios de las grandes empresas siguen aumentando, con una media del 10% en 2022. Apple, Microsoft y Google han ganado incluso más dinero que las grandes petroleras. Desde la pandemia de Covid, la riqueza de los capitalistas se ha disparado. 735 billonarios poseen ahora más de 45.000 billones de dólares. La fortuna de Elon Musk (Tesla, Space X, Twitter/X), que ahora supera a sus rivales como el hombre más rico del mundo, se ha multiplicado por siete en tres años. Al mismo tiempo, la esperanza de vida, en su punto más bajo desde hace 20 años, ha caído a un nivel cercano al de Colombia o Cuba. Este declive ha afectado sobre todo a los trabajadores, al personal sanitario, a los Negros, a los Hispanos y a los más pobres en general. 120.000 personas mueren cada año por sobredosis, en la mayoría de los casos por opiáceos, que han sido vendidos ampliamente y a sabiendas por los grandes grupos farmacéuticos. Estados Unidos tiene una tasa de mortalidad materna diez veces superior a la de países comparables. Al mismo tiempo, a falta de una pensión adecuada, una proporción creciente de trabajadores mayores tiene que trabajar; el número de personas de 75 años o más obligadas a trabajar ha aumentado un 50% en diez años. Las grandes ciudades, sobre todo en la costa oeste, se ven desbordadas por el número de personas sin hogar, 50.000 por ejemplo en Los Ángeles, donde varios centenares han muerto por el calor extremo de los últimos veranos.
Los trabajadores siguen sufriendo la ofensiva capitalista. Todos los sectores del mundo laboral se ven afectados, como las fábricas de procesamiento de alimentos y de confección, donde el trabajo infantil está haciendo su reaparición. El ejemplo de la industria automovilística es elocuente. En 1970, empleaba a 1,5 millones de trabajadores, 900.000 de los cuales, todos sindicados, trabajaban para los Tres Grandes fabricantes de automóviles (Big 3), más 600.000 empleados de los proveedores de componentes, que a menudo también estaban sindicados. Hoy, los Tres Grandes (Ford, GM y Stellantis) emplean a sólo 145.000 personas. La producción de automóviles no ha disminuido, pero la productividad ha aumentado, los salarios y las prestaciones se han recortado, a menudo con el acuerdo del sindicato UAW, y toda una parte de la producción se ha subcontratado a empresas cuyos trabajadores, no sindicados, cobran mucho menos. Y los fabricantes de automóviles pretenden utilizar la transición a los vehículos eléctricos para degradar aún más las condiciones laborales. En 2019, General Motors vivió su primera huelga en 43 años. Aunque la huelga actual en las Tres Grandes está totalmente controlada por la burocracia sindical de la UAW y las posibilidades de una extensión a otros sectores del mundo laboral parecen limitadas, está siendo observada con interés por muchísimos trabajadores y demuestra que una fracción de la clase obrera estadounidense no permanece pasiva ante la guerra de clases de los capitalistas.
El imperialismo estadounidense en acción
Estados Unidos es el primer proveedor de ayuda militar a Ucrania (43.000 millones de dólares, frente a los 30.000 millones de todos los países europeos). Esta ayuda forma parte de una política agresiva contra Rusia y, más allá, contra China. No hay indicios de que este gasto esté ejerciendo presión sobre la economía del país. Estados Unidos no está enviando bolsas de dinero a Ucrania, la mayor parte de su apoyo se concreta en la compra de armas y municiones fabricadas por su industria de defensa (Lockheed Martin, General Dynamics, etc.): el material va a Ucrania, pero el dinero se queda en Estados Unidos. Mientras que la guerra encareció los hidrocarburos comprados por Alemania y las demás potencias europeas, en Estados Unidos impulsó la extracción de gas de esquisto. Como resultado, Estados Unidos se ha convertido en el primer proveedor de gas de Francia (25%) y también en su primer proveedor de petróleo. En otras palabras, mientras que la guerra de Ucrania debilita la economía alemana, no penaliza la economía estadounidense, la está beneficiando.
Detrás del enfrentamiento con Rusia se halla el enfrentamiento con China, ilustrado este año por las tensiones en torno a Taiwán. Las barreras aduaneras puestas bajo la administración Trump, y mantenidas por Biden, ¿han dado lugar a una reorganización de los intercambios? Es cierto que la parte correspondiente a China en las importaciones estadounidenses ha disminuido, pero sigue siendo elevada (16% en 2022), superior a la que tenía antes de la crisis de 2008. Además, varios países de los que Estados Unidos se abastece en mayor medida (Vietnam, Taiwán, Corea del Sur, etc.) están reforzando sus vínculos comerciales con China. En resumen, la reorganización de las cadenas de producción no puede hacerse por decreto, y la disociación de las economías estadounidense y china sigue siendo limitada.
Sin embargo, este entrelazamiento económico entre los dos países no excluye el riesgo de guerra; en 1914, Alemania y Gran Bretaña tenían economías igual de entrelazadas, antes de enfrentarse. Estados Unidos, donde la retórica antichina es la norma, refuerza sus alianzas con los vecinos de China, desde Japón, Corea del Sur y Taiwán en el norte hasta Australia en el sur, pasando por Filipinas, Singapur, Tailandia e India. Las maniobras militares se multiplican en Extremo Oriente y en el Pacífico, mientras que la guerra de Ucrania ofrece a Estados Unidos un campo de entrenamiento a gran escala para una posible confrontación con China.
8 de octubre de 2023
Situación interior
Mientras la guerra hace estragos en Ucrania y en Gaza, y que los periódicos más serios llegan a plantearse si la tercera guerra mundial habría empezado ya, los políticos franceses siguen con sus peleas de aparatos. Extrema derecha, derecha, mayoría, izquierda… todos los políticos se excitan, se insultan y se denigran. Pero ni el gobierno, ni los principales partidos de oposición son capaces de llevar una salida creíble a la evolución general catastrófica.
La opinión publica, si nos fijamos en las elecciones y las encuestas, evoluciona hacia la derecha y la extrema derecha, bajo la presión de las crisis interiores y exteriores. Crisis, explotada de manera sistemática en el sentido más reaccionario por los dirigentes políticos.
Cada atentado en el suelo francés conmueve, refuerza el miedo, las sospechas hacia los musulmanes y la inmigración, y la voluntad de replegarse en la comunidad nacional. Ha vuelto a suceder con el asesinato del profesor en un colegio de Arras, casi tres años después del de Samuel Paty. En junio pasado, la ejecución del joven Nahel por un policía en Nanterre ha tocado y provocado la ira de una parte de la juventud de los barrios obreros. Pero aquella ira resultó en tres noches de motines destructores y ha puesto esta juventud en el punto de mira.
Los acontecimientos internacionales operan en un mismo sentido reaccionario. “No hace falta importar el conflicto israelí-palestino en Francia”, repite el gobierno que, como siempre, apoyó sin condición a Israel. Y presenta las masacres cometidas por el Hamas en Israel como una continuación de los atentados del Bataclan (un sala de concierto en París, atentados del 13 de noviembre de 2015) o de Niza (en julio de 2016) para convencernos de que “estamos en guerra” (palabras de Macron en 2020). Mensaje que se telescopó con el asesinato del Dominique Bernard (el profesor de Arras) el 13 de octubre pasado, y con la guerra en Ucrania.
Estos acontecimientos se precipitan, con un fondo de dramas migratorios permanentes. En el mismo momento que millones de mujeres y hombres huyen de las guerras, de las catástrofes climáticas o de la ausencia de porvenir, se cierran todas las fronteras con doble llave. Cuando estas mujeres y estos hombres llegan a las puertas de Europa, ya no son presentados como victimas que merecen recibir refugio, sino como amenazas de las que hace falta protegerse absolutamente.
Le Pen es la primera en exacerbar este ambiente de “campo atrincherado”. Puede desplegar sin freno su hostilidad hacia los migrantes y los musulmanes, y pedir más autoridad, más fronteras, más policía y más ejercito. Estas ideas se han vuelto comunes, habituales, y son copiadas por mayor parte de los competidores de Le Pen. Ya preocupa a algunos una victoria de Le Pen en las próximas elecciones presidenciales. Aparte de que nuestro porvenir se decide quizás en Oriente Medio o en Washington, la llegada al poder de Le Pen sería la llegada al poder de un títere de la gran burguesía. Hace mucho tiempo que la heredera del Frente Nacional ha elegido entrar en el molde institucional y electoral. Se ha hecho la campeona de la derecha anti-inmigrantes. Si llegase al poder, se volvería superintendente del gran capital, como hicieron todos sus antecesores. Podría volver a nombrar Darmanin como ministro del Interior, pues no haría algo muy distinto de lo que se hace hoy o de lo que hace Giorgia Meloni, ex-admiradora de Mussolini, en la presidencia del Consejo italiano.
“No es fascista quien quiere”, explicábamos, porque el fascismo no es solo una cuestión de fraseología reaccionaria, pero también de clases sociales. Sin embargo, la situación puede cambiar brutalmente y lo que siguen Le Pen podrían tan pronto reanudar con los sueños fascistas del padre. Pero hoy, el RN (ex Frente Nacional) no desentonaría en un gobierno de unidad nacional. En Israel, Netanyahou ha instalado un gabinete de guerra con su principal rival Benny Gantz. Aquí también se puede imaginar tal gobierno, visto como tras cada atentado y cada nueva amenaza, las llamadas a la unidad son retomadas regularmente a coro del RN al PCF, pasando por EELV (verdes) y el PS.
Las delimitaciones políticas se difuminan bajo el efecto de los cálculos electorales, cada vez más tortuosos, teniendo en cuenta la desconfianza y la volatilidad del electorado. Una parte de Les Républicains (derecha tradicional) ha decido no votar la ley de jubilación a los 64 años. Para aislar Mélenchon, le PS, EELV, y el PCF aúllan con los lobos contra LFI (el partido de Mélenchon, La France Insoumise), acusado de complacencia ante el Hamas y el antisemitismo. Y asistimos, como escribe el diario Le Monde, “a la inversión de la figura del mal”, con la desdemonización del RN, y una demonización de LFI. Operación a la que el periódico Le Monde no es ajeno.
En la izquierda, la única fuerza política que ha encarnado "la figura del mal" fue, durante mucho tiempo, el Partido Comunista. Mientras Stalin buscaba la integración de la URSS en el orden imperialista a partir de los años 30 y empujaba a los partidos comunistas primero a una política de frentes populares y luego a la resistencia, el PC despertó durante mucho tiempo la desconfianza de la burguesía y, a los ojos del sistema político burgués, representaba un cuerpo extraño.
Lo que le descalificaba a los ojos de la burguesía eran sus vínculos con la burocracia soviética y, sobre todo, su presencia física y la dedicación de los militantes vinculados a los trabajadores tanto en las empresas como en los barrios obreros. No había adquirido su fuerza con sus arrebatos en la Asamblea Nacional. La había heredado del entusiasmo que la revolución rusa había suscitado en el proletariado de todo el mundo.
El PCF dilapidó este patrimonio al traicionar los intereses de la clase obrera. No le bastaba con mostrar un escudo blanco y lealtad al orden burgués para ser aceptado en el juego político como un partido como cualquier otro. Tenía que perder su credibilidad ante la clase obrera y volverse inofensivo a los ojos de la burguesía. Hoy, Fabien Roussel, secretario general del PCF, se ha convertido en el preferido de los políticos, porque le gusta hacer ruido poniéndose del lado del conformismo, del orden nacional, de su policía y de su ejército.
LFI no sólo no llena el vacío dejado por el PCF en la clase obrera, sino que no reivindica ni la revolución rusa, ni a Marx, ni la lucha de clases, ya que, según su líder de pensamiento Mélenchon, lo único que existe hoy en día es la lucha de los ciudadanos contra la oligarquía. Si LFI está actualmente condenada al ostracismo, no es porque constituya una amenaza social o política. LFI ni siquiera puede pretender tener más influencia en las clases trabajadoras que RN. Es simplemente el mejor saco de boxeo político para quienes, como el PS, no han digerido el final de la alternancia que les devolvió al poder de vez en cuando, o para quienes, necesitados de polémica y demagogia, desearían que todo el mundo pensara como ellos.
Islamo-izquierdistas para unos, quintacolumnistas para otros, la demonización mediática de LFI, a pesar de su total integración en el mundo de los políticos, da una idea de la apisonadora que aplastará a los opositores cuando el gobierno y el Estado decidan hacer marchar a toda la población al ritmo del tambor.
Este año ha estado marcado por la movilización contra el retraso de la edad de jubilación a los 64 años. Las manifestaciones fueron numerosas y masivas, y unieron al mundo del trabajo en una oposición clara. De principio a fin, la clase obrera estuvo presente. Sin embargo, esta movilización tuvo lugar bajo la égida de las centrales sindicales, "los agentes de la burguesía en el proletariado", como dijo Trotsky. Y no había obreros dispuestos a ir más allá del marco establecido por la intersindical, dirigida por la CFDT, confederación que pretende ser la más "responsable y constructiva" con respecto al orden social. Sin una huelga masiva y decidida, no había posibilidad de que aparecieran militantes del movimiento ni de que se constituyeran comités de huelga.
Para guiarnos en nuestra agitación y en nuestras intervenciones, nos basamos en el Programa de Transición de Trotsky. Fue escrito en 1938, en un período de crisis y de marcha hacia la guerra que en muchos aspectos se parece al nuestro. Pero los grandes acontecimientos nunca se repiten de forma idéntica. Se desarrollan de forma diferente, en distintas combinaciones y a distintas velocidades. El Programa de Transición no nos da un modelo a seguir. No olvidemos que hace apenas tres años, el objetivo de la indexación salarial no era más que una abstracción, dada la práctica desaparición de la inflación. En aquella época, la mayor parte de nuestra propaganda se centraba en el desempleo y la distribución del trabajo. Los acontecimientos pueden producirse de un momento a otro y poner en primer plano problemas que ayer mismo no existían. Por eso debemos tener suficientes vínculos con la clase obrera y un deseo constante de establecernos en ella para comprender las preocupaciones de los trabajadores y responder a ellas políticamente.
En ¿Qué hacer?, Lenin describe su enfoque de la construcción de la organización revolucionaria: "Exigir que todos los esfuerzos se dirijan a reunir, organizar y movilizar una tropa permanente". Este trabajo, explica, no separa a la organización de las masas, "siempre y cuando se ocupe exclusivamente de la agitación política amplia y multiforme, es decir, del trabajo que tiende precisamente a reunir y fundir en un todo la fuerza destructiva espontánea de la multitud y la fuerza destructiva consciente de la organización de los revolucionarios". Es necesario asegurar "que la organización socialdemócrata de combate tenga la flexibilidad indispensable, es decir, la capacidad de adaptarse en el acto a las condiciones de lucha más variadas y cambiantes con rapidez [...]. [...] Sería un error muy grave montar la organización del partido cifrando las esperanzas sólo en las explosiones y luchas de las calles o sólo en la “marcha progresiva de la lucha cotidiana y monótona”. Debemos desplegar siempre nuestra labor cotidiana dispuestos a todo, porque muchas veces es casi imposible prever por anticipado cómo alternarán los períodos de explosiones con los de calma [...] De la revolución misma no debe uno forjarse la idea de que sea un acto único, sino de que es una sucesión rápida de explosiones más o menos violentas, alternando con períodos de calma más o menos profunda."
Nuestra clase es el proletariado. Los reveses materiales y políticos sufridos por los trabajadores, y por ende por la sociedad en su conjunto, no son el fracaso del marxismo. Como escribieron Marx y Engels en El Manifiesto Comunista: "El carácter distintivo de nuestra época, de la época de la burguesía, es que ha simplificado los antagonismos de clase. Se ha limitado a sustituir los del pasado por nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas formas de lucha". Esta evolución no ha cesado. El proletariado es aún más poderoso numéricamente que en la época de Marx y Engels.
Integrados en la globalización capitalista, los países más pobres de África, Asia y América Latina están transformando nuevos batallones de campesinos en proletarios. Este proletariado se añade al proletariado en evolución de los países imperialistas, pues mientras que en países como Francia han desaparecido antiguos bastiones obreros, aparecen otros nuevos, por ejemplo en el sector de los servicios. Sean cuales sean las derrotas y los reveses, el proletariado sigue siendo la única fuerza revolucionaria de la sociedad. Un despertar político de los explotados dirigido a derrocar el poder de la gran burguesía sería la principal amenaza para la clase dominante. Como han demostrado las grandes oleadas revolucionarias, ese despertar político podría contagiarse a escala internacional.
"La crisis de la humanidad puede reducirse a la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado", escribió Trotsky en 1938 en el Programa de Transición. Esta crisis de dirección comenzó en la cúspide, con la traición de la socialdemocracia y el estalinismo. Desalentó y apartó de la actividad y la organización a una franja creciente de militantes, y luego se extendió al propio proletariado, en el cual se debilitó la conciencia de formar objetivamente una clase social. En cuanto a la conciencia política de clase, se ha vuelto marginal.
Es necesario reconstruir todo sobre la base de la clase obrera internacional, porque la salvación vendrá del proletariado o no vendrá. Si hay militantes para defender esta perspectiva, serán las futuras luchas de la clase obrera las que permitirán el renacimiento de un auténtico partido obrero revolucionario. Porque sólo un auge del espíritu de lucha y una renovada confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas pueden hacer surgir en las empresas y en los barrios obreros miles de militantes dispuestos a consagrarse a las luchas de su clase y a la construcción de un partido revolucionario.
27 de octubre 2023
Moción
Tras 20 meses de guerra en Ucrania entre las potencias imperialistas de la OTAN y Rusia, el camino hacia una generalización de la guerra ha dado otro paso más con la conflagración en Palestina y en Israel.
Como lo expresamos en la moción del congreso del año pasado, « Para evitar la guerra, los pueblos no pueden contar con la burguesía imperialista, sus políticos y sus estados mayores que [...] preparan metódicamente la conflagración general mediante la acumulación de armas y el sometimiento de las poblaciones. »
Elevándose en contra de los que pretendían que las condiciones históricas no estaban maduras para el cambio de sociedad, Trotsky afirmaba hace 80 anos : « Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. »
A la luz de lo que fueron la Primera y la Segunda Guerra mundial, la perspectiva de una tercera guerra mundial transformará esta afirmación en una certeza.
El proletariado internacional conserva su fuerza y su posición imprescindible en la sociedad. Le falta la conciencia revolucionaria de sus intereses políticos y la organización, es decir el partido que los encarne.
Lutte Ouvrière se presentará en la elecciones europeas de 2024 para afirmar esta perspectiva y para dar a todos los que compartan sus convicciones comunistas internacionalistas la posibilidad de expresarlas.
La lista Lutte Ouvrière, encabezada por Nathalie Arthaud y Jean-Pierre Mercier, enseñará la existencia en la clase obrera de una corriente revolucionaria consciente de que el porvenir de la civilización humana depende de la capacidad del proletariado a derrumbar el poder de la burguesía y a tomar la dirección de la sociedad.
27 de octubre de 2023
Discusión sobre los textos
Como siempre, muchos temas han sido tocados y discutidos en las asambleas locales. Publicamos aquí fragmentos de las discusiones sobre las amenazas de la extrema derecha en Francia, sobre el supuesto “imperialismo” de China, sobre el estalinismo y también sobre la intelligentsia y la revolución.
Sobre el texto acerca de la situación interior en Francia
Este texto no ha dado lugar a ningún problema real.
Un compañero lamentaba que no desarrolláramos sobre la política antiobrera de Macron que consiste, en buen gobierno burgués, en hacer pagar la crisis a la clase obrera. Lo hacemos a diario, y es verdad que lo hacemos cada año en nuestros textos de congreso. Igualmente lo podíamos haber hecho este año otra vez. Los ataques que caen encima de la clase trabajadora no son en nada irrisorias. Encontrarse con 200 euros menos en su pensión, apañarse para curarse o desplazarse, privarse para poder comer o calentarse, perder sus derechos al paro… es lo esencial para los que lo sufren.
También hace parte de una degradación lenta y continua de las condiciones de vidas de las clases populares. Es precisamente el caldo de cultivo para la descomposición que observamos en los barrios obreros desde bastante tiempo. Sin medir esto, es difícil entender la subida de la delincuencia por ejemplo, al igual que es difícil entender la persistencia o la subida del racismo. Hace falta que guardemos esto en nuestros razonamientos siempre, y no olvidar tampoco de vincular estos ataques a la crisis general del capitalismo.
Pero, este año, hemos querido un texto corto, compacto. Porque no queríamos, desarrollando las actuaciones del gobierno francés que es la quinta rueda del imperialismo occidental, ahogar todas las consecuencias de la crisis y de las guerras, y los peligros adicionales que plantean.
El gobierno se ataca a los trabajadores, pero no tiene poder sobre la evolución de la crisis económica ni sobre la evolución de la política mundial. Y todos los que, como Mélenchon o Le Pen, pretenden poder actuar, el uno sobre la crisis y las desigualdades, la otra sobre la inmigración, no tendrán más control que Macron. El poder esta a manos de la gran burguesía que domina a través de un sistema plagado de contradicciones, que hasta los políticos más potentes no pueden resolver.
A fines de que todos los textos formen un todo ubico, quisimos sobre todo poner la evolución de la vida política francesa en el marco internacional, ensenando como la atmósfera internacional, el nacionalismo y las guerras favorecen la derechización y aceleran, como en muchos mas países, la normalización de la extrema derecha.
La amenaza de la extrema derecha
Aquí es donde nos gustaría ampliar nuestro razonamiento. En el texto, hacemos hincapié en el ascenso de la extrema derecha y en cómo los llamamientos a la "unidad nacional" le hacen el juego. Argumentamos que la llegada de Le Pen al poder sería una continuación del gobierno actual y no podría equipararse al advenimiento del fascismo. Añadimos: "Sin embargo, la situación podría cambiar bruscamente y los que siguen a Le Pen podrían con la misma rapidez volver a los sueños fascistas del padre".
Esta última idea no está desarrollada. Sí, las cosas pueden cambiar muy rápidamente. La emergencia de un movimiento fascista es totalmente posible. Y el activismo actual de la extrema derecha, de Le Pen, Zemmour y los grupúsculos identitarios y neonazis lo atestigua.
Para los camaradas extranjeros que no hayan seguido la historia, el sábado pasado entre 80 y 100 identitarios y neonazis emprendieron una expedición punitiva contra un barrio obrero de inmigrantes en Romans-sur-Isère, una pequeña ciudad del departamento de Drôme. Armados con bates de béisbol y nudillos de metal, y al grito de "Islam fuera de Europa", afirmaron buscar justicia para Thomas, un chico de 16 años apuñalado hasta la muerte una semana antes en un baile campestre por jóvenes, algunos de los cuales procedían de esta urbanización. Desde entonces, ha habido una serie de concentraciones autorizadas y no autorizadas y patrullas nazis en diversas ciudades, lo que demuestra una actividad que no se veía desde hacía mucho tiempo. Estos acontecimientos nos recuerdan que existen elementos humanos para estructurar un movimiento fascista.
Y no es nada nuevo. La derecha francesa siempre ha incluido corrientes monárquicas, antisemitas, racistas y nacionalistas. Y demostraron su influencia y su peso, incluso en el ejército, en la época del asunto Dreyfus. Action Française, que sigue existiendo hoy en día, ya estaba a la cabeza. En los años veinte, y más aún en los treinta, proliferaron los grupos, ligas y nebulosas fascistas, como la Cagoule, la Croix de feu, el Parti populaire français del antiguo comunista Doriot y los Jeunesses patriotes de Taittinger, gran industrial y propietario de los champanes Taittinger.
Más tarde, sus vástagos políticos se unieron a la OAS, la Organización Armada Secreta, fundada en 1961 para defender la Argelia francesa por todos los medios, incluido el terrorismo, lo que no le impidió mantener numerosos vínculos con el aparato del Estado, empezando por el ejército y la policía. En 1973 se produjo una oleada de asesinatos y violencia racista contra los magrebíes, perpetrada principalmente en la región de Marsella, donde se calcula que ese año fueron asesinados entre 20 y 50 trabajadores argelinos.
Así pues, desde hace tiempo existen individuos capaces de acciones provocadoras, violentas y abiertamente racistas. Hoy, según los especialistas, este movimiento, al que llaman ultraderecha, se estima en 3.000 individuos, 1.500 de los cuales están en la lista S, es decir, bajo vigilancia policial. Están divididos en multitud de grupos, que cambian de nombre a medida que se imponen prohibiciones y se disuelven grupos. La lista de sus actividades incluye manifestaciones contra centros de solicitantes de asilo; patrullas contra inmigrantes en la frontera franco-italiana; provocaciones y peleas contra simpatizantes norteafricanos; ataques a locales anarquistas o de izquierdas; y la dispersión de mítines, como el ataque a una reunión pro Palestina en Lyon hace quince días.
La expedición punitiva intentada en Romans-sur-Isère por 80 neonazis fue espectacular. Pero también mostró los límites de este movimiento de ultraderecha, ya que incluso el entorno extremadamente activo de los nazis de Lyon, a 100 km de distancia, fue incapaz de montar la operación en solitario. Tuvieron que venir individuos de Besançon, Nantes, París, Montpellier... Y su desfile, visiblemente mal preparado, se convirtió en una humillación para algunos y acabó, para otros seis, en la cárcel. Pero vale la pena señalar de paso que aún así consiguieron recuperar la lista, los nombres y las direcciones de los jóvenes acusados del asesinato de Thomas, lo que demuestra las conexiones que pueden tener en la policía o en el sistema judicial. Así que, de momento, tienen los cuadros para un futuro movimiento fascista, pero les faltan las tropas.
El auge electoral de la extrema derecha, que ha sido continuo en los últimos años, no ha permitido, hasta ahora, que estos pequeños grupos recluten ampliamente. Esto no nos sorprende, porque siempre hemos insistido en la diferencia entre votar contra los inmigrantes y movilizarse y actuar contra ellos, es decir, estar dispuesto a luchar... y, no por casualidad, recibir palizas y pasar unos meses en la cárcel.
Poder votar contra los inmigrantes puede incluso, hasta cierto punto, servir de válvula de escape para el odio racista. Y ese es, en parte, el papel desempeñado por Le Pen y, en menor medida, por Zemmour. Pero eso puede cambiar. Esos mismos grupos pueden crecer en tamaño y estructura. En cualquier caso, el clima político está maduro para ello.
La banalización de las ideas racistas o contrarias a la inmigración en el debate político no es baladí. Ser políticamente correcto hoy en día es decir "sí, hay un problema con la inmigración". Es decir "sí, el terrorismo viene de los musulmanes". Lo que resulta sulfuroso es pedir la apertura de las fronteras y la regularización de todos los inmigrantes ilegales.
Volviendo a la tragedia de Crépol, no puede dejar de sorprendernos la facilidad con la que la derecha, la extrema derecha y el gobierno han aprovechado lo que parece cada vez más una banal pelea de salón que se les fue de las manos, para desarrollar sus teorías racistas y crear un clima de guerra civil que enfrenta a los suburbios árabes con el campo blanco.
Esta omnipresencia de las teorías de extrema derecha ejerce una presión sobre el conjunto de la sociedad, echa leña al fuego de los racistas e induce sin duda a un cierto número de personas a pasarse a su bando antiinmigración. La pregunta es: ¿cuántos de ellos se alegran de las acciones de los aprendices de fascistas? Y de los que sí, ¿hay gente dispuesta a unirse a ellos?
Las tropas potenciales están ahí. En primer lugar, entre la burguesía y la pequeña burguesía, donde históricamente han reclutado la derecha y la extrema derecha. Estas categorías sociales, que viven lejos de los barrios obreros, se apresuran a fantasear con el empobrecimiento de estos barrios de inmigrantes. Mucho más que los hombres y mujeres que viven en ellos.
Pero la clase obrera no es inmune, empezando por la del campo. Hay que recordar que entre todos los que se movilizaron en el marco del movimiento de los Chalecos Amarillos, una parte no tuvo reparos en mostrar su racismo y su rechazo a los inmigrantes. Además, hay toda una franja de mujeres y hombres inseguros y marginados por la crisis, cegados por la rabia, que buscan chivos expiatorios. Y, una vez más, está todo el clima nacionalista, belicista y violento en el que estamos inmersos desde la guerra de Ucrania, con gente que se apunta a la guerra y que los belicistas nos presentan como héroes.
Así que está la estrategia de Le Pen, que es electoral, y están aquellos en los que influye y que pueden flanquearla por la derecha. Sobre todo porque Zemmour no tiene reparos en jugar con fuego. En las elecciones presidenciales, obtuvo el 7% de los votos, es decir, 2,5 millones de sufragios, con su teoría del Gran Reemplazo. Su partido, Reconquête, lanzado gracias a grandes donantes de la burguesía, pretende contar con 100.000 afiliados a principios de 2023. Y a diferencia de Le Pen, que condena las acciones de la ultraderecha, Zemmour se niega a hacerlo. "El peligro no son los que quieren defender la identidad francesa, es la escoria árabe-musulmana", declaró. Los más enfurecidos, los hartos del agua tibia servida por Le Pen, tendrán la bendición de Zemmour para pasar a la acción directa. ¿Planea Zemmour hacer carrera como dirigente fascista? No se puede descartar, pero si se acaba estructurando un movimiento fascista, veremos surgir candidatos para ese papel en cualquier caso, Zemmour u otro.
Frente a esta amenaza autoritaria y fascista, ¿qué proponen los líderes de la izquierda? Piden que se respeten las instituciones y la República. A la pregunta sobre la actuación de los grupos identitarios, el líder del PCF, Roussel, no tiene más que decir que hay que apoyarse en las instituciones republicanas, la policía y la justicia. Eso es exactamente lo que nos explica Darmanin, el ministro del Interior, haciéndose pasar por garante de las instituciones, que, según nos dice, libran una lucha sin cuartel contra la ultraderecha. Darmanin también puede aprovecharse de que seis aprendices de fascista han sido condenados a penas de prisión de entre seis y diez meses y de que tiene previsto disolver tres de esos grupos. Quizá Roussel acabe dándole las gracias.
En cuanto a Mélenchon, como no tiene ninguna perspectiva de apoyarse en las luchas de la clase obrera, ¡acaba siempre recurriendo a las mismas tonterías republicanas y llamando a la unidad popular!
Como dice Trotsky en el Programa de Transición: "Los reformistas inculcan sistemáticamente a los obreros la idea de que la sacrosanta democracia está más segura allí donde la burguesía se halla armada hasta los dientes y los obreros desarmados". Y Trotsky continúa proponiendo métodos proletarios de lucha en los que todavía podemos inspirarnos:
“El deber de acabar de una vez por todas con esta política servil. Los demócratas pequeño-burgueses incluso los social-demócratas, los socialistas y los anarquistas gritan más fuerte acerca de la lucha con el fascismo cuanto más cobardemente capitulan ante el mismo.
Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sienten tras de sí el apoyo de millones de trabajadores.
La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo.
Los PIQUETES DE HUELGAS son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar. Con ocasión de cada huelga y de cada manifestación callejera, debemos propagar la idea de la necesidad de crear DESTACAMENTOS OBREROS DE AUTODEFENSA. Es preciso inscribir esta consigna en el programa del ala revolucionaria de los sindicatos. En todas partes donde sea posible, empezando por las organizaciones juveniles, es preciso constituir prácticamente milicias de autodefensa, adiestrándoles en el manejo de las armas.”
Por supuesto, cada circunstancia es distinta, pero la idea de que sólo el movimiento obrero, organizado y luchador, puede aplastar al fascismo, es fundamental. Y ésta es también una de las situaciones y una de las tareas que debemos anticipar.
Acerca de la situación internacional
La esencia de este programa marxista revolucionario no procede de nosotros. Lo heredamos de la experiencia de la corriente comunista revolucionaria del movimiento obrero, tal como la entendieron y formularon ante todo Marx y Engels, pero también un gran número de militantes cuyo legado reivindicamos: Lenin, Rosa Luxemburg, Trotsky, por citar sólo a los principales. Pero también militantes como Kautsky, Plejánov y otros que, en un determinado periodo, encarnaron la continuidad del marxismo, antes de dejar de hacerlo.
En una discusión con dirigentes del SWP, Trotsky añadía : “Se podría decir que hasta ahora no teníamos un programa. Y sin embargo hemos actuado. Pero este programa ha sido formulado en diferentes artículos, diferentes mociones, etc. En este sentido, el proyecto de programa no presagia una nueva invención, no es el escrito de un solo hombre. Es la suma total del trabajo colectivo realizado hasta la fecha. Pero tal suma es absolutamente necesaria para dar a los camaradas una idea de la situación, una comprensión común.” (Discusión sobre el Programa de Transición, 7 de junio de 1938).
Esta “comprensión común de los acontecimientos y de las tareas” es imprescindible para mantener la cohesión de nuestra organización en el terreno del proletariado y en base al marxismo. Dentro del marxismo, del cual nos reivindicamos, esta obviamente el aporte de Lenin, es decir el bolchevismo y toda la experiencia de la primera revolución proletaria victoriosa, y igualmente el aporte de Trotsky que nos ha dado la llaves para comprender la degeneración del primer Estado obrero, y el surgimiento de una burocracia – que claramente Marx no podía prever. Ya no está ni Marx, ni Lenin, tampoco Trotsky, para llevarnos la mano ahora.
No ha hecho falta mucho tiempo tras la muerte de Trotsky, y en realidad incluso antes, para darse cuenta de que siempre reivindicándose de Trotsky y del Programa de Transición, algunos podían adoptar posiciones que ya no tenían nada que ver con la idea fundamental de representar los intereses políticos del proletariado. A los escritos de la literatura marxista, hace falta añadir nuestras propias posiciones y la coherencia de aquellas a lo largo del tiempo.
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Los congresos, los textos políticos elaborados en esas ocasiones y la elección de la dirección forman un todo. De todas las organizaciones trotskistas, somos la única que celebra un congreso anual. Sobre la base de estos textos políticos elegimos a nuestra dirección. Durante varios años, nuestra organización tuvo una fracción cuya existencia, cuando se hizo permanente, planteó problemas completamente diferentes, políticos, materiales, etc. Esta fracción propuso sus propios textos políticos. Esta facción proponía sus propios textos políticos. Esto no es así desde hace varios años. Nuestra organización se encuentra en un único conjunto de textos políticos.
Aunque permitimos la discusión política fuera de los periodos de congresos -a diferencia de la mayoría de las principales organizaciones de extrema izquierda, que son más o menos trotskistas-, no consideramos que la existencia de las tendencias A, B, C, D, etc., sea en sí misma una ventaja para una organización, cuando detrás de las distintas letras no hay ninguna diferencia política real. Llevamos más de 50 años redactando y publicando estos textos de congresos. Además de demostrar la cohesión de nuestra organización en un momento dado, muestran la coherencia de sus posiciones políticas a lo largo del tiempo.
Por ejemplo, en un primer texto de orientación, en 1971, tuvimos que combatir la posición de quienes consideraban que el régimen de Mao era comunista y, dentro del movimiento trotskista, que el Estado chino era un Estado obrero deformado (o incluso sólo ligeramente deformado, en comparación con la URSS de Jruschov). Siempre nos hemos negado a hablar de Estado obrero, cualquiera que sea el adjetivo que se le ponga -degenerado, deformado, etc.- para los Estados que no surgieron de la Unión Soviética. - Para los Estados que no surgieron de una revolución proletaria. Ni China, ni Vietnam, ni las democracias populares, ni Zanzíbar... Volvamos a dos puntos que se discutieron en las asambleas locales.
¿Es China imperialista?
Este primer punto se debatió, de un modo u otro, en todas las asambleas locales. Las preguntas sobre China surgieron a raíz del texto sobre África. Algunos camaradas se preguntaron por las razones de la presencia de China en África: ¿está la burguesía china en proceso de arrebatar cuota de mercado a las burguesías estadounidense y francesa? Esta pregunta llevó a otra: ¿estamos seguros de que China compite con el imperialismo estadounidense para fabricar ropa muy barata para la población de África? En realidad, a los grandes grupos de un país imperialista como Estados Unidos no les interesa en absoluto este mercado y están encantados de cederlo al "taller del mundo" en que se ha convertido China.
La industria textil de Haití, por ejemplo, ¡no compite con la industria estadounidense! En la mayoría de los casos, es el capital estadounidense el que se invierte en fábricas en Haití, cuya producción se envía de vuelta a Estados Unidos para ser vendida en grandes cadenas minoristas estadounidenses como Wal-Mart. Lo mismo ocurre a una escala mucho mayor con China. No es la burguesía china la que está robando cuota de mercado a las burguesías estadounidense y francesa. Es la burguesía imperialista, principalmente la estadounidense, la que se enriquece, entre otras cosas, de lo que China produce para ella, en forma de productos acabados o componentes de diversas producciones.
Cuando hablamos de imperialismo, ¿de qué hablamos? A nivel general, es el mundo capitalista, es decir, nuestro mundo, el que se ha vuelto imperialista en su conjunto. Todos los Estados del mundo, incluida la antigua URSS y Rusia, forman parte del mundo imperialista.
Para caracterizarlo en una sola expresión: el imperialismo es el capitalismo de los monopolios. Y una de las consecuencias más importantes del análisis marxista de la evolución del capitalismo es el hecho de que el capitalismo de libre competencia, por el hecho mismo de la competencia, ha engendrado su contrario. Dos tendencias profundas, la concentración de empresas y la globalización, son los elementos dominantes del desarrollo capitalista. Son las mismas leyes del desarrollo capitalista que, bajo la propiedad privada de los medios de producción y la fragmentación del planeta en Estados nacionales, dan origen al imperialismo. Y es el mismo desarrollo que crea las bases de lo que podría ser una sociedad socialista o comunista, es decir, una economía organizada y planificada a escala internacional. Esta evolución por la que el capitalismo de libre mercado ha engendrado su contrario no se ha producido de forma lineal, al mismo ritmo en todas las regiones del mundo. Fue este "desarrollo desigual" el que creó inicialmente una brecha entre los futuros países imperialistas en vías de convertirse en imperialistas y los países subdesarrollados y, a partir de cierto momento, fue el desarrollo de los primeros el que provocó el subdesarrollo de los segundos y fijó esta situación.
Pues no fue así en absoluto como evolucionó en China. No fue a partir de la burguesía compradora de la época de Chiang Kai-shek que la economía se desarrolló sobre una base capitalista. Fue contra esta burguesía compradora, contra los señores de la guerra, contra Chiang Kai-shek que Mao tomó el poder. Apoyándose en este levantamiento campesino, fue capaz de construir un aparato estatal que, en un principio, era lo suficientemente poderoso como para resistir la presión imperialista, hasta la guerra inclusive (era la época de la guerra de Corea...). Luego, utilizando los recursos del Estado, el Estado chino de Mao desarrolló la economía sobre una base capitalista.
En otras palabras, la centralización y el monopolio en Estados Unidos, Francia, etc., fueron el resultado de la evolución orgánica del propio capitalismo, que en cierta medida estaba en su base, rodeado de todo un tejido industrial; donde las alturas de la burguesía descansaban sobre una vasta pequeña, mediana y gran burguesía, todas subordinadas al capital financiero. En China, en cambio, la concentración no fue el resultado de un proceso interno en el desarrollo del capitalismo, sino una reacción de autodefensa contra él. La concentración de la economía china sólo fue posible porque, en el propio interés del futuro desarrollo de China durante muchos años, el Estado chino prescindió de la competencia entre capitalistas individuales.
China logró desarrollarse por una multitud de razones, entre ellas su tamaño, su población, su riqueza mineral, pero sobre todo, la movilización revolucionaria del campesinado detrás de una política nacionalista que permitió a China construir un poderoso aparato estatal. Al principio, esto permitió a China resistir el dominio político del imperialismo (compárese con China entre las dos guerras mundiales). Posteriormente, al apoyarse en un poderoso aparato estatal, pudo lograr, mediante el estatismo, un avance económico que estaba fuera de su alcance bajo la dominación de la burguesía compradora de la época de Chiang Kai-shek.
Se trata de dos desarrollos diferentes y preferimos mantener la palabra "imperialismo" y sobre todo las palabras "potencias imperialistas" en su significado marxista.
También hay quien se pregunta: "Si es por un camino original, ¿no puede China acabar engendrando el imperialismo? Tal vez. Pero no somos historiadores que anticipan el futuro desarrollo de China, ni escritores de política-ficción. China es sin duda el país donde el proletariado es numéricamente más poderoso. Si, en las próximas décadas, este proletariado no despierta a la conciencia política, a la conciencia de su tarea revolucionaria, no es sólo la naturaleza imperialista de China lo que planteará la historia, sino algo totalmente distinto.
Las tareas de los revolucionarios frente a la guerra
Hubo un debate sobre otro pasaje del texto Para acabar con el caos capitalista...: "Si nuestra clase, habiendo sido incapaz de impedir la guerra, es movilizada, nuestros militantes participarán en ella, como toda nuestra clase. Incluso de uniforme, no sólo seguiremos defendiendo nuestras ideas, las ideas de la lucha de clases, sino que tendremos que ganarnos a otros soldados, a nuestros camaradas; individual y clandestinamente mientras no sea posible de otro modo; en contingentes enteros cuando sea posible gracias al ascenso revolucionario. Tendremos que negarnos a huir de la guerra y desertar. No nos contentaremos con exigir la paz, sino que tendremos que llevar la lucha de clases dentro del ejército. ″Transformar la guerra de la burguesía en guerra civil″, este fue el programa de Lenin y del Partido Bolchevique que condujo a la clase obrera a la conquista del poder."
Cuando, al comienzo de la guerra en Ucrania, pusimos de relieve la amenaza de una generalización de la guerra, todo el mundo recuerda todavía cómo nos etiquetaron nuestros antiguos camaradas, ahora en el NPA bis: "alarmistas", "pájaros de mal agüero", "Cassandras", etcétera. Escribíamos esto para subrayar en nuestros discursos y publicaciones que el capitalismo no es sólo explotación y todo lo que de ella se deriva, sino también la amenaza permanente de la guerra, la continuación de la competencia por medios militares. No se trataba de una discusión abstracta. Y llegamos a la conclusión práctica de pedir a los camaradas que centraran sus debates en este aspecto de la evolución del capitalismo. No pasó mucho tiempo para que incluso la televisión y la prensa se volvieran "alarmistas", y hoy pseudoespecialistas u oficiales militares de alto rango hablan de la posibilidad de una tercera guerra mundial...
Queremos insistir en la idea de que, aunque el proletariado no consiga impedir la guerra, la guerra en sí no detiene la lucha de clases. Al contrario, la exacerba. Y el deber de los revolucionarios no es huir de la lucha de clases, precisamente cuando está particularmente exacerbada, sino, por el contrario, dirigirla.
No somos pacifistas. Tampoco somos anarquistas. Y nuestro eje de intervención no será ni la actitud anarquista, es decir, individualista, de desertar, ni el pacifismo dichoso que exige la paz a los dirigentes y a los estados mayores del imperialismo. Será permanecer junto a los nuestros, junto a los proletarios movilizados para, como resumía Lenin, "transformar la guerra de la burguesía en una guerra civil" de las clases oprimidas contra la burguesía capitalista. Podemos especular cuanto queramos sobre cómo y cuándo la guerra pondrá en movimiento al proletariado, pero lo que es seguro es que no hay otra forma de impedir la guerra o de ponerle fin definitivamente que la victoria de la revolución proletaria.
En conclusión
Socialismo o barbarie
En noviembre de 2020, publicamos un artículo en nuestro mensual Lutte de classe titulado "Hoy como ayer, socialismo o barbarie". Posteriormente retomamos este artículo y lo presentamos como uno de los textos de orientación a votar en nuestro 50º Congreso de diciembre de 2020.
Pues bien, ¡hoy estamos en proceso de descender a la barbarie!
Entonces hablábamos del asesinato de Samuel Paty por un joven fanático, pero también de la proliferación de movimientos conspirativos en Estados Unidos, donde "el capitalismo en putrefacción ha resucitado al Ku Klux Klan y multiplicado los movimientos conspirativos, variantes modernas de la proliferación de movimientos místicos en la Edad Media ante la pandemia de peste". Dijimos: "Las ideas oscurantistas que retoman estas corrientes no son un vestigio de la Edad Media. No es el pasado el que se apodera del presente, es el producto de una sociedad que fue capaz de enviar hombres a la luna pero es incapaz de dominar su vida económica y social.”
Eso fue hace tres años, ¡antes de que estallara la guerra en Ucrania y resurgiera entre Israel y los palestinos!
Desde hace algunos meses, la barbarie se manifiesta a una escala completamente diferente. En los muertos enterrados bajo edificios bombardeados, desde Kherson hasta Gaza. En el terrorismo a gran escala del Estado de Israel, en respuesta al terrorismo de Hamás. En la matanza de toda una población que huye de las bombas, hambrienta, privada de agua y medicinas. La barbarie es sacar a todos los enfermos del principal hospital de Gaza, convertido en un infierno, con las manos en alto bajo la amenaza de los tanques.
La barbarie no es sólo la guerra en Ucrania y Oriente Próximo, también es, y lo ha sido durante mucho tiempo, el flujo constante de refugiados procedentes de África que intentan cruzar el Mediterráneo arriesgando sus vidas, mientras diputados franceses, alemanes e italianos, bien alimentados y pulcros, esgrimen argumentos jurídicos para negarles la entrada en Europa. La barbarie es la ruta de los Balcanes erizada de alambre de espino, el muro levantado en la frontera con México para cortar la ruta hacia Estados Unidos a los pobres de América Latina.
La barbarie aumenta en todas partes, bajo muchas formas. En Haití, con la proliferación de las bandas. En las fronteras de Sudán, donde decenas de miles de refugiados que huyen de los combates entre mandos militares están estacionados en lo que es difícil llamar un campamento, dado que las personas hacinadas no tienen ningún tipo de cobijo, familias enteras, adultos y niños, duermen en el suelo y sólo tienen como alimento algunos sacos de arroz que se disputan, traídos por las organizaciones de ayuda...
Y de estas múltiples expresiones de barbarie, sólo tenemos imágenes de televisión, cuando las tenemos… Imágenes filtradas, seleccionadas y cargadas de propaganda, en particular sobre la guerra en Oriente Próximo, para sugerir horror y asombro ante el terrorismo de Hamás, pero glosando al mismo tiempo el horror que representan los bombardeos de esta prisión al aire libre que siempre ha sido la Franja de Gaza, transformada con la intervención del ejército israelí en un cementerio...
Luego está la barbarie cotidiana, incluso aquí, en este rico país imperialista, privilegiado en comparación con el resto del planeta, supuestamente civilizado, una barbarie que por el momento se limita a una retórica nauseabunda, a eslóganes y a un endurecimiento político en cuanto afecta a los más pobres.
Por no citar más que un ejemplo de las noticias, que nos dan por televisión, escuchen esta vil discusión sobre el artículo 3 del proyecto de ley del gobierno sobre los trabajadores inmigrantes. Ni siquiera los más desfavorecidos, sino aquellos que tienen el infinito privilegio de ser explotados por una parte de la burguesía, en la construcción, la restauración y otros sectores, una burguesía que se ve obligada a admitir que tiene una necesidad vital de estos trabajadores para su propio negocio.
Pues bien, observen cómo se movilizaron el mecanismo y el formalismo de esta supuesta democracia parlamentaria para aprobar la importante cuestión de si el texto de la futura ley pasaría primero por la Asamblea y luego por el Senado, o viceversa.
Tanta palabrería, regateos y gritos entre estos "representantes de la nación" para una decisión cuyo contenido se limita a humillar a esta pequeña franja de trabajadores inmigrantes que trabajan aquí desde hace años, que pagan sus impuestos y cotizan a la seguridad social, y a hacerles la vida más difícil mediante trabas administrativas suplementarias.
El restaurador Thierry Marx declaró recientemente en la radio que todo este debate le parece absurdo, sin duda no por humanismo, sino sencillamente porque sabe que su sector no puede funcionar en absoluto sin el trabajo de los cocineros, camareros y friegaplatos inmigrantes. Hace unos meses, un reportaje de Le Monde Magazine ponía de relieve un prestigioso restaurante situado junto a la Assemblée Nationale, donde iban a comer numerosos parlamentarios de todos los partidos, a pesar de que parte del personal seguía siendo sin papeles…
Y he aquí, en todo su esplendor, esta "democracia", cuya defensa contra el terrorismo invocan los portavoces del imperialismo para justificar los bombardeos indiscriminados de Gaza, las bombas de fragmentación suministradas a Zelinski, ¡y todo lo demás! Este tipo de barbarie, republicana o democrática, no es ciertamente la misma que la de las bombas que aplastan Gaza o Kherson en Ucrania, ¡pero conduce a ella! Porque estas son las personas que dirigen el mundo, o más exactamente que sirven de decoro democrático a las grandes empresas. Sí, el mundo capitalista nos hunde en la barbarie, con la ligereza de la República y sus "instituciones democráticas" aquí en Francia. Con una violencia brutal en otras partes del mundo. Pero esto no es más que el principio. El aumento del clima bélico anuncia la generalización de la guerra como característica casi permanente del capitalismo.
Y lo peor es que se está convirtiendo en algo habitual. Tras el estallido de la guerra en Ucrania, hubo una pequeña reacción, una pequeña preocupación. Nos dimos cuenta de ello y llegamos a la conclusión de que teníamos que aprovecharlo para centrar nuestros debates en lo que nos aguarda el capitalismo, que no es sólo retrasar la edad de jubilación, ni la explotación sin más.
Como la gente estaba un poco más concienciada, pudimos tener más discusiones y llevarlas un poco más lejos que antes, sobre todo en las caravanas. Pero también constatamos que, una vez despertada la conciencia colectiva, el interés decaía, sin que se llegara a la conclusión de que, para evitar la guerra, era necesario algo más que conmoverse viendo las imágenes de Marioupol en televisión, y mucho más tarde las imágenes aún más violentas de Gaza siendo bombardeada. Sí, en el fondo, en el privilegiado país imperialista que es Francia, incluso nuestra propia gente reaccionaba interiormente con un "es triste, pero no nos puede pasar a nosotros"...
Tuvimos la misma sensación cuando Hamás atacó. Al día siguiente de la incursión de Hamás en suelo israelí, algunos periódicos hablaban de conmoción en Israel. Pero, ¿qué pudo aturdir hasta tal punto a la población israelí en su conjunto? Debe ser que no se daban cuenta de que su Estado estaba en proceso de aplastar a la población palestina, con su complicidad. Sin embargo, los palestinos, la población judía se codeaba con ellos todos los días, no sólo los que vivían en Cisjordania, sino también los de Gaza, y más aún los que vivían en el propio Israel. Israel se creía tan superior, tan invulnerable porque estaba protegido por una coalición de todas las potencias imperialistas, empezando por Estados Unidos, que pensó que ¡no podía ocurrir! Pues bien, ocurrió. Pero, ¿acaso estamos más a salvo de quedarnos "pasmados" el día que la guerra nos golpeará aqui?
Si perdura la leyenda de una Europa Occidental que vive en paz desde 1945, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ¿cuántas generaciones, en cuántos países del Tercer Mundo, viven ya un estado permanente de guerra? Nosotros mismos hicimos las cuentas hace unos años. En medio de lo que se conoce como un período de paz, porque no hubo guerra mundial, desde 1945, ¡sólo Congo Kinshasa, ahora Zaire, ahora Congo Kinshasa, ha visto tantas muertes debidas a conflictos armados como, en conjunto, una buena parte de los países occidentales que participaron en la Segunda Guerra Mundial! Durante mucho tiempo, la paz fue un privilegio de los países ricos. Los pobres de muchos países africanos padecieron tanto la pobreza como la guerra. Y los que nos gobiernan fingen preguntarse por qué los pobres no se quedan en casa en vez de cruzar el Mediterráneo, ¡arriesgando sus vidas!
No se trata sólo de preguntarse qué época es la más bárbara: ¿a la que se refería Victor Serge en su libro Medianoche en el siglo o la que se abre ante nosotros? Sólo en el ámbito de los daños militares podemos adivinar la respuesta: la guerra que quizá está en vías de generalización en una guerra mundial será aún más mortífera y superará con creces el número de víctimas directas e indirectas de la Primera Guerra Mundial (20 millones de muertos: 10 millones de soldados y 10 millones de civiles) y de la Segunda Guerra Mundial (de 60 a 90 millones de muertos: de 20 a 30 millones de soldados y de 40 a 60 millones de civiles).
Porque, en el intervalo, la ciencia y la tecnología han progresado considerablemente, haciendo que el armamento sea mucho más eficaz, mucho más destructivo o, para utilizar su lenguaje, mucho más competitivo en el mercado mundial de armas.
Más allá de la responsabilidad política decisiva del estalinismo, sobre la que volveremos, la calma frente a las amenazas que plantea el mantenimiento del orden burgués tiene una base social. Y esta base social es la influencia de la pequeña burguesía, incluida su intelectualidad, sobre la opinión pública en general y sobre lo que ciertos marxistas han llamado la "fracción más aburguesada de la clase obrera", es decir, la aristocracia obrera.
En definitiva, el estalinismo retomó, en una versión bien pulida, los tópicos de la aristocracia obrera reformista. Nunca debemos olvidar que los antagonismos de clase son esenciales para comprender la sociedad, pero las diferentes clases no están separadas por murallas chinas. Y la aristocracia obrera, al negarse a la revolución, al creerse fuera de las filas del proletariado, copia la mentalidad, el comportamiento y el razonamiento de la pequeña burguesía, que a su vez copia la misma mentalidad, comportamiento y razonamiento de la gran burguesía. Exactamente como hace la burocracia ex-soviética…
La humanidad pagará cara una organización social que conlleva explotación, competencia, rivalidad económica permanente y las guerras que de ello se derivan.
Del Manifiesto Comunista a nuestros días
Todos conocemos la primera frase del Manifiesto Comunista: "Un espectro recorre Europa: el espectro del comunismo".
El Programa de Transición, portador de la misma convicción comunista revolucionaria que el Manifiesto Comunista, es de un tono completamente distinto: "Las premisas objetivas de la revolución no sólo están maduras, sino que incluso han empezado a pudrirse. Sin la revolución socialista, y ello en el próximo período histórico, toda la civilización humana amenaza con ser barrida por una catástrofe".
Estos dos textos constituyen la base de nuestro programa y, por tanto, de nuestra lucha.
Si, después de 175 años, el Manifiesto Comunista sigue siendo nuestro punto de referencia fundamental, es porque, a pesar de todos los progresos realizados por la humanidad en multitud de campos -ciencia, tecnología- y a pesar de su creciente dominio sobre su entorno natural, la sociedad capitalista no ha cambiado en lo fundamental.
En un texto escrito en marzo de 1903, veinte años después de la muerte de Marx, Rosa Luxemburg evaluaba así la principal contribución de Marx al movimiento obrero: "Si tuviéramos que resumir en pocas palabras lo que Marx ha hecho por el movimiento obrero actual, podríamos decir que Marx ha descubierto, por así decirlo, la clase obrera moderna como categoría histórica, es decir, como clase sujeta a condiciones específicas de existencia y cuyo lugar en la historia corresponde a leyes precisas. Antes de Marx, existía sin duda en los países capitalistas una masa de asalariados que, empujados a la solidaridad por la similitud de sus existencias en el seno de la sociedad burguesa, buscaban a tientas una salida a su situación y, a veces, un puente hacia la tierra prometida del socialismo. Marx sólo los elevó al rango de clase al vincularlos a una tarea histórica particular: la tarea de conquistar el poder político con vistas a la transformación socialista de la sociedad". ("Karl Marx", 14 de marzo de 1903).
Este pasaje resume la transformación del socialismo utópico en socialismo científico. Pero eso no es todo. Al mismo tiempo, existe la diferencia fundamental entre un comunista revolucionario y un sindicalista. El marxismo no es sólo parcialidad a favor de la clase obrera y menos aún compasión por su suerte. El marxismo consiste en ver en la clase obrera, cualquiera que sea su estado de ánimo en un momento dado, la clase social capaz de conquistar el poder político y, escribió Rosa Luxemburg, "con vistas a la transformación socialista de la sociedad".
Marx llevó el socialismo de la utopía a la ciencia al descubrir la dinámica interna del capitalismo. El capitalismo nunca ha dejado de basarse en la explotación y la opresión de la mayoría de la sociedad en beneficio de una minoría privilegiada. La carrera por el beneficio ha sido siempre su motor, con todas sus consecuencias: competencia, anarquía en la producción, despilfarro, rivalidad y guerra. Pero al mismo tiempo, durante su periodo ascendente, ha contribuido al progreso de la humanidad, al aumento de las fuerzas productivas del hombre, a la unificación del planeta, a su creciente dominio sobre la naturaleza. La competencia capitalista ha sido un formidable motor de progreso frente a otras formas anteriores de sociedad de clases. En palabras del Manifiesto Comunista, "la burguesía ha creado maravillas distintas de las pirámides de Egipto, los acueductos romanos, las catedrales góticas...".
Pero el desarrollo del capitalismo dio lugar a su opuesto, los monopolios, el imperialismo - esa etapa última y senil del capitalismo - que se convirtió, hace más de un siglo, en el principal obstáculo para el progreso de la humanidad.
Los 140 años transcurridos desde la muerte de Marx también han confirmado ampliamente la incapacidad de la organización capitalista de la sociedad para superar sus contradicciones y abrir una vía que pudiera dar la razón a quienes, siguiendo a Bernstein y compañía, preveían la disminución creciente de las contradicciones capitalistas en favor de una evolución armoniosa hacia una forma de socialismo.
"Por encima de todo, la burguesía produce sus propios sepultureros".
Al desarrollar las fuerzas productivas de la humanidad, al forjar vínculos entre todas las regiones del planeta, el capitalismo ha preparado los materiales para reorganizar la sociedad sobre bases distintas a las de la propiedad privada de los medios de producción y la fragmentación por Estados.
Pero la historia no es un mecanismo de relojería. Es obra de clases sociales de carne y hueso. Sólo sobre la base de este análisis de la sociedad, es decir, sobre la base del marxismo, puede reconstituirse una fuerza revolucionaria capaz de derrocar al capitalismo.
"La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores" no es sólo un eslogan. La expresión elimina la idea de cualquier mecanismo automático. Aquí es donde la expresión de Rosa Luxemburg, hablando del descubrimiento de "la clase obrera moderna como categoría histórica", enlaza con el Programa de Transición, en particular con la idea que Trotsky repite varias veces de diferentes formas: "La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria". O: "La crisis actual de la civilización humana es la crisis de la dirección proletaria".
Estas frases son una constatación de las décadas pasadas pero, al mismo tiempo, resumen lo que tenemos que hacer. No es necesario volver sobre aquellas décadas que transformaron la victoriosa revolución proletaria en Rusia en su contrario. Es decir, una de las formas más democráticas de poder, la de los consejos obreros -los soviets- en una de las peores formas de dictadura sobre la clase obrera, que Trotsky comparó tantas veces con el fascismo, al tiempo que los oponía por sus respectivas bases sociales.
El estalinismo y el trotskismo
El análisis de la degeneración burocrática forma parte del trotskismo. Nos enfrenta a todos aquellos que, desde Stalin a Mao Zedong y una miríada de imitadores menores, se han reivindicado de Marx y del marxismo en algún momento de su existencia política.
La cuestión de por qué ha surgido esta crisis en la dirección del proletariado no puede plantearse sin mencionar la responsabilidad del estalinismo. No sólo su responsabilidad directa e inmediata, en los años 1920-1930, por la completa eliminación de la dirección del partido bolchevique, cuyos miembros no murieron de muerte natural. No sólo su responsabilidad en la caza de todos aquellos que intentaron reanudar los vínculos con el pasado revolucionario del proletariado. No sólo en la introducción del gangsterismo en las relaciones entre los componentes del movimiento obrero, los asesinatos, la tortura y los campos de concentración.
La responsabilidad histórica del estalinismo no se limita a la brutal lucha de clases librada por la burocracia usurpadora contra la clase obrera. No son sólo las oportunidades perdidas por la clase obrera por falta de una dirección política válida, desde Inglaterra y Alemania hasta China en los años 20; no son sólo las revoluciones traicionadas, como la de España en 1936. No fueron sólo las revoluciones directamente sofocadas o aplastadas en los países de Europa del Este en los años 50: Alemania del Este, Polonia y Hungría. También estaba todo el daño que dejó el estalinismo, que sigue pudriendo la conciencia de clase.
El estalinismo como tal está muerto, al igual que Stalin. Las leyes de la biología bastan para explicar por qué ya no quedan supervivientes de aquella época, algunos de los cuales fueron ejecutores o cómplices directos del estalinismo. Hoy no son muchos los que se declaran estalinistas, pero sus consecuencias destructivas continúan hasta nuestros días. Fue el estalinismo el que difuminó la línea entre la conciencia de clase proletaria y el vil magma que crearon los partidos estalinistas, conservando la etiqueta comunista: una especie de populismo, vagamente teñido de obrerismo y de consignas antiimperialistas. Este magma fue propagado por todos los PC bajo la influencia de la burocracia soviética, a medida que evolucionaban hacia el estalinismo. Se transformó en religión de Estado en la URSS como en las democracias populares; propagado por las autoridades y todos sus órganos; difundido por la radio y, llegado el momento, por la televisión, enseñado en las facultades bajo el nombre de marxismo-leninismo.
A medida que pasaba el tiempo y la burocracia moscovita forjaba alianzas diplomáticas con la Etiopía de Mengistu, la Somalia de Siad Barre, la República Popular del Congo-Brazzaville y muchos otros, la etiqueta de comunista o asimilado llegó a cubrir regímenes que, no teniendo nada que ver con la Revolución de Octubre ni con el proletariado, sólo tenían en común su carácter antiobrero.
Durante años, en la avenida principal de Brazzaville, los retratos del dictador de turno, Ngouabi o Sassou N'Guesso, se codeaban con los de Marx, Engels, Lenin y, al menos hasta cierto punto, Stalin, ¡retratos mucho más numerosos que en las democracias populares, que, sin embargo, estaban directamente dominadas por la burocracia soviética!
Fue el estalinismo el que dio a una multitud de corrientes nacionalistas burguesas la oportunidad de esconderse tras una retórica antiimperialista al principio, antes de revelar su verdadera identidad política, reaccionaria y cada vez más vinculada a la religión.
El papel del proletariado
Marx nos ha dejado un análisis de la dinámica del capitalismo que ha resistido al paso del tiempo, al igual que el papel insustituible del proletariado, que él había descubierto, según Rosa Luxemburg, ha resistido al paso del tiempo, a pesar de las sacudidas de la lucha de clases que hacen la historia.
Por la importancia numérica de su presencia en todo el planeta y por su papel en todos los aspectos del funcionamiento económico, el proletariado es hoy infinitamente más fuerte que en la época de Marx, e incluso mucho más tarde, en la época de la revolución rusa.
En la época de Marx, el proletariado moderno se limitaba a los países que ya habían vivido la revolución industrial o estaban en vías de hacerlo, esencialmente los de Europa, o al menos su parte occidental, y Estados Unidos.
Hoy, el proletariado está en todas partes porque el capitalismo está en todas partes. Y no se ha vuelto amorfo, está luchando. Fíjense en Bangladesh, que nos recuerda que mientras la industria textil ha decaído en Francia, Estados Unidos y una serie de países que se han vuelto imperialistas, ¡las fábricas de Manchester, Liverpool, etc., están hoy en Daca!
Cuando Rosa Luxemburg escribió que "antes de Marx, existía una masa de asalariados que se veían empujados a la solidaridad por la similitud de su existencia dentro de la sociedad burguesa", estaba haciendo la observación de que los trabajadores eran conscientes de formar parte de la misma clase. Pero fue Marx quien "los elevó al rango de clase sólo vinculándolos a una tarea histórica particular: la tarea de conquistar el poder político con vistas a la transformación socialista de la sociedad".
Pues bien, la diferencia entre la época de Marx y la de Lenin y Trotsky no radica en las posibilidades o la fuerza del proletariado, sino en la incapacidad de la intelectualidad para levantar de sus filas siquiera una minoría de intelectuales capaces de transmitir las ideas de Marx a los obreros en lucha.
“El puente que Marx tendió entre el movimiento proletario, tal como surgió de forma elemental del suelo de la sociedad actual, y el socialismo", escribió Rosa Luxemburg en el mismo texto, "fue, por tanto, la lucha de clases por la toma del poder político".
La intelligentsia, la revolución y el estalinismo
La intelligentsia siempre ha sido un producto de la burguesía. En el período ascendente de la burguesía, la intelligentsia estuvo en la vanguardia de las luchas de su clase, todavía progresista. Pero una fracción de ésta supo ir más lejos, romper con sus mayores y parientes e impulsar el deseo de transformación social que la sociedad albergaba mucho más allá de los límites de la sociedad burguesa.
Esta categoría de intelectuales era minoritaria, pero aportó a los trabajadores las ideas del futuro. A la época de Marx y Engels sucedió la de Guesde, Lafargue y muchos más, que desempeñaron un papel fundamental en la transmisión del socialismo revolucionario al proletariado durante la época de la Segunda Internacional.
Lo mismo le ocurrió a la intelectualidad rusa un poco más tarde, incluso antes del bolchevismo. Buscó la vía de la transformación política y social del zarismo recorriendo toda una serie de caminos equivocados: "ir al pueblo", alfabetizar a los campesinos pobres, diversas formas de populismo y terrorismo. Pero este ensayo y error político, con todos sus errores, abonó el terreno en el que creció el bolchevismo. Esta generación produjo a Plejánov, que reconoció que el marxismo era una herramienta mucho más eficaz que los ataques terroristas, y a Lenin, que fue capaz de añadir al compromiso de la generación anterior la profesionalidad que le permitió expresarse de una forma que le puso en condiciones de triunfar.
Toda esta continuidad fue interrumpida por el estalinismo. Y no sólo interrumpida, sino pervertida.
La victoria del estalinismo en la URSS fue la victoria de una contrarrevolución que produjo la burocracia soviética. En el dominio del estalinismo sobre el movimiento obrero en otros lugares que en el país de la revolución proletaria derrotada, el papel de la intelectualidad fue fundamental. Aquí en Francia, tenemos razones para recordar a Aragon, Kanapa, Politzer, Roger Garaudy y cientos de otros que se pusieron al servicio de la burocracia y literalmente se vendieron para cantar las más bajas alabanzas de Stalin y sus sucesores. Pero más allá de eso, ¿cuántos artistas de la talla de Picasso, científicos como Joliot-Curie, actores como Yves Montand o Simone Signoret, dieron su apoyo y crédito al estalinismo, asimilándolo al comunismo?
No estamos hablando de esa fracción de la intelligentsia, la gran mayoría, que nunca ha abandonado el campo de la burguesía y a la que ésta mantiene por dinero, por ambición, garantizándole unas condiciones de vida envidiables comparadas con las del proletariado. Hablamos de esta fracción minoritaria que, pretendiendo elegir el campo obrero, ha ayudado sobre todo al estalinismo a pervertir la conciencia política de clase de los trabajadores. Ha desempeñado un papel fundamental ayudando a la burocracia estalinista a erigirse en continuadora del comunismo.
En lugar de ser un puente entre las ideas de Marx y la clase obrera, fue, directa o indirectamente, un puente entre el movimiento obrero y los intereses de la burocracia estalinista y, por la misma razón, un puente hacia el nacionalismo burgués disfrazado de comunismo de Mao, Ho Chi Minh, Kim Il-sung y muchos otros.
Estos dirigentes nacionalistas, que adoptaron la etiqueta comunista abandonando sus perspectivas, dieron una solución llave en mano a las burguesías nacionalistas de los países pobres, para engañar a sus masas populares y ponerlas al servicio de la creación de un Estado burgués capaz de resistir el dominio político del imperialismo.
Una vez que el estalinismo hubo hecho su trabajo de demolición de la conciencia política de clase, dio paso a otras fuerzas políticas mucho más abiertamente reaccionarias.
Por ejemplo, el escritor Arthur Koestler (1905-1983) era el prototipo de representante de la intelligentsia judía que podría haber intentado ser un puente hacia los palestinos pobres, oprimidos y explotados de la región. Desde su juventud se sintió atraído por el sionismo, aunque su elección no fue definitiva, pero también por el comunismo, un comunismo pervertido por el estalinismo.
Sin embargo, Koestler comprendió muchas cosas que le llevaron a romper con el estalinismo, como puede verse en una de sus novelas más conocidas, El cero y el infinito (1945). Podría haber sido uno de los que sirvieron de puente entre las ideas de Marx y el proletariado judío y palestino. Sin embargo, la lectura de La torre de Esdras, una novela interesante, muestra cómo, aunque entendía muchas cosas de política, Koestler tenía ya ese desprecio por los campesinos, los pobres palestinos incultos, que sufrían y toleraban la opresión de sus señores feudales, que acabaría por hacerle impermeable a la necesidad de ganarse a los pobres palestinos. Koestler no era sólo un caso, sino el prototipo social de una intelectualidad austrohúngara del mismo tipo que había surgido en la Rusia zarista. Le faltó voluntad para encontrar el oído de los proletarios y de los palestinos pobres, y él, el intelectual con la cultura de un país relativamente rico y que formaba parte de las élites cultivadas de Europa Central, acabó uniéndose al sionismo. En la Rusia zarista también había una tradición de izquierdas, sobre todo del Bund y de su primera dirección, que era más bien socialdemócrata; y además, la idea del kibbutz era una ilustración no del socialismo en un solo país, sino de koljoses con democracia en una sola granja.
Si hay una conclusión social que sacar de todo esto, no es ciertamente que el proletariado haya fracasado como clase con "una tarea histórica particular, la tarea de conquistar el poder político con vistas a la transformación socialista de la sociedad".
Es la intelligentsia la que ha fracasado en sacar de su seno siquiera una pequeña minoría capaz de recuperar las ideas de la revolución social y, sobre todo, de transmitirlas a la clase social que es la única capaz de realizarlas.
Las tareas que son las nuestras
No se trata de lamentar las oportunidades perdidas en el pasado. Tenemos que reconocer que esta tarea no se ha cumplido, y que es necesario hacerlo. Corresponde a las generaciones futuras, proletarios e intelectuales, llevarla a cabo.
Los 140 años que nos separan de la muerte de Karl Marx son mucho tiempo, pero en su época se produjo la Comuna de París y más tarde la Revolución Rusa, y algunas otras que, incluso derrotadas, demostraron que la clase obrera era capaz de luchar por el poder.
En la historia de la lucha de clases, incluso los fracasos son a menudo una experiencia de aprendizaje para el futuro. La cultura política marxista no sólo se compone de episodios victoriosos, sino también de fracasos. Algunos son tan graves como para hacer volver atrás a una clase oprimida que lucha. Fue el caso del fascismo y también, sobre una base social diferente, del estalinismo. Otros son desilusiones, como las que siguieron a todos los episodios del Frente Popular y sus traiciones.
La burguesía, clase social antaño oprimida por las clases feudales, tardó unos 800 años en llegar al poder, ¡tras muchas batallas pero también muchos fracasos!
Además, la historia la hacen los propios hombres, y no hay un árbitro supremo que sostenga el cronómetro.
Como todos los revolucionarios, Marx y Engels actuaron como si la revolución fuera a llegar mañana. Todo el trabajo que realizaron durante y a raíz de la oleada revolucionaria europea de 1848-1849 demuestra que preveían y obviamente esperaban que esta oleada revolucionaria no se detuviera en los límites de la revolución burguesa, sino que se convirtiera en permanente (la palabra y el concepto datan de ese período) y que pudiera transformarse en una revolución proletaria.
Muchos otros, muy superiores a nosotros, han sostenido que si el proletariado hubiera tomado el poder cuando el imperialismo, el poder de los monopolios, sustituyó al capitalismo de libre mercado, la humanidad se habría ahorrado muchos sufrimientos, empezando por la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.
La única conclusión que podemos sacar es que lo que aún no se ha hecho, hay que hacerlo.
¿Qué podemos esperar en el próximo periodo? El año transcurrido nos ha mostrado la rapidez con que las llamas de la guerra se han propagado de Ucrania a Oriente Próximo, sin olvidar las múltiples llamaradas de guerra desde el Cáucaso hasta Sudán. También ha mostrado la interdependencia de los acontecimientos y de la crisis, en particular a través de las sanciones. Los múltiples vínculos forjados entre las economías de distintos países, que podrían y deberían dar a la humanidad un formidable punto de apoyo para controlar su vida económica y su organización social, son en cambio una fuente de caos.
El incendio puede provenir del interior de la propia economía, con consecuencias tanto para las relaciones entre naciones como entre clases. Por poner sólo un ejemplo: en la fase actual de la crisis económica no se ha producido, o todavía no se ha producido, una crisis bursátil de la magnitud de la del Jueves Negro del 24 de octubre de 1929. Ni siquiera una crisis financiera de la magnitud de la que estuvo a punto de engullir el sistema bancario mundial en 2008-2009... Pero el sistema financiero ha dejado tantas bombas de relojería que todos los dirigentes de la burguesía internacional temen un nuevo cataclismo. ¿Cómo reaccionarán las diferentes clases sociales ante una crisis financiera brutal, en la que la especulación desempeñará inevitablemente un papel destructor?
Detrás de las bombas de relojería de la esfera financiera, están las de la esfera social, las reacciones respectivas de las dos principales clases populares, la clase obrera y la pequeña burguesía, y sus relaciones respectivas en una sociedad dominada por la gran burguesía. ¿Serán capaces de ponerse de acuerdo contra su explotador y opresor común, la gran burguesía? ¿O conseguirá la burguesía engañar a ambos mediante su política de frente popular? ¿O enfrentará a la pequeña burguesía con la clase obrera? La evolución de la política hacia la derecha y la extrema derecha demuestra que los elementos humanos de una evolución hacia el fascismo siguen ahí. El fascismo no es sólo discurso de odio y demagogia racista antiárabe o antisemita. Es, sobre todo, la cólera capaz de movilizar a la pequeña burguesía, de volverla contra la clase obrera y de proporcionar a la burguesía el instrumento de represión que respalde su aparato oficial de Estado.
De lo único que podemos estar seguros es de que todos los amortiguadores puestos en marcha para atenuar las convulsiones sociales, incluso -y especialmente- en los países imperialistas, no serán suficientes.
La mera duración de la crisis, intercalada con conflictos armados, hará que la burguesía no haga concesiones a las clases trabajadoras, ni siquiera en el sentido del "al mismo tiempo" macronista. El periodo que tenemos por delante volverá a poner de actualidad las reivindicaciones de transición. ¿En qué orden? ¿Con qué prioridades? La propia lucha de clases nos dará la respuesta. A condición de que prestemos atención. Nuestra presencia en las empresas es limitada. Aunque se amplíe un poco más con las caravanas y las actividades locales, tenemos que aprovechar la inquietud, que empuja un poco más a la gente a buscar soluciones, para crear una mayor cantidad de vínculos.
Hemos dicho en varias ocasiones en los últimos dos o tres años que es el resurgimiento de la inflación lo que ha dado un impulso repentino a reivindicaciones como la escala móvil de salarios y la indexación de los salarios a los precios. Y la actualidad de las guerras ya está actualizando los capítulos del Programa de Transición que tratan de la expropiación de las industrias de guerra. Por otra parte, debemos ser conscientes de que la tendencia a la militarización de todos los regímenes se acelerará inevitablemente. Debemos estar preparados para ello.
Y necesitamos reclutar, como decimos todos los años. Sobrevivir significa sobrevivir como marxistas, sin abandonar nuestras ideas, sin poner agua en nuestro vino. Los horrores de la situación hacen que haya un cierto interés entre los jóvenes por la transformación social. Tenemos que encontrarlos y ganárnoslos. Pero sobre todo, ya sean de origen proletario o intelectual, deben convertirse en cuadros, capaces de transmitir las ideas comunistas revolucionarias y, por tanto, de adquirirlas e implantarlas en el proletariado.
En 2024 habrá elecciones europeas. Dada la rapidez con que se suceden los acontecimientos, discutiremos nuestras formulaciones con más detalle a medida que nos acerquemos a los plazos. En cuanto a nuestro eje, será el de nuestra propuesta de moción: una afirmación de nuestra identidad comunista revolucionaria. Denunciaremos el capitalismo, sus crisis, sus guerras y el callejón sin salida en el que el gran capital está atrapando a la sociedad.
Intervenciones de los grupos invitados
Combat ouvrier – Antillas francesas
Este año, no ha habido revueltas, movimientos sociales o huelgas ofensivas en ninguna de las dos islas, Martinica y Guadalupe. Si bien hubo tormentas, no eran sociales.
Situación social
Entre los trabajadores y la población existe un descontento, que por el momento no se expresa con fuerza ni de forma colectiva. Hay cuatro cuestiones principales en la raíz de este descontento:
El agua corriente, principalmente en Guadalupe
El aumento de los precios
La clordecona y el sobreseimiento por parte del tribunal
Los daños causados por las tormentas.
La cuestión del agua
Hace poco, sólo 9 de los 32 municipios tenían (oficialmente) agua potable. Pero cuando la Agencia general de la salud tomó la decisión de avisar a la población, mucha gente ya había bebido agua no potable. El agua contiene clordecona, materias fecales, cobre y restos de diversos medicamentos, por citar sólo algunos. Los compañeros que trabajan en la red nos dicen que, aunque el agua esté declarada potable por los funcionarios, no se debe beberla.
Cada vez más gente prefiere no beber agua del grifo y compra agua mineral en grandes botellas de plástico. Con lo cual, esas personas sólo ingieren plástico, por así decirlo… un mal menor, pero que cuesta caro.
Sobre este problema, el nuevo ministro de Ultramar, Philippe Vigier, perdió una buena ocasión de callarse. En el canal oficial Guadeloupe Premiere, contestó lo siguiente a la periodista que lo interrogaba: “Basta con calentar el agua a 70 grados, y luego guardarla en la nevera.” Él que se dice biólogo ni siquiera ha dicho 100 grados, que es la temperatura a la que se mata a muchas más bacterias. Pero ¿y las moléculas de clordecona y de cobre? ¿Se las mata? No. La clordecona sólo desaparece calentándola a más de 600ºC.
Esta respuesta pedante y desenfadada del ministro desagradó profundamente a la opinión pública. Evidentemente, no había comprendido la magnitud del problema y pensó que podía salirse con la suya dando una pirueta ante una población que esperaba soluciones contundentes al problema del agua. El resultado: la primera visita de Vigier a Guadalupe fue un fracaso.
El problema es que toda la red de suministro de agua está podrida. Hay numerosas fugas, la inmensa mayoría de las depuradoras no cumplen las normas y muchas están en avanzado estado de deterioro. Hay que reconstruir toda la red. Pero eso costaría dos mil millones de euros. Así que llevan años haciendo obras provisionales, poniendo parches en las tuberías podridas.
Es un poco como el barril de las Danaides, las princesas condenadas a llenar un barril agujereado en la leyenda griega. Esto es exactamente lo que se hace en el tratamiento de la red de suministro de agua.
La subida de los precios
En 2023, los precios han subido una media del 4% y siguen siendo entre un 28% y un 33% más altos que en el conjunto de Francia. Hasta un 40% más caros en el caso de los alimentos básicos.
El gobierno pretende hacer frente a la carestía de la vida en las Antillas francesas. Primero puso el foco en la falta de competencia en la gran distribución como causa de la carestía de la vida. Declaró que estaría atento a los abusos de posición dominante en determinados sectores comerciales. Sin embargo, no puede nada contra esa realidad, porque supondría hacer frente al lobby beke (los capitalistas descendientes de los esclavistas blancos) de la gran distribución, los concesionarios automóviles y piezas de recambio, en particular. Se enfrentaría a los grupos GBH (Bernard Hayot) y SAFO (familia Despointes), y sólo son dos ejemplos.
El gobierno propone eliminar o reformar el impuesto de arbitrio de mar, considerado responsable de la subida del coste de la vida. Se ha convertido en el mantra del Estado desde hace cierto tiempo. ¿Qué es el arbitrio de mar? Se trata de un muy antiguo impuesto colonial, inventado en 1670 por Colbert, el ministro de Luis XIV. Se impuso sobre todas las importaciones para proteger la producción interior de las colonias – es decir, la de los esclavistas. Una parte era devuelta a los municipios para su funcionamiento. En el principio, se trataba de asegurarse de que la colonia tuviera recursos públicos. Es un impuesto indirecto, que paga el pueblo. Supone una cuarta parte, y a veces hasta la mitad de los recursos de las autoridades locales.
En la realidad, son las grandes empresas las que aumentan sus márgenes de beneficios entre el Hexágono (así se denomina a la metrópoli francesa) y las Antillas. De ahí viene la carestía de la vida. So pretexto del alejamiento y los impuestos, los capitalistas se aprovechan para aumentar sus ganancias, y el Estado nada puede contra ellos. Quien decide de verdad no es el Estado, sino los capitalistas. La discusión sobre el impuesto de arbitrio de mar es una mera cortina de humo. Así que, para que el pueblo, los trabajadores, hagan frente a la subida de los precios, hay que subir los salarios, las pensiones y las ayudas sociales. Para ello, es preciso echar mano de las enormes ganancias de las grandes empresas.
Los huracanes y sus consecuencias
Los huracanes, convertidos en tormentas tropicales, han causado daños en los puentes y carreteras, y también en los barrios. Ahora sabéis de qué va esto, hasta en el Hexágono. En un año, hemos sufrido tres tormentas tropicales: Fiona, de la que hablamos el año anterior, así como Philippe y Tammy.
El problema de la clordecona
Los trabajadores del sector bananero han vuelto a manifestar su descontento porque, si bien los propios plátanos, como producto de superficie, no están contaminados con clordecona, el agua con la que se limpian sí está contaminada por ese producto, por lo que los propios trabajadores están contaminados. Este año, hemos perdido a varios de nuestros simpatizantes por cáncer, entre los cuales Marie-Anne Georges, una candidata de Combat Ouvrier, que estaba con nosotros desde muchos años. Citar su nombre y apellido en esta tribuna es un homenaje militante.
Después del sobreseimiento dictado por el tribunal, el pasado mes de enero se produjeron manifestaciones en Fort-de-France. Hay otras denuncias pendientes. Los expedientes de reconocimiento de enfermedad profesional existen, pero son procedimientos largos y burocráticos, con los cuales pocos trabajadores acaban siendo indemnizados.
Si bien los trabajadores bananeros no se han movilizado este año, los patrones del sector, por su parte, se han hecho oír. Manifestaron en Fort-de-France, y también en Guadalupe. Los grandes y ricos cultivadores han arrastrado tras de sí a los pequeños y medianos para exigir más ayudas y subvenciones. Alegan que, con la prohibición de la clordecona y, en general, la reducción del uso de pesticidas, gastan más dinero para combatir la cercosporiasis negra, causada por el hongo del plátano, lo que había hecho necesario el uso de clordecona. O sea que lloriquean, y el Estado les seca las lágrimas, como siempre.
Cada año reciben entre las dos islas unos 129 millones de euros en concepto de subvenciones europeas. Y siempre están descontentos cuando las tormentas no derriban las plataneras, porque pierden otras subvenciones.
En el plano político
Se nota por parte de los dirigentes locales una voluntad de ir hacia más autonomía, y hasta hacia un estatuto oficial de autonomía. Es más fuerte entre los notables de Martinica que en Guadalupe, de momento. Serge Letchimy, el presidente de la autoridad local, no pierde una ocasión de trasladar al gobierno su deseo de más autonomía, o de una verdadera autonomía y punto. Los notables de las asambleas locales están atentos a qué va a pasar en Córcega y en Nueva Caledonia sobre la autonomía prometida por Macron y la modificación de la Constitución.
Uno de los objetivos de Letchimy y los notables de la mayoría en la Colectividad Territorial de Martinica (CTM) sería obtener, por ejemplo, la libertad de recaudar impuestos o parte de ellos. Ahora Letchimy busca sumar todos los partidos, organizaciones y sindicatos posibles en torno a su proyecto. En todo esto, no hay nada que pueda ser beneficioso para los trabajadores de Martinica. Se trata de una operación de los notables respecto del gobierno. Procuran crear la ilusión de que tendremos una vida mejor cuando ellos, los notables locales, tengan algo más de poder – o sea, lo que París les otorgue.
Mientras tanto, el presidente de la CTM cuida una imagen de buen patriota martiniqués. En la CTM hizo votar el reconocimiento del criollo como idioma cooficial de Martinica junto con el francés. Se aprobó por unanimidad, menos un voto. Hizo levantar solemnemente la bandera martiniquesa y aprobar un himno martiniqués. Son pequeños gestos para complacer al sentimiento regionalista o nacionalista de parte del pueblo. También cuida su electorado de Fort-de-France y de los barrios pobres, de los cuales él viene.
Nosotros tendremos que volver a tomar posición y escribir sobre esta cuestión. No somos independentistas, ni autonomistas. Ante todo, somos comunistas revolucionarios, y como tales planteamos la cuestión. Por supuesto, para nosotros la autonomía no es la solución milagro para todos los males de los trabajadores y las masas pobres. Pero tampoco somos anti autonomistas, en un país cuya historia es una historia colonial. Debemos cuestionar el capitalismo y llamar a su derrocamiento, esto es, llamar a los trabajadores a crear su propia fuerza política, su propio partido, contra los capitalistas y sus servidores políticos – o sea todos los notables. Tanto bajo el estatuto actual como bajo una futura autonomía.
No haremos campaña por tal o cual forma del poder de los notables y los capitalistas. Mientras estos últimos detenten el verdadero poder, al seguir siendo los dueños de la economía, habrá que combatirlos. La autonomía sin que los trabajadores echen abajo el capitalismo sólo será una forma del poder de la burguesía, ya sea en Martinica, en Guadalupe, en otros territorios ultramarinos o en Córcega. Nosotros no contribuiremos a sembrar nuevos engaños entre los trabajadores esgrimiendo la autonomía.
¡Sí a la autonomía de los trabajadores y los pobres, no a la autonomía de los notables y los ricos!
The Spark – Estados Unidos
La guerra en Oriente Medio
El tema preocupa a mucha gente, al menos en las ciudades donde nosotros militamos. Es muy diferente de cuando estalló la guerra de Ucrania: entonces escribimos sobre ella en nuestro periódico y en nuestros boletines, pero, incluso entre nuestros círculos más cercanos, teníamos que entablar nosotros las conversaciones sobre el particular. Es verdad que la izquierda se apropió del tema, con unas consignas parecidas a las que se usaron en Francia, poniendo el foco sobre el derecho de autodeterminación para Ucrania sin hablar del papel de nuestro imperialismo.
La guerra en Oriente Medio afecta a mucha más gente, con reacciones más partidarias. A pesar de todo, en nuestras actividades públicas, hemos encontrado a mucha gente dispuesta a pararse a hablar con nosotros. En nuestro entorno, algunos querían discutir los motivos por los cuales Oriente Medio ha quedado dividido hasta hoy en día y del origen del Estado de Israel, pues esa historia no se cuenta en los reportajes. Empezamos a oír a trabajadores negros identificarse con la opresión permanente a la que la población de Gaza está sometida. Más allá de eso, hubo una reacción muy fuerte cuando la tele mostró los desplazamientos de palestinos del norte al sur de la Franja de Gaza, la destrucción de hospitales y de edificios de viviendas.
En cuanto a la extrema izquierda: el principal eslogan del SWP era “defender el derecho a existir de Israel” – de hecho un llamamiento, a veces abierto, a que Estados Unidos incrementara su apoyo. La mayoría de las otras formaciones izquierdistas no hacen mucha diferencia entre los palestinos y Hamás, algunos hasta aplaudieron el ataque de Hamás como una victoria del pueblo palestino.
Para nosotros, la guerra nos ha permitido hablar del papel que desempeña el imperialismo estadounidense en Oriente Medio, incluso en Israel. Y, por razones que desconocemos, esta guerra parece haber abierto los ojos de más personas de nuestro entorno a las realidades de la guerra, algunas de las cuales se horrorizaron ante ella y quisieron hacer algo al respecto.
La política interior
La gran noticia del momento son las próximas elecciones presidenciales, para las que falta casi un año. Pero salvo que ocurra algo imprevisto, ya sabemos quiénes serán los candidatos de los dos grandes partidos: Biden y Trump. Trump está utilizando las cuatro demandas en su contra para contraatacar, intensificando su retórica demagógica contra el gobierno de Biden. Por el momento, esta estrategia parece funcionar, ya que le está permitiendo multiplicar sus apoyos, al menos según los sondeos. Las encuestas, en la medida en que tienen algún valor a casi un año de las elecciones, indican que los demócratas tienen algo de qué preocuparse. Si las elecciones se celebraran hoy, Biden perdería frente a Trump por un margen sustancial. En el Partido Demócrata, hay quienes están refunfuñando y cuestionando abiertamente la edad de Biden. Pero el gran problema para Biden y los demócratas es la situación económica.
La economía va bien... para los ricos. Para el resto de nosotros, ocurre lo contrario. La tasa de empleo de los hombres en edad de trabajar es tan baja que recuerda a las registradas tras la crisis de 1929. Hay más mujeres trabajando, pero por las mismas razones que animan a los empresarios, incluidos los de las empresas más grandes, a contratar cada vez más niños. Pueden pagar a las mujeres y a los niños menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo. Más del 10% de los trabajadores de la industria, tanto hombres como mujeres, tienen contratos temporales. Y el 20% de todos los empleados son temporales o a tiempo parcial.
Biden afirma que la inflación se está ralentizando. Quizá, pero no en los productos que compran los trabajadores. Hoy compramos menos cosas con el sueldo de una semana que en los años setenta. Pero lo que está provocando la caída en picado de los ingresos de los trabajadores es la desaparición de las llamadas “prestaciones sociales”, es decir, las pensiones y el seguro de enfermedad. Estas prestaciones sociales forman parte del sistema de seguridad social en otros países industrializados. En Estados Unidos, antes las proporcionaban los empresarios, y ahora se están eliminando progresivamente, salvo para los altos ejecutivos y las profesiones liberales. La esperanza de vida de los trabajadores disminuye desde 2010. No se trata de un efecto estadístico. Puede que Estados Unidos sea el país más rico del mundo, como presumen sus propios dirigentes, pero tiene con diferencia los mayores niveles de desigualdad entre los países industrializados.
Por lo tanto, se considera a Biden responsable del empeoramiento de la situación de la mayoría de los trabajadores, aunque haya aparecido en un piquete organizado por el sindicato del automóvil. Y, hasta ahora, las credenciales de Biden son igual de malas cuando se trata de la cuestión de la guerra, especialmente desde el comienzo de la guerra en Oriente Medio. La gente ve la destrucción de Gaza por Israel en las noticias de la noche, y oye a Biden prometer más dinero y armas a Israel.
Entre los trabajadores, el apoyo a los demócratas sigue cayendo en picado, incluso entre los negros, que han sido su base de votantes más sólida y leal. Una encuesta reciente mostraba que el 22% de los votantes negros están dispuestos a votar a Trump, e incluso más del 30% entre los hombres negros... a pesar de que Trump es abiertamente racista.
El único tema en el que Biden puede mantener algo de apoyo es el derecho al aborto. En 2023 se celebró un nuevo referéndum sobre este tema en Ohio, donde los republicanos tienen mayoría, a iniciativa de organizaciones de defensa de los derechos de la mujer y del derecho al aborto. Se trataba de aprobar una enmienda a la Constitución del Estado para proteger el derecho al aborto. Contó con el firme apoyo de las asociaciones médicas y se vio coronado por el éxito, con la aprobación del 57% de los votantes. Es la séptima vez que la cuestión se somete a referéndum desde que el Tribunal Supremo dictaminó que debe ser competencia de cada Estado. Y la séptima vez que las personas consultadas han dicho que la mujer debe ser libre de decidir. Por supuesto, una enmienda constitucional no garantiza nada. Pero los resultados de estas votaciones y la campaña que se hizo para conseguirlos demuestran que los ciudadanos están profundamente comprometidos con la defensa de este derecho.
La huelga del automóvil
El tema que nos ocupó durante gran parte de este año fue la posibilidad de organizar una huelga en la industria del automóvil, y luego la huelga en sí. Desde el cambio en marzo al frente de la UAW, el sindicato del automóvil, los nuevos dirigentes han utilizado un discurso un tanto radical, que parecía prometer una huelga. En cualquier caso, esta huelga nos parece mostrar claramente el papel que desempeñan los trabajadores del automóvil en la economía y el poder que este papel les confiere.
La huelga fue seguida de cerca por otros batallones de la clase obrera. El hecho de que los trabajadores del automóvil consiguieran algunas de sus reivindicaciones, aunque los medios de comunicación exageraran enormemente esta victoria, dejó claro que, si quieres mejorar tu situación, tienes que estar preparado para ir a la huelga. La huelga de la industria automovilística no fue la única de este año, pero fue con mucho la más importante. Preocupó por igual a los medios de comunicación, a los comentaristas económicos y a los políticos. Los llamados tres grandes – Ford, General Motors y Stellantis – ya no dominan la industria automovilística como en los años 70, cuando representaban el 60% de los trabajadores del sector y el 80% eran miembros de la UAW. Hoy, estos tres fabricantes emplean sólo al 13% de los trabajadores del sector, y la UAW sólo reúne al 20%. La industria del automóvil puede estar fragmentada, con bajos niveles de sindicación, pero sigue siendo un sector altamente interdependiente, y esto es lo que preocupaba a los medios de comunicación.
¿Podría esta pequeña concentración de poder sindical poner en movimiento a todo el sector, y al resto de la economía a su paso? ¿Atraería una huelga organizada por la UAW a miembros no sindicados? Pero la nueva dirección de la UAW dejó muy claro con sus actos, si no con sus palabras, que respetaba las reglas del juego. La “huelga” duró seis semanas. En su mayor parte, los trabajadores fueron espectadores. Sólo había piquetes en 9 de las 86 plantas principales de los tres grandes fabricantes. También había decenas de centros muy pequeños sin actividad productiva. Pero la producción del sector apenas se vio afectada por la huelga. Los medios de comunicación hablaron de una “nueva forma de hacer huelga”. Shawn Fain, el nuevo líder de la UAW, explicó: “Vamos a crear confusión en las empresas. Van a estar preguntándose constantemente qué va a pasar a continuación, y eso va a aumentar el poder de nuestros negociadores”. En otras palabras, fue una huelga como las que hemos visto antes.
Los dirigentes sindicales subrayan que el éxito se basa en su inteligencia, no en la acción de los trabajadores. Y, desde luego, era imposible que los trabajadores tuvieran control alguno sobre las acciones emprendidas en ese marco. La huelga y su marcha fueron decididas por la dirección de la UAW, sin ninguna participación de los trabajadores. Esta “nueva forma de hacer huelga” no era más que un nuevo disfraz de la forma habitual de organizar una huelga desde arriba, sin consultar a las bases. Pero esta huelga puso de manifiesto una nueva y más clara división entre huelguistas y no huelguistas en la misma empresa. Fue supervisada muy estrictamente desde el principio. La nueva dirección sindical incluso canceló la única reunión que había existido hasta entonces, es decir, la visita de los trabajadores en huelga a los locales del sindicato para inscribirse como huelguistas durante la primera semana, y luego cada semana para recibir su paga de huelga.
Se trataba de un proceso puramente técnico, que duraba varias horas, pero que al menos permitía a los trabajadores que querían reunirse hacerlo de forma natural. En cambio, los nuevos burócratas sindicales lo redujeron todo a contactos por Internet. Cada huelguista recibía información sobre la huelga por correo electrónico, y su paga de huelga se transfería directamente a su cuenta bancaria.
Una vez a la semana, Fain, el líder de la UAW, anunciaba a bombo y platillo en Facebook qué centros estaban en huelga, si es que había alguno. Era un poco como ver el sorteo de la Lotería. Los trabajadores podían escribir sus comentarios en la página de Facebook, pero no había debate entre ellos y, tras la primera semana, los dirigentes sindicales dejaron de responder a los comentarios y preguntas de los trabajadores. La actividad se limitó a seis horas de piquete a la semana por cada huelguista, y sólo en los centros realmente en huelga. Esta forma de organizar la huelga dio lugar a concentraciones muy pequeñas en fábricas enormes, y dio a los huelguistas pocas posibilidades de reunirse.
En Detroit hubo una concentración de unas mil personas, pero no se hizo ningún esfuerzo por implicar a más trabajadores. Fue simplemente un truco publicitario organizado frente al Salón del Automóvil. Además de Fain, subieron al escenario Bernie Sanders y otros cargos del Partido Demócrata. Se celebró otro mitin en Chicago, con aún más oradores del Partido Demócrata, así como los dirigentes del sindicato de profesores de Chicago. Otro día, Biden se unió a un piquete... el tiempo suficiente para pronunciar un discurso.
Cuando por fin se anunciaron los acuerdos sobre los contratos, los comentaristas rozaron el éxtasis: “¡Histórico!”, “¡Nadie pensaba que Fain pudiera ganar!” Antes incluso de que los trabajadores tuvieran la oportunidad de votar sobre los contratos, los mandaron de vuelta al trabajo. Esto subrayaba aún más, si cabe, que su aprobación se consideraba una mera formalidad. Pero empezaron a llegar votos en contra de los acuerdos desde algunas fábricas importantes. Fain y otros burócratas de la UAW organizaron entonces un debate especial en Facebook para explicar que no se puede conseguir todo lo que se quiere... ¡como si los trabajadores no fueran conscientes de ello! Un vicepresidente del sindicato llegó a sugerir que los trabajadores no entendían cómo funcionan las negociaciones. Hay que reconocer que los trabajadores no tienen la última palabra. Pero los que dijeron no a los acuerdos han empañado un poco la poca gloria atribuida artificialmente a Fain en los medios de comunicación. En Ford y Stellantis, más del 30% de los trabajadores votaron en contra. Pero en GM, donde los trabajadores habían vivido una huelga colectiva cuatro años antes, el voto negativo casi se impuso entre los trabajadores de producción. Curiosamente, el voto negativo fue especialmente fuerte en los centros que habían estado en huelga.
Por supuesto, durante las seis semanas de huelga, intentamos discutir con los trabajadores lo que estaba pasando y lo que la gente quería. En Ford, un camarada organizó reuniones con unas docenas de trabajadores para hablar de cómo preparar a sus compañeros para la huelga. Durante la huelga, organizamos a algunas personas de los centros en los que estábamos presentes, que no estaban en huelga, para que fueran a los piquetes de otros centros. Los trabajadores que fueron y los que estaban en los piquetes agradecieron la oportunidad de reunirse. Hicimos algunos contactos nuevos, y quizás algunos compañeros de trabajo y algunos militantes entiendan ahora un poco mejor lo que es realmente la burocracia sindical.
Otra huelga está en marcha en Blue Cross. Un camarada que trabaja allí pudo hablar en nombre de los trabajadores que simplemente querían saber por qué había huelga. Obligaron a la dirección del sindicato a organizar una reunión, y otros trabajadores ganaron confianza para plantear sus preguntas. El 23 de noviembre, la huelga duraba ya diez semanas. La mayoría de los huelguistas son mujeres con hijos, que suelen ganar salarios más bajos que en la industria del automóvil. A lo largo de todos estos acontecimientos, hemos proseguido nuestro trabajo militante habitual en los centros en los que estamos presentes, así como la actividad sindical de nuestros compañeros que tienen un mandato.
Nuestra participación en las elecciones
Estamos trabajando para cumplir los requisitos legales para presentarnos a las elecciones del año que viene.
En Baltimore, donde nuestros totales de votos en elecciones anteriores están por debajo del nivel requerido para presentarnos, hemos empezado a recoger firmas para volver a registrar el Working Class Party. Esta recogida de firmas, que también abarca Chicago y California, no es una pérdida de tiempo. Nos han permitido hablar con personas que de otro modo nunca habríamos conocido.
En Michigan, acabamos de organizar un congreso del Working Class Party de este Estado [1]. Entre otras cosas, hemos decidido presentar candidatos el año que viene. Pero los principales discursos de la convención se centraron en dos cuestiones: en primer lugar, las lecciones que hay que aprender de las huelgas en la industria del automóvil y en Blue Cross para las futuras luchas de la clase obrera; y, en segundo lugar, los cambios en la situación internacional, caracterizada ahora por la guerra, que están teniendo una nueva influencia en nuestras actividades.
Debatiendo estas cuestiones ahora podemos preparar nuestro entorno para lo que probablemente será una campaña algo diferente el año que viene.
Organisation des travailleurs révolutionnaires (OTR) – Haití
La barbarie de las pandillas
La actualidad de Haití sigue estando dominada por el dominio cada vez mayor de las bandas armadas sobre el país, las luchas de las clases acomodadas y de sus aliados internacionales para aflojar el dominio de estas pandillas, las interminables y ridículas conversaciones sobre una intervención militar extranjera y las repercusiones de esta situación catastrófica sobre las condiciones de vida de la clase obrera, de las masas y del país en su conjunto.
Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en su residencia oficial en julio de 2021, existe un gobierno oficial, apoyado por las embajadas occidentales. Hay un cuerpo de policía, un ejército embrionario desde hace cinco años e incluso un grupo de paramilitares: la BSAP (Brigada de Seguridad de las Zonas Protegidas). Las misiones diplomáticas internacionales, con su reducido personal, aportan una presencia simbólica. La clase política también está presente. Pero todas estas personas están reducidas a la condición de títeres de las pandillas, que se han erigido en los verdaderos amos de la zona.
Los políticos en el poder se contentan con llenarse los bolsillos, mientras que los de la oposición urden planes para hacerse con el poder. Todo esto mientras las masas apuran el cáliz hasta las heces, mientras el país se hunde.
Por su parte, todos los grandes comerciantes, empresarios, banqueros y compañías soportan a las bandas armadas aceptando pagar un rescate. Ese es su mundo. En el fango, en la suciedad, en medio de cadáveres y toneladas de inmundicia hedionda, siguen, sin vergüenza, extrayendo dividendos de sus actividades económicas, ¡suficientes para compartirlos con los jefes de las pandillas! Esto no excluye, por supuesto, la quiebra de algunos de ellos, incapaces de hacer frente a la situación.
Pero lo que molesta a la clase burguesa no es tanto la situación catastrófica del país, el deterioro de los derechos humanos, el hambre, el desempleo, las violaciones de niños, ni siquiera la violencia de las bandas armadas contra las clases trabajadoras; tampoco que organismos internacionales como la ONU y la OEA sigan denunciando todas estas atrocidades en sus informes; es sobre todo que se han dejado desbordar por las bandas criminales.
Los principales líderes de las pandillas que operan en el área metropolitana solían ser el brazo armado de la burguesía e intervenir en nombre de la patronal en la zona industrial para romper los huesos de los trabajadores que se manifestaban contra las malas condiciones de trabajo.
En nombre de los políticos, intervenían en las calles para reprimir ferozmente a los estudiantes y a las masas de la población que exigían mejores condiciones de vida. Pero hoy, estos criminales se distancian de sus amos y actúan por cuenta propia.
El 80% de Puerto Príncipe, la capital, que cuenta con unos 4 millones de habitantes, está bajo la influencia de estas bandas armadas. Son capaces de llevar a cabo operaciones lejos de sus bases. Ocupan las principales carreteras e instalan peajes. Están en proceso de hacerse con el control de los mares: a bordo de sus lanchas y barcos, mientras comercian con armas y drogas, interceptan los pequeños veleros que unen ciertas comunidades costeras. También disponen de drones que vigilan su entorno inmediato.
¿Llegarán a ocupar el poder oficial y físicamente? Se trata más bien de una cuestión táctica, dado lo mucho que dominan la situación. De los cientos de grupos armados que se han contabilizado, tal vez cuatro o seis sean emergentes, pero se hacen la guerra entre ellos con regularidad. Todos son unos canallas, matan a niños, ancianos y mujeres embarazadas e incendian las casas de los más pobres. El que parecía tener habilidad política, un ex policía llamado Barbacoa, ha sido desbordado por grupos aún más criminales. Pero entre los matones, la idea caló.
Mientras tanto, la clase obrera y las masas siguen recibiendo golpes. Se intensifican los ataques por parte de pandillas, patrones, grandes empresarios y gobierno para apropiarse de todos los frutos de la explotación de la clase obrera y las masas populares.
La zona industrial se está vaciando de sus trabajadores. Una a una, las fábricas y las pequeñas y medianas empresas van cerrando sus puertas, enviando a sus trabajadores a casa sin apenas dinero. Las pocas subcontratas que siguen funcionando en la zona lo hacen con una plantilla reducida. El salario mínimo, que ha rondado los 4 dólares por jornada laboral durante los últimos 35 años, sigue perdiendo valor. El bloqueo de los salarios, la elevada inflación y la devaluación de la moneda local frente al dólar estadounidense son una calamidad a la que se suman los efectos de las pandillas, como los secuestros para exigir rescate, el desvío de camiones de mercancías que provoca una espiral de precios, los costes desorbitados del transporte público, las guerras entre diferentes bandas, etc. Todos estos factores contribuyen al aumento de la pobreza.
Muchos barrios obreros se están vaciando de sus habitantes, expulsados por los ataques de las pandillas. El caso de Carrefour-Feuilles (suburbio de la capital) es un ejemplo desastroso: en septiembre, cerca de 200.000 personas huyeron de sus casas para escapar de la furia de los delincuentes. Decenas, si no centenares, de personas murieron, y muchas siguen desaparecidas. Una vez que los habitantes se marcharon, los criminales saquearon las casas y luego les prendieron fuego.
Desde hace tres o cuatro años, estos ataques criminales se suceden con regularidad, cada vez con el resultado de masacres, con su cuota de muertos, miles de desplazados, huérfanos y familias desestructuradas. Se habla muy poco de ellos, porque la vida de estos pobres trabajadores en paro cuenta poco o nada. Esta desastrosa situación ha llevado a un político a decir que la esperanza de vida en el país es de 24 horas renovables. Para evitar estos ataques asesinos, la gente se atrinchera donde aún puede: detrás de los sacos de arena, detrás de las numerosas barreras instaladas en las entradas de sus barrios.
Desesperados, muchos jóvenes sólo tienen una idea: ¡huir del país! Desde enero, entre 100.000 y 110.000 de ellos han emigrado a Estados Unidos a través de un programa humanitario del gobierno estadounidense, y 600.000 solicitudes esperan respuesta. También huyen a Canadá.
Recientemente, en desacuerdo con su homólogo estadounidense, el gobierno nicaragüense abrió su país como punto de tránsito para los migrantes haitianos. En pocas semanas, decenas de miles de jóvenes han huido de Haití hacia Nicaragua, desde donde esperan llegar a Estados Unidos a través de la frontera mexicana. La magnitud del fenómeno fue tal que el gobierno estadounidense ordenó al gobierno haitiano que detuviera los vuelos chárter desde su territorio y amenazó con procesar a sus organizadores por tráfico de seres humanos.
Casos de resistencia a las bandas
En lo que respecta a las luchas de los trabajadores y las masas contra el auge de las pandillas, se han producido varios “zarpazos” por iniciativa de la población, las operaciones de protección conocidas como Operación Bwa Kale. Pero si bien todas estas iniciativas tuvieron el mérito de validar que sólo la movilización de las masas podía poner fuera de combate a las bandas criminales y al sistema que las hizo nacer, ninguna de ellas duró y ninguna alcanzó a una franja importante de las masas populares. Estos movimientos se extinguieron incluso antes de alcanzar la madurez en términos de organización y conciencia de clase.
Hay que señalar, sin embargo, que existen ciertas zonas donde las pandillas no se atreven a poner el pie por el momento. Recientemente, en Mirebalais, una comuna de 100.000 habitantes situada a 30 km de Puerto Príncipe, la población les plantó cara. Los gánsteres atacaron la comuna hacia las 2 de la madrugada. Pero se toparon con una población que se había preparado. Tomados por sorpresa, huyeron hacia el bosque, disparando en todas direcciones. Los habitantes les persiguieron. Sin munición, algunos se subieron a los árboles para protegerse. Pero fueron pillados como manzanas.
Y la resistencia de los trabajadores
La situación es muy parecida en lo que respecta a la clase obrera. A pesar de la sombría situación, se han producido algunas huelgas, algunos levantamientos en algunas fábricas.
Hace quince días, mientras los obreros se afanaban por sacar la cuota de uno de los pocos días de trabajo que les “ofrecía” el patrón, en plena jornada, la dirección envió un mensaje diciendo: “La fábrica suspende definitivamente sus actividades a partir de hoy. La dirección os informará por teléfono de las consecuencias”, añadía el mensaje. No decía más.
Los trabajadores enfadados pararon inmediatamente. A esto siguió medio día y toda una noche de lucha, durante la cual el jefe y su padre fueron mantenidos en la empresa. Los trabajadores querían una garantía de que recibirían el dinero de los últimos días de trabajo, el dinero de las vacaciones anuales, la prima de fin de año, su periodo de preaviso y una indemnización. Durante más de 16 horas, los trabajadores tomaron el control de la fábrica. Temiendo también por sus salarios, los guardias de seguridad prometieron lealtad a los huelguistas, dándoles las llaves de las puertas y señalándoles dónde se iban a esconder el jefe y su banda. Los trabajadores recibieron ayuda de un director de radio que retransmitió su movimiento en directo.
Así fue cómo se enfrentaron a la policía con éxito, frente a dos tanques y un ejército de letrados, así como a los gánsteres que vinieron a apoyar al patrón. Al final, sobre las 4 de la mañana, los policías dieron el asalto, rompiendo una barrera con un vehículo blindado. Algunos obreros se tumbaron en el suelo para detenerlos.
Pero, mientras estaban en plena pelea, unos responsables sindicales corruptos se reunían en otro local, con otros responsables de la fábrica, a espaldas de los trabajadores en lucha. Una comisión obrera, que es como un comité de huelga, fue puesta en marcha esa misma noche para contrarrestar las maniobras de los sindicatos con el patrón. Los obreros no han ganado y a día de hoy siguen negociando con el patrón.
Union africaine des travailleurs communistes internationalistes (UATCI) – Costa de Marfil
El negocio de la CAN lo pagan las clases populares
El gobierno marfileño lleva unos años orientado hacia la preparación de la Copa de África de las Naciones de fútbol (CAN), que empieza a mediados de enero. En Abiyán, las obras públicas, construcción de vías nuevas, cruces, puentes, hoteles de lujo y demás edificios de prestigio, se multiplican.
No cabe detallar aquí las operaciones para echar a miles de familias pobres para dejar sitio a las construcciones – empezaron mucho antes del inicio de las obras. Lo nuevo es que la circulación, ya complicada en tiempos normales, se ha vuelto un infierno.
En horas punta, el precio de un trayecto en gbaka o woro-woro (minibús y taxi colectivo) se duplica e incluso se triplica. Los trabajadores dedican pues la cuarta parte, y a veces la tercera parte de su sueldo a moverse. Si bien existe una sociedad de transporte público, con precio más razonable que el de gbakas y woro-woro, el número de autobuses es tan insuficiente que a veces hay que esperar horas, sin tener garantizado un sitio ahí dentro, por lo petados que están.
Como consecuencia de esta situación, cada vez más trabajadores tienen que quedarse a dormir en el lugar de trabajo y vuelven a casa al fin de la semana. Además, con la inflación en inmuebles suben los alquileres, con lo cual las familias pobres tienen que irse cada vez más lejos, en la periferia de Abiyán, al no ser que encuentren un rincón en un barrio de chabolas.
Uno de nuestros compañeros, que trabaja en la edificación, encontró un trabajo a treinta kilómetros de su casa. Una distancia razonable, pero el coste del transporte diario se monta a unos 2,5 euros, por un ingreso medio diario de 11 euros. Como no se lo puede permitir, duerme donde trabaja.
Riqueza y pobreza
Los ricos gozan de una vida agradable. El centro de Abiyán se parece cada día más a una bella ciudad, con sus grandes vías floridas, sus edificios de lujo, sus centros comerciales, sus restaurantes, galerías de comercio, que se parecen a las de Francia, y a veces más lujosas aún, pues existe en este país una verdadera clase burguesa, con un poder adquisitivo considerable.
Para ellos, la economía va bien. Además de la producción agrícola, que suma la cuarta parte del producto interior bruto (PIB), están el gas, el petróleo, el oro, los diamantes y demás minerales. También están el comercio, el puerto, la industria. El PIB se multiplicó por siete entre 1990 y 2022, unos datos que sobre todo significan que hay dinero en este país, y algunos se hacen de oro a expensas de los trabajadores y los pequeños campesinos.
La situación de los trabajadores viene empeorando. La pobreza se extiende a la gran mayoría de los hogares. Se nota la subida de la pobreza, incluso en las empresas modernas. Hace treinta años, al ver a un trabajador o una trabajadora salir de la fábrica, a veces era difícil, para una persona exterior, imaginar que se trataba de un obrero o una obrera. A día de hoy, los trabajadores de la misma fábrica salen demacrados, desgastados. Son cada vez más los que duermen en la fábrica porque no pueden volver a casa todos los días.
Dos trabajos
Asimismo, ahora es frecuente ver a trabajadores que cumulan dos empleos, por ejemplo, vigilante de noche y obrero de día. Los hay que toman dos turnos sucesivos en la misma fábrica. En la zona industrial de Yopougon hay jóvenes que salen de una fábrica para irse a otra a trabajar. Sacan dos veces un sueldo de dos veces 7 euros, con 16 horas de tajo. A menudo hay que pagar para obtener un empleo.
Hay pocas luchas. Un compañero que trabaja en una pequeña fábrica metalúrgica acaba de vivirlo. Estaba en el turno de noche, su máquina tuvo una avería. Sobre la medianoche, no estaba arreglada, y se les dijo que volvieran a casa, cosa imposible a esas horas tardías. Entonces se pasaron la noche dentro de la fábrica. Pero al día siguiente tenían un cero en el fichaje, incluso en el del mecánico que se había empeñado en arreglar la avería – sin lograrlo, puesto que se trataba de un problema eléctrico y no había técnico de electricidad de turno. Los trabajadores, todos jornaleros, no protestaron, por miedo a ser despedidos y encontrarse sin dinero.
Otro ejemplo del miedo. Se trata de una fábrica en la cual apareció un panfleto por primera vez. La explotación es muy dura allí. Al ver el papel, sin siquiera leerlo, un trabajador reaccionó negativamente, diciendo: “Aquí vienes a arreglártelas, y esa gente viene a arruinarte el trabajo.”
En otra empresa, un viejo trabajador acostumbrado al panfleto dijo: “Está bien lo que escriben, pero no hay que olvidar que tenemos que mantener a nuestras familias.” Semejante reacción se observa delante de las fábricas de la zona industrial de Yopougon. Un joven trabajador dijo: “Este papel, ¿qué es lo que hace?” y otro le dijo: “Da rabia, pero si nos echan, los que reparten este papel no vendrán a ayudarnos.”
Asimismo, hay desconfianza hacia todo lo que se parezca a un sindicato. Hay miedo, y también un sentimiento de traición y decepción. En su amplia mayoría, los trabajadores son jornaleros, y hay muchos despidos. El trabajador citado antes lleva cuatro años en la misma empresa, pero mediante una subcontrata. Tiene un estatuto de jornalero, no tiene vacaciones ni nada. Cuando no hay pedidos, le dicen que se quede en casa, sin sueldo, por supuesto. Y puede suceder que lo llamen de repente para currar sábados y domingos, o que lo obliguen a echar horas extra.
Hace poco, su jefe lo echó de su sección. Estuvo dos semanas sin trabajo. Luego tuvo que negociar con un jefecito de otra sección para integrar un equipo, trabajando las dos primeras semanas gratis, so pretexto de formación. Su trabajo consiste en sellar cajas de cartón y cargarlas en paletas. Se trata de una empresa bastante moderna, que produce por cuenta de grandes multinacionales. Para esos pesos pesados de la industria, la vida de un trabajador no cuenta.
En el sector de la construcción, no va mucho mejor la cosa. En caso de accidente laboral, incluso mortal, no suele haber problemas para el patrón. Éste se las arregla con la administración corrupta para salirse con la suya.
La degradación de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera se inició en enero de 1994 con la devaluación del 50% del franco CFA y viene empeorando en los últimos treinta años. Si bien no se muere de hambre en Abiyán, la situación va a peor. Cada año viene con más privaciones, y unas condiciones de existencia más difíciles para los trabajadores.
Puede que hayamos subido un nuevo grado, lo notamos alrededor de nosotros. Hay gente pobre que duerme en la terraza de una farmacia o una tienda cualquiera, ahí dónde se puede proteger de la lluvia. A menudo, duerme allí el vigilante. A veces, también se puede ver una familia, con niños. Son cosas que antes no se solía ver.
Los vendedores callejeros, llamados banabana, son cada vez más numerosos en las calles de Abiyán. La mayor parte viene de los países vecinos. Dicen que existen redes especializadas para esta actividad, lo cual no es de sorprender, visto la situación económica y política de aquellos países. Existe una red guineana para las vendedoras callejeras. Trabajan por cuenta de quienes las hacen venir, por decenas. Por la noche, incluso sobre las nueve, mientras todavía hay atascos en las calles, ahí están, deambulando entre los coches para proponer sus mercancías a los conductores y a los pasajeros.
Situación política
Puede que nos estemos encaminando a una crisis de sucesión del presidente Ouattara, que está en la mitad de su tercer mandato. Los oponentes cuestionaron su reelección, puesto que la Constitución establece el límite en dos mandatos.
Los próximos comicios presidenciales son para 2025, pero entre bastidores, ya ha empezado la batalla de sucesión. Bedié, uno de los tres líderes que polarizan la vida política del país desde hace tres décadas, murió este año. Junto con Alassane Ouattara y Laurent Gbagbo, estaba en todas las crisis políticas, las matanzas étnicas y xenófobas desde 1993 y la sucesión del primer presidente del país, Houphouët-Boigny. Cada protagonista se apoyó en su etnia y su región para llegar al poder. Terminó en un baño de sangre y la escisión del país en dos partes. Forma parte del pasado, pero las mismas causas pueden producir los mismos efectos.
Desde la muerte de Bedié, dos pesos pesados ya están en la carrera por ser elegido el candidato de su partido. Uno de ellos es Jean-Louis Billon, de una rica familia franco marfileña, considerado el hombre más rico del país. Con sus 30.000 empleados en Costa de Marfil, abandera su posición de primer patrón del país después del Estado. El segundo precandidato, Tidjane Thiam, también es un rico financiero internacional. Hace unos años, ostentaba el cargo de director general del segundo banco de Suiza. Es pariente de la familia de Houphouët-Boigny. Parece que goza del respaldo de algunos caciques del partido. Al igual que el presidente Ouattara, Tidjane Thiam ha pasado la mayor parte de su carrera en el extranjero, y no se metió en los altibajos de la vida política marfileña.
El ex presidente Laurent Gbagbo regresó a Costa de Marfil hace unos años, tras estar diez años encarcelado en Países Bajos por el Tribunal Penal Internacional. A pesar de su edad, ya ha declarado que será candidato en 2025 si su partido le da la investidura. De momento, este partido, el nuevo Partido de los Pueblos Africanos (PPA-CI), no marcha muy bien, y han tenido pésimos resultados en las elecciones locales.
Ouattara, ahora presidente, deja en suspenso su posible cuarto mandato presidencial. Sea como sea, algunas personas de su entorno ya se expresan en ese sentido. Y si no es candidato, tendrá otro asunto que arreglar en cuanto a su sucesión, puesto que su partido, el RHDP, está entre las manos de hombres de negocios, enriquecidos a la sombra del poder. Esos hombres se le parecen, pero él no parece inclinarse por dejarles una herencia. Quizás por eso mismo hace tres años nombró como vicepresidente al ex gobernador del BCEAO, quien tomaría el relevo en caso de poder vacante. De esta manera apartó al presidente de la Asamblea Nacional, que hasta entonces era el sustituto oficial del presidente, por ejemplo, en caso de fallecimiento de éste.
Pero da el caso que este vicepresidente, aunque venga del Norte como Ouattara, no parece gozar de un gran respaldo dentro del partido, con lo cual, pueden pasar muchas cosas de aquí a 2025.
Ya se verá si Ouattara y Gbagbo logran pactar un acuerdo o si están dispuestos a la pelea, lo cual trae consigo el riesgo de reactivar el etnismo y la xenofobia y llevarnos a otra nueva crisis política, con la consiguiente barbarie.
Worker’s Fight – Gran Bretaña
El teatro político
La última peripecia de la farsa política ha sido la marcha del gobierno de Suella Braverman, ministra del Interior, racista, hostil a los inmigrantes, aunque por ironía ella misma venga de la inmigración.
No la han despedido por xenófoba ni por hostil a los migrantes, ni tampoco por llamar “marchas del odio” las manifestaciones contra el bombardeo de Gaza por el ejército israelí. Lo que le costó su puesto fue su negativa a cumplir las órdenes y su ambición de sustituir a Rishi Sunak como jefe del Partido Conservador. El nuevo ministro de Interior, el ex reservista del ejército británico James Cleverly, sí que sabrá obedecer.
¿Será capaz de impedir que los refugiados crucen el Canal de la Mancha en sus pateras, así como lo han prometido los Tories (conservadores), y expulsarlos a Ruanda? Ya veremos. Para hacerlo, sería necesario que Gran Bretaña escape de la jurisdicción de los dos tribunales que administran la justicia internacional, en el marco de la UE y la ONU, ya que bajo este régimen del derecho internacional el Tribunal Supremo británico decidió que los proyectos del gobierno con Ruanda eran ilegales.
Es poco probable que el gobierno llegue hasta ese punto, al no ser que decida dejar al próximo gobierno laborista un rompecabezas de los buenos.
Hacia un regreso de los laboristas
Hay elecciones legislativas previstas en los próximos doce meses. Los conservadores llevan 20 puntos de retraso respecto al Labour Party en las encuestas. Simplemente no pueden ganar. Para ellos, todo ha ido a peor después del voto del Brexit en 2016. Hoy en día, el 57% de la población piensa que el Brexit fue un error, y no es de sorprender: es la mayor causa de la inflación galopante en Gran Bretaña.
Los conservadores tienen cuentas pendientes. Por si fuera poco, su gestión indignante de la pandemia de Covid es recordada cada día por una misión oficial encargada de estudiarla. La decisión de imponer el confinamiento demasiado tarde conllevó el tercer mayor balance al nivel global en porcentaje de muertos.
Hace dos semanas, un responsable científico explicó cómo, entonces, el primer ministro Boris Johnson (quien dejó el estudio de las ciencias a los 15 años), no entendía nada: ni la estadística, ni los gráficos, ni la diferencia entre los riesgos relativos y absolutos… Se supo que Johnson y Sunak pensaban que había que dejar morir a las personas mayores. De hecho, 40.000 de ellas murieron en los dos primeros meses de la pandemia.
Hace poco, el ministro de Finanzas Jeremy Hunt presentó el presupuesto de otoño. Los espíritus burlones subrayaron que le iba a resultar difícil dibujar una “línea roja” entre su política y la del Partido Laborista. Los líderes laboristas en los Comunes están pues entre los más derechistas de la historia del partido, lo cual no es poca cosa para quien recuerda la época de Tony Blair…
Cuando los nacionalistas escoceses del SNP presentaron en el Parlamento británico una resolución para exigir un alto el fuego en Gaza, el líder laborista, “sir” Keir Starmer, prohibió a sus diputados votar a favor. Respalda al cien por cien las represalias de Netanyahu. Fue Starmer quien, en 2020, apartó a Jeremy Corbyn, el anterior jefe laborista, que usaba un lenguaje más de izquierdas. Lo acusó de ser un antisemita por apoyar la causa palestina. El Partido Laborista hizo suya la definición del antisemitismo establecida por la Alianza Internacional por la Memoria del Holocausto, según la cual algunas críticas de Israel son puro antisemitismo. Ahora bien, jurídicamente, el antisemitismo se considera un crimen de odio.
Afortunadamente, hasta ahora se ha detenido a poca gente por este motivo. Pero en la última manifestación londinense por una “Palestina libre”, la policía repartió un panfleto que avisaba a los manifestantes de no cantar eslóganes que pudieran apoyar el terrorismo o ser antisemitas – sin más precisión.
Las luchas obreras liquidadas
El año pasado, hablamos mucho aquí de la serie de huelgas que desde el verano habían abarcado a varias categorías de trabajadores.
Este año, se ha tratado de capitular, y era previsible. El gobierno y la patronal resistieron a las huelgas, que se agotaron. No recibieron un apoyo verdadero por parte de los laboristas: con la mirada puesta en las elecciones, el Partido Laborista no quiere que lo acusen de relaciones con las luchas de la clase obrera. Se acabó el juego, los huelguistas han sufrido una derrota, a pesar de no haber llevado la lucha colectiva necesaria. El dirigente sindical Mick Lynch, del sindicato de ferroviarios RMT, acaba de pedirles a sus miembros que voten a favor de una propuesta de acuerdo peor aún que la que la propia dirección sindical rechazó hace seis meses. Los trabajadores están cansados de las huelgas de 24 horas que no llevan a ninguna parte, y con los gastos de Navidad en perspectiva, es probable que lo acepten.
El otro gran batallón de huelguistas en 2022 y a principios de 2023 fueron los carteros. Están muy amargados. Tras cuatro meses sin ser llamados a huelga, sin noticias de los dirigentes sindicales, finalmente fueron invitados a votar en julio sobre un convenio malísimo, pero que sus dirigentes recomendaban aceptar. Después de 18 días de huelga repartidos en 10 meses, en vano, estaban hartos… al final el 76% de los carteros votaron el convenio. Éste vale para tres años; establece una subida salarial del 4% en los dos próximos años, y una prima de 500 libras. Estando la inflación en torno al 8,9%, esto supone una reducción del salario real. Los carteros también se ven golpeados por una serie de EREs. Los trabajadores de clasificación han sido informados de que ya no son necesarios. ¡Pero trabajan sin descanso! Se ejerce presiones sobre ellos para que se vayan, pero con una indemnización reducida a la mitad. También se los incita a que se pasen al reparto, lo cual supone tener el carné de conducir, o ser capaz de caminar.
A fin de cuentas, ninguna categoría de trabajadores ha salido mejor parada con las huelgas. Los conductores de trenes y los médicos del NHS (la sanidad pública) no han firmado el convenio, pero está por venir.
La situación social
La situación de la clase obrera no es brillante. Según datos oficiales, 14,5 millones de personas viven en la pobreza, o sea más del 20% de la población. El último presupuesto del gobierno, al mismo tiempo que baja los impuestos de la patronal, reduce las ayudas sociales para los desempleados de larga duración. No hay dinero para el NHS, deficiente, que tiene a 7,8 millones en listas de espera. Sería sorprendente que le sistema de salud no colapse este invierno.
Bund Revolutionärer Arbeiter – Alemania
Otra crisis política
Desde mediados de noviembre, el gobierno alemán está sumido en una nueva crisis política. Para tapar la amplitud de su endeudamiento, había escondido varios cientos de miles de millones de subvenciones a la patronal metiéndolos en unos fondos especiales que no aparecen en el presupuesto oficial. Pero ocurre que el Tribunal Constitucional acaba de declarar ilegal el uso de esos fondos. El gobierno, que, por supuesto quiere mantener las subvenciones a la patronal, debe encontrar urgentemente otra fuente de financiación para esos 60.000 millones de euros, un detalle.
Los tres partidos del gobierno – SPD, Verdes y liberales – se pelean por saber si cabe agravar el déficit, subir los impuestos al gasóleo, eliminar ayudas a los desempleados y a las familias pobres... y puede que acaben haciéndolo todo a la vez.
No se trata de la primera crisis de ese gobierno; todas son crisis relacionadas con el empeoramiento de la situación económica.
Como trasfondo, una degradación económica
Es de recordar que, entre 2010 y 2019, Alemania estuvo en una situación un tanto excepcional. La producción industrial había subido durante diez años, y superaba el nivel de antes de la crisis financiera de 2008. Pero desde la pandemia, la producción no ha vuelto a alcanzar ese récord. En 2021, bajó hasta niveles de antes de 2008, y sigue desde entonces una curva descendiente, por los varios motivos que se conocen: subida de los precios, en particular de la energía, achicamiento del mercado global y especialmente del mercado chino, medidas proteccionistas en Estados Unidos, etc.
Con el fin de garantizar las ganancias enormes de la patronal a pesar de un entorno económico más difícil y procurar responder al Inflation Reduction Act estadounidense, el gobierno derrama subvenciones inauditas sobre las grandes empresas. Pongamos algunos ejemplos: 15.000 millones para Intel y MSC para la construcción de dos fábricas de chips; 30.000 millones para subvencionar el precio de la luz de las empresas industriales; 2.000 millones para ThyssenKrupp y otros varios miles de millones para las fábricas automovilísticas en nombre de la “transición ecológica”.
Los regalos a la patronal los pagarán las clases populares; y para justificarlos, la patronal y el gobierno han lanzado una campaña catastrofista, diciendo que, si no se reduce masivamente el coste de las empresas industriales, Alemania pronto ya no tendrá industria. Se dirigen a las clases populares, que sufren las graves consecuencias de la subida masiva de los precios para decirles: “Para nosotros los patrones, sufrimos igual. La subida de los precios, en particular la energía, nos lleva a la ruina. Por eso el Estado tiene que rescatarnos.”
Esta campaña viene cobrando credibilidad porque la respaldan no sólo todos los partidos parlamentarios, sino también los sindicatos. Y lo que es peor, los sindicatos llaman a los trabajadores a salir a la calle para reivindicar más ayudas a la patronal, versionando el chantaje de que, si no lo hacen, las fábricas serán deslocalizadas o cerradas.
Los sindicatos piden en particular que la industria no pague más de 4 céntimos el kilovatio/hora, cuando los consumidores – es decir, sus propios empleados – pagan en promedio 40 céntimos. Con semejante “reivindicación” el sindicato de química movilizó a 8.000 trabajadores de BASF en Ludwigshafen. La semana pasada, IG Metall movilizó a 10.000 metalúrgicos en Duisburgo. La patronal está muy contenta y paga el sueldo de quienes van a Duisburgo manifestar.
Se trata de una campaña infame, que desarma a los trabajadores justo en el momento en el que la patronal y el gobierno se ponen más agresivos para proteger las ganancias capitalistas a pesar de la bajada de las ventas, justo cuando, al contrario, lo que toca es preparar a los trabajadores a defender su existencia contra la clase dirigente.
Antes, las consecuencias de la bajada de producción apenas se hacían sentir entre los trabajadores. La actividad parcial se mantiene en niveles bajos y el total de las horas trabajadas ha sido este año el más elevado desde la reunificación del país. Eso podría cambiar muy pronto: en las últimas semanas, varias grandes empresas anunciaron EREs, incluso cierres. ¿Cómo luchar contra los ataques, si – es lo que dicen los sindicatos – los patrones tienen sí o sí que reducir sus costes de producción? ¿Cómo defenderse contra las medidas de austeridad, que pronto van a llegar, si son “necesarios” los regalos a la patronal?
Toda la campaña actual sobre la supuesta necesidad de salvaguardar la competitividad de la industria alemana se parece mucho, y es casi idéntica a la que el canciller Schröder llevó a cabo a principios de los años 2000, para preparar ideológicamente la introducción de las leyes Hartz, que provocaron la caída de los salarios y extendieron la precariedad y las jornadas parciales no deseadas. Al igual de lo que pasó entonces, la campaña actual viene con una propaganda abyecta contra los supuestos aprovechados.
La extrema derecha lo tiene fácil
Todo lo dicho es inquietante. En vez de dar la voz de alarma, los sindicatos difunden la idea de que la patronal y los trabajadores tendrían que luchar juntos contra un gobierno que no respaldaría suficientemente la industria.
Así es cómo le hacen el juego a la extrema derecha, que también propaga la idea de que los problemas de la economía alemana vienen del precio de la energía y que la política errónea del gobierno es responsable de ello. Hablando de política errónea, se refieren a las sanciones contra Rusia y al supuesto “fanatismo climático”. Según dicen ellos, el gobierno SPD-Verdes-Liberales estaría arruinando los fundamentos de la industria alemana al tomar demasiadas medidas obligatorias para “proteger el clima”. Han organizado una verdadera caza de brujas contra un movimiento de jóvenes que se ponen en las grandes vías y obstaculizan la circulación, para reivindicar más medidas ecológicas, tachándolos de terroristas peligrosos.
Su propaganda cala, sobre todo porque las clases populares pronto empezaron a detestar al gobierno, en el seno del cual los Verdes son muy visibles, y que se pasa el tiempo en rivalidades políticas entre los tres partidos, mientras una parte cada día mayor de la población no llega a fin de mes por la subida de los precios.
En las últimas elecciones regionales en Baviera y Hesse, en octubre, los partidos de gobierno se desplomaron, mientras el partido de extrema derecha AfD logró un resultado récord para Alemania occidental, con respectivamente el 14,5% y el 18,4% de los votos.
Los refugiados como chivos expiatorios
El fortalecimiento del AfD desencadenó una campaña contra los migrantes, con los partidos de gobierno y la derecha en la oposición haciéndose competencia en las propuestas antirrefugiados, para contrarrestar al AfD. Los refugiados, de los cuales tres millones llegaron entre 2015 y 2023, son acusados de ser responsables de todos los males de la sociedad, y en particular, de la falta de viviendas baratas, de plazas en las guarderías y las escuelas – mientras que la escasez existía antes de su llegada.
Como resultado, la idea de que Alemania estaría desbordada por un flujo inmanejable de refugiados se hace común, y nos la encontramos en todas las conversaciones.
Es muy probable que la brecha entre comunidades se agrande aún más a raíz de la masacre en Gaza. El gobierno alemán tiene una actitud especialmente intransigente: hasta dijo Scholz que “no puede haber en Alemania dos opiniones diferentes” al respecto. Todos los alemanes deberían apoyar a Israel y su “legítima defensa” por la supervivencia de los judíos y de su Estado.
Todos los partidos en el Parlamento lo apoyan. Desde la extrema derecha hasta Die Linke, votaron un apoyo sin condiciones a Israel. Los sindicatos cantan la misma canción.
No se puede afirmar que la propaganda unidireccional haya convencido a la mayor parte de la población, sin embargo, muchos alemanes ya no saben qué pensar y se callan. Para poder hablar de ello, a menudos tenemos que entablar una conversación hablando del peligro de guerra imperialista global, porque ese peligro preocupa a mucha gente.
El silencio entre los no inmigrados viene a reforzar la sensación de que todos los alemanes comparten la posición del gobierno. Muchos inmigrados, en particular los de Oriente Medio o Turquía, entre los cuales la mayoría están indignados ante la masacre de palestinos, tienen la sensación de vivir en una realidad paralela. Muchos no se atreven en expresarse en público. En las empresas o en nuestras actividades militantes, tenemos nosotros que decir lo que pensamos primero, para que se abran a la discusión. Los hay que nos dan las gracias. Esas conversaciones son una oportunidad para explicar que no es una guerra de religión entre comunidades, y que como comunistas revolucionarios pensamos que todos los explotados tenemos que luchar juntos contra el imperialismo y contra todos los opresores. Entre los inmigrados recién llegados, entre los cuales hay muchos sirios, afganos e iraquíes, nuestras ideas pueden hacer eco a lo que han vivido personalmente – un buen número de ellos viene de huir de las guerras imperialistas y de los integristas de su país.
Lutte ouvrière – Isla de La Reunión
Desempleo y pobreza récord
La Reunión es una provincia francesa con tristes récords. El más preocupante es el dato del paro. En el primer trimestre de 2023, unas 153.790 personas estaban inscritas en Pole Emploi, la agencia de empleo, o sea el 18% de los 873.000 habitantes. Se trata de la tercera provincia más pobre de Francia, después de Mayotte y la Guayana. En tres años, las condiciones de vida de las clases populares se han degradado a causa de la inflación. Entre julio de 2022 y julio de 2023, según datos del Instituto de Estadística (el Insee), los precios de la alimentación han subido un 8,2%; los productos frescos, un 7%. En 2018, la subida de precios, en particular la de los carburantes, provocó el movimiento de los chalecos amarillos, que paralizó la isla durante tres semanas.
Como respuesta a las reivindicaciones de la población, el gobierno Macron y su entonces ministra de Ultramar, Annick Girardin, habían propuesto una revisión del “escudo-calidad-precio”, agujero sin fondo al que recurren todos los prefectos de la isla cuando el problema del poder adquisitivo se vuelve acuciante. A pesar de este escudo de cartón, la vida es cada vez más cara para las clases populares.
La pauperización en todas sus dimensiones
La pauperización de las clases populares no es sólo económica. A este respecto, quisiera subrayar algunas peculiaridades sociales que socavan la sociedad reunionesa.
Según datos oficiales, en 2022 La Reunión era el cuarto territorio en términos de violencias machistas: el 15% de las mujeres son víctimas de violencias en la pareja, o sea tres veces más que en el Hexágono. También es el territorio francés más afectado por los problemas relacionados con el síndrome alcohólico fetal. La agencia regional de salud lo define así: “La forma clínica más frecuente […] es causa de trastornos del desarrollo neurológico, fracaso escolar, trastornos de conducta, delincuencia y detención, consumo de productos en la adolescencia.” No es nada inevitable que una región productora de alcohol vea cómo su población se hunde en el alcoholismo. En cambio, el paro y las condiciones de vida demoledoras son llevadoras de esa plaga, que viene arruinando la salud física y más aún la salud moral.
Uno 120.000 reunioneses son iletrados, o sea el 23% de la población. ¡Este dato ha sido por así decirlo constante en los últimos 40 años! Por lo tanto, no son los días de lucha contra el analfabetismo o las “casas de leer” de las asociaciones – por muy benévolas que sean éstas – los que solucionarán el problema.
En cuanto a diabetes, el 13% de la población adulta está afectada, con dos veces más pacientes que al nivel estatal.
Una economía de subvenciones en modo insular
Debido a la crisis, muchas pequeñas empresas están a punto de quebrar. En cambio, los negocios de los grandes grupos capitalistas, en particular Hayot, Leclerc, Ravate, Tereos etc. que controlan la gran distribución, el bricolaje o la alimentación marchan bien. Les han perdonado el impuesto de beneficios para cinco años en las zonas francas urbanas (ZFU), y reciben millones de euros de subvención por parte del Estado y de la UE, que al nivel local reparten la provincia y la región. Cuando se trata de repartir regalos a los capitalistas, la región se lleva el premio. Viene dirigida desde 2021 por una alianza de izquierda, encabezada por Huguette Bello, una ex dirigente del Partido Comunista Reunionés (PCR) que se fue para montar su propio partido, el PLR (“Pour la Reunion”).
Buen ejemplo de su política de regalos a las empresas es la movilización de capital para rescatar la aerolínea Air Austral. Esta empresa pertenecía al 99% a Sematra, una sociedad mixta de la que la región poseía el 73,5%. Air Austral se estaba desmoronando bajo el peso de una deuda de 250 millones de euros, y la presidenta de la región hizo un llamamiento al “patriotismo” de “los inversores reunioneses”. Un grupo de inversores privados, entre los cuales Run Air, un grupo liderado por Michel Deleflie, patrón de Clinifutur, se presentó como comprador… con la condición de que se perdonara la deuda de la empresa. Mensaje recibido al cien por cien por la región, el Estado, la provincia y la Comisión Europea, que autorizaron un apoyo de 119 millones de euros para reestructurar la empresa. La provincia, que es otro accionista de Sematra, otorgó una subvención de 5 millones de euros; por lo tanto, son ya 185 millones de euros de deuda borrada en beneficio de Run Air, que ahora controla el 55% de Air Austral. Huguette Bello, nombrada presidenta del consejo de vigilancia de la empresa, se alegró de una operación que ella considera “un gran orgullo”. Por su parte, Michel Deleflie, que quería ganar en todo el tablero, como buen capitalista, no dudó en recordar que el objetivo es “trabajar duro” por “garantizar la rentabilidad y la competitividad” de Air Austral.
Huguette Bello también protagonizó el 1 de diciembre, en nombre del pluralismo de la prensa local, el voto en la asamblea regional de una ayuda de 660.000 euros para uno de los dos diarios de la isla, en peligro de quiebra. Inmediatamente el otro diario, el Journal de l’Île de la Reunion (JIR) pidió una ayuda similar porque su situación no era mejor. Otro diario, Le Quotidien, creado hace 47 años por el industrial reunionés Alfred Chane Ki Chune, estaba cargado de deudas; la hija del fundador despidió a la tercera parte de los periodistas, lo que provocó una caída aún mayor del número de ventas. Si no hay un comprador fiable a mediados de diciembre y el tribunal de comercio confirma la liquidación de la empresa, 150 trabajadores perderán su empleo. El patrón de la imprenta local que saca el JIR es candidato a la compra, y su plan consiste en eliminar los derechos de los periodistas, y sustituirlos por ChatGPT para ahorrar en salarios.
Los aprovechados de la crisis
La presidenta de la región va a tener otra oportunidad de demostrar su devoción a los intereses de la burguesía, a mayor escala: acaba de ser nombrada por un año en la presidencia rotativa de las nueve regiones ultraperiféricas de la Unión Europea (Guayana francesa, Guadalupe, San Martín, Martinica, La Reunión, Mayotte, Canarias, las Azores y Madeira). Este nombramiento la coloca en la puerta de las instituciones europeas proveedoras de dinero público. Podrá hacer de intermediaria por cuenta de los valiosos emprendedores que lloriquean por el dinero estatal y europeo. Lo mismo hacen los políticos de todos los colores al servicio del sistema.
Respuestas obreras
La ofensiva patronal se hace sentir en todos los sectores. Se producen huelgas contra los despidos, contra las malas condiciones de trabajo y por subidas salariales. Pongamos unos ejemplos.
Los chóferes basureros de Derichebourg hicieron huelga en varias ocasiones para exigir que la dirección de la empresa les facilite camiones de recogida que cumplen las normas de seguridad. Los camiones no son arreglados y son un peligro para todos. Ha habido más de veinte accidentes laborales, y en un mismo equipo de cuarenta, las tres cuartas partes están de baja por motivos de salud, según los sindicatos.
El mes pasado, los trabajadores de la red de transportes del este, SPL Estival, con 126 empleados, hicieron una huelga de seis días contra una serie de despidos decididos por el mandatario judicial y la dirección, pues la empresa, que arrastra una deuda de 2,9 millones de euros, está en fase de concurso de acreedores. Los trabajadores llevaban meses notando un despilfarro general y los sindicatos lo venían denunciando. El director fue cesado, pero los seis alcaldes de la comunidad, o sea los ordenantes, no asumen responsabilidad, y cada uno acusa al vecino. En cambio, todos están de acuerdo en que su negligencia la paguen los trabajadores.
La huelga ha sido masiva. Casi todos los autobuses estaban parados. Para los huelguistas, la consigna era simple: ¡ni un despido!
Una coordinadora de sindicatos ha dirigido la huelga. Los compañeros de Lutte ouvriere hemos militado porque los huelguistas tomen la dirección de la huelga entre sus manos, pero en realidad los trabajadores se mantuvieron al margen y confiaron en la dirección de los sindicatos.
Sin consultar a los huelguistas, los miembros de la coordinadora sindical propusieron soluciones a la dirección, incluso bajadas de sueldos asumidas públicamente. Los huelguistas estaban enfadados, pero eran menos, y no fue suficiente para organizar una dirección nueva. Los sindicatos han pausado la huelga, a la espera de nuevas negociaciones.
En noviembre, los sanitarios del conjunto hospitalario (CHU) se lanzaron a la huelga para pedir más recursos materiales y humanos. Se ha presentado la huelga como una victoria, porque al cabo de unos días de movilización en la puerta de los centros hospitalarios del norte, del sur y del oeste, los huelguistas han logrado que el gobierno aumente el coeficiente geográfico – del 31 al 34%. Esta medida aportará unos 15 millones de euros más al CHU, pero no es suficiente, porque la deuda del establecimiento supera los 80 millones. Sobre todo, la medida no satisface a los huelguistas, que siguen reclamando la contratación en fijo de más de 1.100 trabajadores precarios.
La CGTR
Mientras la patronal ataca y la inflación erosiona el poder adquisitivo, la dirección confederal de la CGTR está metida en peleas internas. El secretario general ha sido acusado de malgastar el dinero del sindicato y cesado por la comisión ejecutiva y el comité confederal, que son los dos organismos dirigentes, dos años después de iniciar su mandato. Se ha apartado a la mayoría de los miembros del buró salido del congreso de 2021 e implementado un buró de transición. En nombre de sus respectivas estructuras sindicales, siete miembros de la comisión ejecutiva que no estaban satisfechos fueron a un tribunal para ajustar cuentas con ese buró de transición, al que acusaban de no cumplir los estatutos. El pasado 10 de noviembre, el tribunal de Saint-Denis nombró una mandataria para “por una parte, garantizar el funcionamiento de la confederación; y, por otra parte, garantizar el cumplimiento de los estatutos”. Esta persona desempeñará durante seis meses – y a expensas del sindicato – el papel de secretario general de la CGTR.
Esta situación sin precedentes indigna a muchos militantes de la CGTR e incluso más allá del sindicato. Nosotros seguimos siendo responsables de la Unión Regional del Este, por lo que nos dirigimos a los miembros recordándoles los principios que defendimos en el último congreso, en 2021: que el sindicato debe ser una escuela de la democracia obrera, en donde los trabajadores deben encontrar su sitio. Con ese objetivo, habíamos propuesto revisar los estatutos para abrir la comisión ejecutiva a todos quienes quisieran involucrarse y dedicar su buena voluntad y su tiempo a la elaboración de la política del sindicato y de sus actividades. Nuestra propuesta fue rechazada.
¡Al final, los ajustes de cuentas en un pequeño círculo cerrado han llevado a entregar el mando de la organización sindical a manos de una representante oficial del Estado burgués! Nunca pues las cosas habían quedado tan claras.
Mayotte
Las noticias, reportajes y viajes ministeriales no han dejado de poner el foco en la situación catastrófica en Mayotte. Penuria de agua, autobuses y coches apedreados, operación policial “Wuambushu”, pandillas de jóvenes abandonados, carestía de la vida, nada de lo que les amarga la vida a los Mahoreses ha sido solucionado. En cambio, todo eso alimenta la política autoritaria y xenófoba de Darmanin y Le Pen.
Política
Cinco de los siete diputados reunioneses son de izquierdas, pero pasan desapercibidos comparados con la presidenta regional o la alcaldesa socialista de Saint-Denis. A principios de este año, con el movimiento contra la reforma de las pensiones, tomaron algunas posiciones similares a las de los sindicatos, pero en general no se separan mucho del nacionalismo. Así pues, con comunicados y gestos parlamentarios, con el pretexto de oponerse a la política del gobierno central, suman sus voces al concierto contra los “zoreils” (los blancos de la metrópoli).
A veces da para reírse. Un diputado de Nupes (alianza de izquierdas) del Este, Jean-Hugues Ratenon, participó en la polémica que desataron dos militantes nudistas al hacer senderismo desnudos, con la mochila, en los derroteros de la isla. Los medios han contado diversas reacciones indignadas, y el diputado se ha sumado, por puro nacionalismo gregario, diciendo que “es inadmisible, escandaloso, profundamente chocante. […] Nosotros los reunioneses no compartimos esa cultura que se parece mucho a la depravación.”
Lutte ouvriere / Arbeidersstrijd – Bélgica
Bélgica, sede de la OTAN
En las declaraciones bélicas de los dirigentes de los países de la UE, Bélgica no sobresale; pero son apariencias tramposas.
El cuartel general de la OTAN está en Bélgica, y la industria armamentística belga también quiere su cuota del botín. Los cazas F-16 entregados a Ucrania por los países miembros de la OTAN serán mantenidos por Sabena Technics en Bélgica – y la empresa se muestra muy satisfecha con el contrato. El ejército belga no es una excepción. El presupuesto militar se dispara, también las contrataciones: han anunciado 4.000 reclutamientos para 2024, un récord que hay que comparar con el estado catastrófico de la enseñanza. La escasez de docentes lleva a eliminar muchas horas lectivas, pero ahí no hay contrataciones. En cambio, el ministro responsable de la enseñanza francófona se plantea en voz alta bajar los salarios de los docentes.
En la enseñanza profesional y técnica se ha abierto una nueva formación muy en fase con la actualidad: la de “profesiones de defensa y seguridad”.
Agravación de la explotación
En las empresas, la explotación es cada día peor. En las subcontratas de Audi, los eventuales son llamados una hora después del inicio del equipo, cuando los jefes han contado el número de ausentes y el volumen de producción que hay que sacar. Son contratos de unas pocas horas, durante las cuales a veces hay que producir el equivalente de una jornada completa. Los que se niegan caen varios puestos en la lista de eventuales. En la propia Audi, la dirección anunció varios sábados trabajados, pero en vez de los sábados, los trabajadores se encuentran con varios periodos de paro. Por ahora, las decisiones de la dirección del grupo sobre el futuro de la fábrica, en la que se produce un modelo eléctrico que llega a fin de ciclo, están supeditadas a la evolución de la situación de Audi en China, la de la movilidad eléctrica en Europa, la guerra de Ucrania, la próxima guerra que va a estallar en alguna parte, etc. Ante las dudas de la dirección y el anuncio de la “suspensión” del segundo modelo producido en la fábrica, se extiende la preocupación entre los trabajadores.
Con todo ello, las ganancias acaban de batir nuevos récords, a pesar de un volumen de producción y de ventas a la baja. Los dividendos del grupo Volkswagen, dueño de Audi, han subido un 80% desde 2019.
¿Boicot o huelga?
El conflicto social que viene marcando el año ha sido el de los supermercados Delhaize, una empresa que lleva un tiempo siendo propiedad del grupo holandés Ahold. En febrero de 2023, la dirección del grupo hizo público su proyecto de franquiciar los 128 supermercados que todavía explota directamente, lo cual supone un ataque mayúsculo a las condiciones laborales y los salarios. ¡Con la pérdida de las primas y la antigüedad, algunas trabajadoras perderían hasta el 25% de su ingreso! Las empleadas más mayores temían que los nuevos dueños de la franquicia las echaran. Hubo reacciones de los trabajadores en todas las tiendas afectadas. Duraron varios meses, con una gran simpatía de la población, a pesar de los agentes judiciales, las amenazas con multas, etc. Pero en ningún momento las direcciones sindicales han buscado ampliar el movimiento, extenderlo al sector de la distribución, aunque ni una cadena de supermercados se haya salvado de las reestructuraciones en los últimos meses.
Peor aún, la idea central del movimiento no fue la huelga sino el bloqueo y el boicot. Se pedía a los clientes que boicotearan a Delhaize, y los almacenes quedaron bloqueados varias veces. Con estanterías vacías y la pérdida de clientes, se suponía que Delhaize no lo tendría fácil a la hora de encontrar candidatos para las franquicias. Se invitaba pues a los clientes que se fueran a comprar en Aldi, Lidl, Carrefour o Colruyt… donde las condiciones laborales no son mejores. El resultado fue sobre todo aislar a los trabajadores, y lo mismo los supermercados se están franquiciando, tal y como quería la dirección. Los dirigentes sindicales acaban de sacrificar no sólo los salarios y las condiciones laborales y de vida de las trabajadoras y trabajadores afectados, sino también la mejor implantación sindical en el sector.
Hacia nuevas crisis políticas y ataques sociales
El gobierno parece que va a aguantar hasta las próximas elecciones, previstas en junio de 2024… pero una crisis política el día después de las elecciones es muy probable. En las últimas elecciones en 2019, más del 20% de los votos válidos fueron a partidos que nunca estuvieron en el gobierno.
En Valonia, el Partido de Trabajo de Bélgica (PTB) es quien mejor aprovecha el descontento. Se trata de un partido con referencia maoístas, que se presenta como a la izquierda del Partido Socialista (PS). En Flandes, es la extrema derecha, el Vlaams Belang, mantenido al margen del poder por un “cordón sanitario”. Según las últimas encuestas, el PTB lograría el 19,2% de los votos en Valonia, y en Flandes, el Vlaams Belang se convertiría en el primer partido, con el 23,3%.
Formar una coalición de gobierno será un ejercicio aún más difícil que en las últimas elecciones. Los nacionalistas flamencos han anunciado que sólo darán su apoyo a una coalición si se acepta dar un paso más en el desmembramiento del país. Es seguro que la crisis será aprovechada para colarnos otra nueva reforma de Estado – y es bajo esta forma cómo se dan los mayores ataques sociales en Bélgica. Quedan pocos poderes en manos del gobierno federal, o sea, competencias que a su vez puedan ser traspasadas a las regiones. Si descartamos el ejército, el trozo que queda sin desmembrar es el sistema de seguridad social.
Los trabajadores de las tres regiones belgas deberán encontrar una vía para defenderse juntos, lo cual no es simple. A los valones, los políticos del PS dirán que los flamencos son responsables de los nuevos ataques. Siempre dicen que a causa de esos flamencos que votan a la derecha, los socialistas se ven obligados a hacer lo contrario de lo que han dicho… Es verdad que la extrema derecha es menos fuerte en Valonia, pero en realidad es por su dispersión. Un partido con más credibilidad sabría desviar parte del electorado del PTB. En el fondo, los trabajadores de Flandes tienen las mismas preocupaciones y, por tanto, los mismos intereses que los de Valonia.
Sınıf Mücadelesi – Turquía
Hace un año ya no se podía hablar de crisis económica en Turquía, sino de un colapso; este año las cosas no han ido a mejor. Se puede dar algunos datos.
En 2018, el banco central turco aún tenía 28.000 millones de dólares en reserva, y hoy día ya no tiene reserva sino un agujero de 56.000 millones de dólares. La cotización de la libra turca no para de caer. En 2018, hacían falta 5 libras para tener un euro a cambio. Ahora, son 31, o sea que la cotización se ha dividido entre 6. Como resultado, unos precios más caros, y una población que sufre en su día a día las consecuencias de la inflación. El precio de un pan de 200 gramos ha subido de 1,25 libra en 2018 a 8 libras ahora. El precio de un kilo de tomares ha pasado de 4,60 libras en 2018 a 25 libras en noviembre de este año. El conjunto de los precios de alimentación ha subido un 531% en dos años, entre septiembre de 2021 y noviembre de 2023. 27 millones de personas sólo sobreviven gracias a la poca ayuda que reciben por parte de los municipios o y de varias asociaciones de apoyo mutuo. El precio del alquiler ha sido multiplicado por tres, y en algunos casos por cuatro, hasta tal punto que, en la prensa, se pueden leer cada día noticias sobre agresiones entre propietarios e inquilinos, y a veces hay muertos. Otro hecho significativo: a principios de este año, el 73% de los jóvenes, viéndose sin futuro alguno en Turquía, querían marcharse del país, y en noviembre ya eran más del 80 %.
La evolución política
En ese contexto de degradación económica, política y social, la oposición se juntó para las elecciones del pasado mes de mayo. Formaron una Alianza Nacional, compuesta por seis partidos alrededor del CHP, el Partido Republicano del Pueblo, que se presenta como socialdemócrata. Parecía avecinarse el fin del régimen de Erdogan... pero no fue así.
Se entiende al examinar cuál ha sido la política de ese CHP socialdemócrata desde 2015, y la composición de dicha Alianza Nacional. Los cinco partidos que se juntaron con el CHP son todos de derechas, incluso algunos de extrema derecha, partidos reaccionarios sin una base entre la población. Durante la campaña electoral, la alianza no dijo nada ni hizo ningún gesto susceptible de provocar esperanzas o ilusión. Su campaña electoral giraba en torno a eslóganes totalmente vacíos, tipo “mañana todo irá bien”.
Según lo previsto en la última Constitución, Erdogan, que ya había cumplido dos legislaturas no tenía derecho a presentarse otra vez en la elección presidencial. El CHP ni siquiera denunció ante la justicia para impedir su candidatura, con el argumento de que, de todos modos, iba a vencer a Erdogan en las urnas. Por lo que no era necesario insistir en la aplicación de la ley.
El candidato de CHP, Kiliçdaroglu no se atrevió a explicar lo que habría hecho al llegar al poder de verdad. Prefirió orientar su campaña en contra de los inmigrantes, especialmente los sirios.
Otro hecho significativo: a principios de enero, en algunos barrios y produjeron manifestaciones espontáneas contra las subidas de precios. Muy pronto fue el CHP con sus aliados para pararlas, explicando que esas manifestaciones favorecían a Erdogan.
Un ambiente reaccionario
Erdogan y su partido ganaron las elecciones, y en parte se debe al fraude. Ya en las elecciones de 2015, cuando era posible que perdieran, pusieron en circulación varios millones de papeletas no válidas, y así ganaron.
La victoria de Erdogan y su partido no ha cambiado la situación económica catastrófica. Como mucho han cambiado el ministro de Economía, poniendo a uno que en realidad ya fue ministro y que Erdogan tachó de estafador. Para liderar el banco central eligieron a una mujer venida especialmente desde EE.UU., supuestamente una experta en temas financieros. También han realizado trámites con Catar y Arabia Saudí para obtener préstamos, pero hasta la fecha no han tenido mucho éxito. El gobierno también procura ganar dinero con la venta de propiedades estatales. En marzo del año que viene, están previstas elecciones municipales. Toda la vida política se orienta hacia ellas y el gobierno de Erdogan busca aparentar, a pesar de la crisis.
Al mismo tiempo, el gobierno sigue con su política represiva, con las detenciones arbitrarias de militantes de izquierdas, militantes kurdos, o simplemente periodistas que han producido artículos un tanto críticos. Esa situación mantiene un clima de terror entre los militantes e incluso entre una parte de la población.
Para la clase trabajadora, la situación es catastrófica a causa de la inflación desenfrenada y de la crisis. Hay alguna que otra reacción, incluso alguna que otra huelga en fábricas de tamaño intermediario. El descontento se extiende, en particular entre los 150.000 trabajadores metalúrgicos. Por ahora, esperan el resultado de la negociación colectiva para el próximo convenio. Sin embargo, los sindicatos no hacen nada para movilizar a los trabajadores. Recuerdan las luchas del año 2015, cuando fueron desbordados, y prefieren evitar que vuelva a ocurrir.
[1] Videos de las intervenciones en el congreso del Working Class Party disponibles en http://www.workingclassfight.com.
La extrema izquierda, la cuestión palestina, y Hamás
La guerra que se reanudó entre el Estado israelí y los palestinos el pasado 7 de octubre llevó a la extrema izquierda a tomar posición. Este artículo se concentra en las políticas de dos organizaciones que militan en Francia, el Nouveau parti anticapitaliste (NPA) de Philippe Poutou y Olivier Besancenot (cuyo semanal es L’Anticapitaliste)1 y Révolution permanente (RP), cuyo portavoz es Anasse Kazib, y que pertenece a la CRT, la misma corriente de laizquierdadiario.es en España y algunos países de América Latina.
El 7 de octubre, el NPA publicó primero un comunicado que se alegraba de que la “ofensiva” proceda del “lado de la resistencia”: “El NPA recuerda su apoyo a los Palestin@s y a los medios de lucha que han elegido para resistir.” Puede que se sintiera algo incómodo puesto que dichos “medios de lucha” incluían la masacre de centenares de civiles israelíes, o incluso de obreros jornaleros tailandeses, por lo que el NPA matizó su posición dos días después, escribiendo que “el proyecto político e ideológico, la estrategia y los medios de lucha de Hamás” no eran los suyos, que lamentaba “todas las víctimas civiles” y denunciaba “todos los crímenes de guerra”. Sin embargo, en ningún momento el NPA critica la naturaleza de clase, burguesa de Hamás, ni tampoco su política nacionalista y reaccionaria. Desde hace un mes y medio, expresa su solidaridad con Hamás, considerado la dirección del pueblo palestino, sin oponerle una política de clase.
Cabe decir que el NPA casi ya no habla de revolución obrera ni de comunismo. En el plano internacional, la “solidaridad” con los pueblos oprimidos en general, y en particular con quienes se presentan como sus dirigentes, es su regla de conducta. No es el lugar de examinar cómo semejante apoyo, socialmente indiscriminado, lo lleva en la guerra de Ucrania a respaldar el bando de la OTAN, Biden y Macron contra la Rusia de Putin. En Francia, su expresión política ya no se distingue mucho de la de La France insoumise, el partido de Melenchon, al que ha propuesto una campaña común de cara a las elecciones europeas de 2024 – un gesto en continuidad con los acuerdos electorales firmados con ese partido en 2020 y en 2021, y fracasados en 2022.
RP en cambio dice ser trotskista y revolucionaria. Recordemos que el grupo procede de la corriente morenista, y que en Francia se formó en 2021 como escisión del NPA, al que reprochaba su deriva hacia la izquierda institucional. Sobre la cuestión palestina, RP defiende, en realidad, una política similar de apoyo a las organizaciones nacionalistas. Al igual que el NPA, su problema con el Hamás son las “víctimas civiles” del 7 de octubre, o sea una crítica que se hubiera podido dirigir al poder bolchevique en su época. Califica a Hamás de “organización pro capitalista y religiosa”, y hasta explica que su programa de un Estado islamista es “reaccionario”; sin embargo, lo apoya porque apoya a “la resistencia palestina”, también llamada “la resistencia del bando palestino”. En un reciente artículo, RP critica a Lutte ouvriere por “faltar a unos principios de solidaridad básica con las luchas de liberación nacional”, lo cual merece una respuesta.
Los comunistas y la cuestión nacional
En un país imperialista como Francia, los revolucionarios deben afirmar su solidaridad con las víctimas de las grandes potencias, y en particular aquí con el pueblo palestino. Al contrario de lo que escribe RP, Lutte ouvriere no es neutral, ni “equidistante” entre “una organización del movimiento nacional palestino y el Estado de Israel”. No hemos dejado de denunciar la política de los dirigentes israelíes contra los derechos básicos del pueblo palestino, y su terrorismo de Estado, cuya violencia se ejerce en una escala sin comparación posible con la de Hamás y con el beneplácito de las potencias imperialistas, entre las cuales Francia.
Sin embargo, la solidaridad no fundamenta una política marxista. Aunque cada situación sea particular, la cuestión de las luchas nacionales y el nacionalismo no es nueva en el movimiento comunista. En su crítica de nuestra política, RP convoca a Marx, Engels, Lenin y Trotsky, quienes ya no están para zanjar el asunto, pero que dejaron una abundante literatura sobre el tema. En particular Lenin y Trotsky, que hacían frente tanto a la dominación imperialista y a numerosos movimientos de liberación nacional.
En el seno de la Segunda Internacional, Lenin respaldaba el derecho de los polacos y de los judíos víctimas de opresión en la Rusia zarista, pero luchaba contra los nacionalistas burgueses polacos y contra el Bund, que sólo pretendía organizar a trabajadores judíos. Para él, reconocer el derecho de autodeterminación de la nación polaca o de la nación judía o de otra era inseparable de la lucha contra los nacionalistas que decían representarlas2. Durante la Primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburgo y Lenin denunciaban la capitulación de la SFIO francesa, del partido socialdemócrata alemán y por ejemplo del Labour británico, quienes defendían sus imperialismos respectivos en pelea por su cuota en el saqueo colonial. El marxismo de aquellos dirigentes revolucionarios era sin ambigüedad. RP subraya que, en El socialismo y la guerra (1915), Lenin estaba de parte de la victoria de Marruecos contra Francia, de la India contra Inglaterra, de Persia o China contra Rusia. Es verdad. Pero Lenin también defendía la lucha de clase del proletariado de los países colonizados o semicoloniales contra sus clases dirigentes locales y sus representantes, sultán, señor de la guerra, maharajá.
Durante la revolución rusa, el joven poder soviético reconocía el derecho de autodeterminación de los pueblos, pero quería federarlos, en el marco de la transformación revolucionaria de la sociedad, y luchaba de manera implacable por el poder proletario contra los nacionalistas burgueses, ya fuesen ucranianos, polacos o georgianos.
En su segundo congreso, en 1920, la Internacional comunista debatió sobre la cuestión nacional y colonial. Inscribió en su programa la lucha contra el colonialismo y el imperialismo, pero añadió:
“Existen en los países oprimidos dos movimientos que se están separando cada día más: el primero es el movimiento burgués democrático nacionalista, que tiene un programa de independencia política y de orden burgués; el otro es el de los campesinos y los obreros ignorantes y pobres por su emancipación de toda explotación.
El primero procura dirigir al segundo, y a menudo lo consigue en cierta medida. Pero la Internacional comunista y sus partidos afiliados deben combatir esa tendencia y buscar el desarrollo de los sentimientos de ser una clase independiente entre las masas obreras de las colonias.
Una de las mayores tareas para lograrlo es la formación de partidos comunistas que organicen a los obreros y a los campesinos y los lleven a la revolución y a la implementación de la República soviética.” (tesis adicional nº7)
Las mismas tesis insisten en la necesidad de luchar contra “la influencia reaccionaria y medieval del clero”, “el panislamismo, el panasiatismo y demás movimientos similares.” Ese texto, redactado por Lenin, añade: “La Internacional comunista debe apoyar los movimientos revolucionarios en las colonias y en los países atrasados sólo si los elementos de los más puros partidos comunistas – y comunistas de verdad – son agrupados e informados de sus tareas particulares, es decir, su misión de combatir el movimiento burgués democrático.” (tesis 11) Dondequiera que lo pudieran, incluso en la India o en Palestina, los comunistas crearon partidos independientes de los movimientos nacionalistas burgueses.
Durante la revolución china (1925-1927), Lenin había muerto, Trotsky había sido apartado de la dirección de la Internacional, y Stalin, Zinóviev y Bujarin pidieron al joven partido comunista chino que respaldase al partido nacionalista burgués Kuomintang y hasta que se fundiera en él. Ya se sabe qué pasó después: el Kuomintang de Chang Kai-shek se hizo con el poder, masacró a los proletarios y liquidó a los militantes comunistas que lo habían apoyado, para luego ejercer una dictadura feroz durante más de veinte años. Trotsky no se cansó de denunciar esa política de la Internacional, y en el sexto congreso de ésta, en 1928, dio una crítica en regla:
“El problema de la naturaleza y de la política de la burguesía viene determinado por toda la estructura interna de las clases en la nación que lidera la lucha revolucionaria, por la época histórica en la que tiene lugar esa lucha, por el grado de dependencia económica, política y militar que liga a la burguesía indígena con el imperialismo mundial o parte de él, y por fin – lo principal – por el nivel de la actividad de clase del proletariado indígena y el estado de su relación con el movimiento revolucionario internacional. Una revolución democrática o la liberación nacional pueden permitirle a la burguesía ampliar y expandir sus posibilidades de explotación. La intervención autónoma del proletariado en el campo revolucionario amenaza de quitárselas todas.” (La Internacional comunista después de Lenin)
Trotsky nunca cambió de posición. Aún en mayo de 1940, escribió en el Manifiesto de alarma de la IVª Internacional:
“La IVª Internacional no erige una barrera entre países atrasados y avanzados, entre revolución democrática y socialista. Más bien los combina y los subordina a la lucha mundial de los oprimidos contra los opresores. Así como la única fuerza auténticamente revolucionaria de nuestro tiempo es el proletariado internacional, el único programa verdadero para la liquidación de cualquier opresión social o nacional es el de la revolución permanente.”
Más tarde, el Secretariado Unificado de la IVª Internacional renunció a esa política, y le siguió el juego a los movimientos nacionalistas de los países pobres, desde el PC chino a los sandinistas nicaragüeños, y al FNL vietnamita y el FLN argelino, que cada uno en su momento eran presentados como un camino hacia el socialismo.
Hamás y la lucha nacional de los palestinos
Cuando RP critica nuestra consigna “Contra el imperialismo y sus maniobras, contra Netanyahu y Hamás, ¡proletarios de Francia, Palestina, Israel… uníos!”, en realidad la meta de su crítica es la expresión “contra Hamás”. Hamás administra la Franja de Gaza desde 2007. Tras ganar las elecciones de 2006 frente a Fatah, que venía desacreditado por su colaboración con el Estado israelí, lo derrotó en un enfrentamiento sangriento. Hamás, cuyo nombre significa “movimiento de la resistencia islámica”, se impuso pues en el terreno del nacionalismo burgués, pero en su versión religiosa y reaccionaria. Primero intentó encerrar a las mujeres en las tareas domésticas, imponerles el velo o la prohibición de fumar en público, pero tuvo que retroceder ante las resistencias. Además, si un movimiento obrero comunista se desarrolla en Gaza, tendrá que afrontar una represión equiparable con la de los dirigentes iraníes o de Arabia Saudí, dos regímenes que son modelos para una rama palestina de la Hermandad Musulmana como Hamás.
Calificar a Hamás como “la principal organización de la resistencia” palestina es un abuso de lenguaje, por no decir una estafa. Desde hace 17 años, ejerce su dictadura contra los 2,2 millones de habitantes de Gaza. Dirige un pequeño aparato estatal, con una administración, impuestos, una milicia, cárceles, y un aparato represivo. Antes del 7 de octubre, puede que mantuviera cierto prestigio entre los palestinos, puede que no. Hamás no organiza elecciones. Muchas críticas son dirigidas a él: sus cuadros, quienes defienden los privilegios de la burguesía palestina, suelen ser corruptos y vivir mejor que el resto de la población. Varias movilizaciones espontáneas han surgido en los últimos años, mediante las redes sociales, como el movimiento “queremos vivir” en 2019, cuando miles de jóvenes se manifestaron contra los impuestos y la pobreza – antes de que Hamás los reprimiera violentamente. En el marco del enfrentamiento con Israel, Hamás no busca fomentar o apoyarse en un movimiento de masa, y procura ahogar cualquier atisbo de revuelta espontánea. Durante la primavera de 2021, cuando la juventud de los barrios ocupados de Jerusalén, Cisjordania y de los campos de refugiados se levantó, Hamás quiso aprovechar la situación e imponerse como interlocutor inevitable del poder israelí. Al disparar cohetes contra Israel, quiso demostrar que era la única organización combatiente. El Estado de Israel respondió bombardeando Gaza, y el conflicto militar puso fin a la revuelta de la juventud.
Si parte de las masas palestinas confían en Hamás, lo cierto es que Hamás no confía en ellas. Dice RP que se trata “en el plano militar de la principal organización de la resistencia nacional”. En realidad, Hamás actúa y decide fuera del control de la población palestina y de los más pobres. Sus métodos no tienen el objetivo de permitir que los rebeldes tomen consciencia de su fuerza, que se organicen y realicen un aprendizaje político. Hamás ha formado una milicia que los trabajadores no controlan, que tiene su agenda independientemente de los intereses de ellos, y luego les obliga a apoyarla frente a la represión. El ataque del 7 de octubre fue lanzado por la dirección sin control alguno ni discusión, e impuso sus consecuencias a los gazatíes, quienes, desde entonces, las pagan con sus vidas, con los bombardeos y las masacres perpetrados por el ejército israelí.
Los dirigentes de Hamás habían previsto la terrible respuesta de Israel, por supuesto. Y ésta no tiene por qué contrarrestar la estrategia de Hamás, que tiene como objetivo agrupar a los palestinos (incluso los de Cisjordania) en torno a él, y amplia más aún la brecha de sangre creada por el Estado israelí entre ambos pueblos. Tal y como lo explica cínicamente uno de los dirigentes de Hamás, Khalil al-Hayya: “El objetivo de Hamás no es dirigir Gaza ni traerle agua, electricidad o lo que sea.” (New York Times, 8 de noviembre). Los gazatíes son una masa de maniobra para los dirigentes de Hamás, siendo éstos los protegidos del emir de Catar, un régimen cuya cúpula se forra gracias a la explotación feroz de decenas de miles de obreros, en su mayoría inmigrantes. Hamás no cuestiona el capitalismo ni la dominación burguesa, sino que los defiende. Al orientar a su antojo la rebelión de los jóvenes palestinos hacia el caudal del enfrentamiento militar, contribuye, a su manera, al mantenimiento del orden social, y en el fondo, del orden imperialista. Hamás es una enésima variante del nacionalismo burgués, en una versión religiosa, especialmente reaccionaria. Al igual que la OLP impone su ley en Cisjordania, Hamás es un gendarme en Gaza, e impone su ley a la población combatiendo la ley de Israel, pero dentro del marco del orden social actual.
RP nos critica por abogar por la unidad de los trabajadores palestinos y los trabajadores judíos, un deseo que según ellos no tiene en cuenta el “régimen de apartheid que caracteriza Israel” (30 de octubre). En otro artículo, RP defiende sin embargo “la unidad más profunda… también con los trabajadores de Israel dispuestos a romper con el sionismo”3. A ver quién entiende eso…
Existe un apartheid, es cierto, y especialmente para con los gazatíes y los palestinos de Cisjordania; el artículo de 30 de octubre parece que pasa por lo alto los dos millones de palestinos que viven en Israel y suelen trabajar al lado de israelíes judíos, y al lado también de decenas de miles de inmigrados procedentes de otros países. En realidad, RP nos reprocha el fundamentar nuestra política en la clase obrera. RP convoca a Marx, a Engels, Lenin, Trotsky… pero se olvida de su brújula, de su combate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” RP nos critica por sustituir “discretamente la lucha de liberación nacional palestina [por] una lucha de los trabajadores contra las clases dominantes”. Pues no lo hacemos discretamente, sino que lo reivindicamos, mientras que con RP, desaparece la lucha de los trabajadores.
A falta de una política de clase, esa organización defiende el “transcrecimiento de la lucha por la autodeterminación nacional en una revolución obrera”. Formalmente se retoma un término de Lenin y Trotsky, pero en realidad fue utilizado muchas veces por corrientes que se reclamaban del trotskismo para justificar su alineación con direcciones nacionalistas pequeñoburguesas y su renuncia a construir en la clase obrera el partido comunista revolucionario que justamente permitió en 1917 que la revolución democrática burguesa “transcreciera” en revolución socialista.
Si bien los revolucionarios reconocen el derecho de los palestinos a tener su propio Estado, también reconocen a los israelíes, que hoy día de hecho forman una nación que vive en el territorio palestino, el derecho a su existencia nacional. En cambio, cuestionan el Estado de Israel, no sólo porque se trate de un Estado burgués, sino porque se formó en base a la política sionista pro imperialista, negando los derechos de los palestinos, echándolos de sus tierras por cientos de miles, hacinándolos en campos, y, todavía hoy, aplastándolos bajo las bombas. La consigna de “destrucción del Estado de Israel” no puede ser nuestra, sin embargo, porque los nacionalistas que la formulan no hablan, por supuesto, de su destrucción por parte del proletariado revolucionario, sino de su destrucción en beneficio de otro Estado. Dicho sea de paso, los nacionalistas con esa consigna rechazan que los israelíes de ahora tengan derecho a seguir teniendo, bajo una forma u otra, su propia existencia nacional.
Los revolucionarios militamos ante todo porque los trabajadores tomen el poder, integrando su lucha en la del proletariado mundial por derrocar al imperialismo. Frente a la fragmentación actual, fruto de la colonización y sus consecuencias, defienden la idea de una Federación Socialista de los Pueblos de Oriente Medio. Uniría a los pueblos que hoy día viven en Israel, en los Estados vecinos procedentes del ex imperio británico, en Cisjordania, en Gaza, las distintas partes de Jerusalén, y los que viven en el ex imperio francés. Esa clase de problemas se viene planteando a los revolucionarios marxistas desde hace un siglo. La guerra de 1914-1918 enfrentó a inmensos imperios (Francia, Reino Unido, Rusia) y potencias como Alemania, quienes deseaban redibujar el mapa de las fronteras en beneficio propio, no sólo en el reparto colonial de África y Asia, sin o también en Europa. “Para el proletariado europeo, decía Trotsky, no se trata de defender la “patria” nacionalista que es el mayor freno ante el progreso económico. Se trata de crear una patria más grande: las Repúblicas de los Estados Unidos de Europa, primer paso en el camino hacia los Estados Unidos del mundo. Frente al imperialismo sin salida del capitalismo, el proletariado sólo puede emprender una organización socialista. Para resolver los problemas imposibles de solucionar desde el capitalismo, el proletariado debe emplear sus métodos: el gran cambio social.”4
Hoy en día, un partido comunista revolucionario existente entre los palestinos tendrá que tener en cuenta el sentimiento nacional potente de las clases populares, pero integrándolo como sentimiento de rebeldía ante la opresión nacional y la explotación dentro una lucha de clase por la transformación revolucionaria de toda la región. En Palestina igual que en otras partes la clase obrera y las masas pobres tienen intereses propios, que no se ciñen al deseo de una existencia nacional.
Las guerras sucesivas de Israel han diseminado a los palestinos por toda la región, desde Líbano hasta Jordania y Siria… En el pasado, esa situación les dio como un altavoz entre sus hermanos de clase de los países donde estaban, al mismo tiempo que convertía a los distintos regímenes árabes en sus enemigos mortales. Lo demostró la masacre del Septiembre Negro de 1970, cuando el reino de Jordania mató a miles de palestinos refugiados en su país. Todavía hoy las manifestaciones de apoyo al pueblo palestino movilizan a cientos de miles de personas, en Argelia, Túnez, Yemen, Irak… Hasta Arabia Saudí, que negociaba antes de ayer con Israel con el objetivo de reconocerlo, ha tenido que detenerse, aunque sólo sea por un momento, porque teme que la rabia hoy dirigida contra el imperialismo se vuelque contra su régimen feudal aburguesado.
En el fondo, Hamás quiere dirigir un Estado que pueda desempeñar su papel en el concierto de Estados de Oriente Medio, y que no sea sólo un Estado títere y sitiado como es Gaza por ahora. Hamás desea convertirse en el representante de la burguesía palestina y proteger su control sobre las masas palestinas. Los revolucionarios comunistas, por el contrario, aspiramos a que las clases trabajadoras palestinas, árabes, judías etc., arranquen el poder de las manos de la burguesía y ejerzan su propio poder de clase. Allá donde la OLP y Hamás insisten en la unidad del pueblo palestino detrás de su bandera, que por cierto suelen levantar tanto RP como el NPA, los revolucionarios insisten en las contradicciones de clase, en todo lo que enfrenta a los palestinos pobres contra los más ricos, y lo que puede unirlos con los proletarios y masas pobres de toda la región.
Hamás busca un acuerdo con el imperialismo, un reconocimiento por su parte, aunque para lograrlo prometa destruir “la entidad sionista” de Israel. Defiende los intereses de la burguesía y su política está opuesta radicalmente a los intereses de los palestinos oprimidos – cuya revuelta teme. De ellos pues los revolucionarios tenemos que ser solidarios, en su lucha contra el imperialismo. Apoyar a Hamás por oportunismo, confundirlo con la “resistencia legítima” de todo un pueblo, convertir el reconocimiento del sentimiento de opresión nacional de los palestinos en un respaldo a la política nacionalista de una organización religiosa reaccionaria como es Hamás, es renunciar a cualquier política de clase.
18 de noviembre de 2023
1 Nuestros lectores saben que existen dos NPA desde hace un año: el de Philippe Poutou y Olivier Besancenot, que publica el semanal L’Anticapitaliste y de cuya política hablamos en este artículo, y otro, el que publica el mensual Révolutionnaires, del que no vamos a hablar aquí.
2 Véase, por ejemplo, Lenin, « Tesis sobre la cuestión nacional”, 1913
3 Philippe Alcoy, “¿Apoyar a la resistencia palestina, significa apoyar la estrategia y los métodos de Hamás?”, Révolution permanente, 11 de octubre de 2023.
4 León Trotsky, “La guerra y la Internacional”, el 31 de octubre de 1914.